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3 escenarios para la diversidad

Elijo ser Chiki para hablar recio a los poderosos. También, porque soy chik. Soy una cuarentona sexy que tiene barba. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|

En estos días me encontré en Bogotá con una explosión de obras teatrales que muestran otras perspectivas de las diferentes orientaciones sexuales e identidades de género.

Obras de teatro lgbt
Escena de la obra “Esa pendejada que llaman amor”, dirigida por Cristhian Ávila. Foto: Teatro Errante.

Aprovecho mi retorno al blog para echar a rodar algunas líneas acerca de lo que vi y oí y sobre todo de las sensaciones que experimenté en tres montajes teatrales: “Yo no me llamo Freddie Mercury”, “Esa pendejada que llaman amor” y “Espejismos del Ano”.

Dos de las obras fueron presentadas por los días de la “semana santa” en el Espacio Odeón como parte del programa Pliegues y despliegues de las artes vivas .

Rockeando

La inauguración fue el martes 31 de marzo y el show central estaba a cargo de Camilo Colmenares con su obra “Yo no me llamo Freddie Mercury”.

Según la página web del evento, es una “pieza unipersonal musical basada en el repertorio de la banda Queen y la vida de Freddie Mercury, que enlazada en un ejercicio de introspección, se inspira en el trabajo de artes vivas realizado por Camilo Colmenares tras su paso por el colectivo La Resistencia con el montaje ‘Los Chicos Lindos También Lloran’. Un espectáculo en donde no hay nada más entretenido que la verdad”.

La presentación fue muy emotiva. Camilo canta con virtuosismo sus covers de Freddie y, por momentos parece estar poseído por la Reina (The Queen).

Entre canción y canción habla de su vida: narra episodios intensos relacionados con la salida del clóset; el hostigamiento infligido por ser gay; la infección por VIH; el cuerpo y las relaciones sexuales, emocionales, personales… Ese cuerpo estaba allí presente y animaba con su música y su historia al público de la velada.

Para mí fue emocionante por lo genuino de su testimonio. Un testigo que nos narra sus propias luchas internas. Al final de la presentación, me metí con el artista a su camerino y traté de desnudarle…

De desnudarle el alma en ese momento intenso: “este show es una sanación del pánico del mundo…” dice Camilo.

Mi sensación: Es un poco cruda la forma de presentación de “Yo no me llamo Freddie Mercury”. Con esto quiero decir que, a mi modo de ver, le falta un poco de cocción, de cocina, de condimento.

Por momentos, cuando hay humor y cuando hay canción, se torna muy envolvente e interesante. Pero ese relato directo, de viva voz, puede hacer caer en la monotonía.

Sin embargo debo resaltar, de nuevo, que el testimonio es valiente y el relato por momentos llega al corazón. La valentía la siento en contar a la gente justo aquello que no está acostumbrada a oír. Pero falta el relleno emocional. Algo que mantenga la energía y la atención. Creo que faltaba más espectacularidad.

La pendejada

En este mismo evento, fui espectadora de una obra de teatro con un título bastante sugerente: “Esa pendejada que llaman amor”, dirigida por Cristhian Ávila y coproducida por Teatro Errante y la Fundación Transgredir la Indiferencia.

En este montaje un hombre y una mujer trans, Johann Triviño y Bárbara Sánchez cuentan la historia de sus vidas, de sus amores y sus desamores y las condimentan con situaciones de lo cotidiano y de lo no cotidiano, como una conversación en una barbería, y también con algunas canciones en vivo.

El relato es lineal y se va desarrollando por caminos conocidos y predecibles: la burla de las personas por su identidad; los momentos felices y tristes del amor, las ciudades, la agresión, los cambios e intervenciones corporales. Sin embargo, parece que para una parte del público no es tan obvia esta línea argumental.

En una reunión con el director y el elenco, pregunté por mis dudas acerca de estos intentos de visibilizar a las personas transgénero. Porque para mí la forma de la obra lo que hace es exponerlas en varios sentidos:

  • Exposición de personas que están en desventaja, que han sido marginadas en esta sociedad.
  • Exposición de cuerpos transformados, intervenidos.
  • Exposición a la mirada curiosa de quienes no comprenden los tránsitos de la identidad.

Este tipo de exposición es celebrada por muchos activistas. Sin embargo, yo me lleno de dudas porque me da temor que por hacer visible, se pierda lo poético. Por enfatizar en el género o la orientación, se empobrece lo teatral. No surge la magia del teatro.

De nuevo, debo reconocer que es importante que la gente vea estos cuerpos, que oiga las historias que los han llevado a lo que son ahora.

Pero me queda rondando en la mente mi pregunta por el alto nivel de exposición. Por ejemplo, en esta función, había una actriz y un músico que acompañan el relato, pero no se exponen. Y hay un público que no se expone tampoco. Así, los cuerpos que han transitado, están alejados de los demás.

El ano parla

La tercera pieza la vi por la amable invitación de Mujeres al Borde para el reestreno de “Espejismos del ano”.

Fue una experiencia muy agradable asistir a este espectáculo lleno de fino humor y de críticas ácidas a los prejuicios. En especial a los prejuicios que tienen quienes se consideran parte de la población LGBT.

Obra de teatro de Mujeres al borde
Escena de “Espejismos del ano”. Foto: Mujeres Al Borde.

Este es un gran acierto de los espejismos. Otro: hablar del ano. Poner al ano a hablar. Dejarnos con interrogantes acerca del sexo y del propio ano.

Pero, de nuevo, la aguafiestas que vive en mí considera que el relato y el lenguaje aparecen demasiado directos, ejemplarizantes y, ¡qué paradoja!, moralizantes.

Algunos de los diferentes cuadros no sólo son alusiones directas al problema de la sexualidad y los prejuicios, sino que cierran el discurso y nos tratan de decir cómo comportarnos.

Llegada a este punto, me da un poco de pudor con mis amigas y amigos que me han invitado a ver sus espectáculos. Dirán: ¿Y esta desde cuándo es crítica de teatro?

Es un atrevimiento, lo sé. Pero mi intención es aportar a la visión de sus propias piezas. Yo no digo que les cambien nada. Volveré a verles cuando se presenten porque valoro lo que hacen.

Simplemente dejo la pregunta: ¿Cómo se puede poetizar más este activismo artístico? Y reitero mis aplausos.

Anales

“Uno está tan expuesto a la crítica como a la gripe”
Friedrich Dürrenmatt

“La crítica es la fuerza del impotente”
Alphonse de Lamartine

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