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8 respuestas para un periodismo incluyente  

Género, diversidad sexual y cambio social.

Los temas de inclusión e igualdad LGBT son cada vez más relevantes y tienen mayor espacio en los medios de comunicación. Sin embargo, aún falta mucho para que sean abordados sin sensacionalismo. Acá, una ayuda para lograrlo.

Cómo lograr un periodismo más incluyente con las personas LGBT1. ¿Es correcto hablar de “comunidad LGBT”?

Algunas personas hablan de “sectores sociales LGBT”, otras de “personas LGBT”, unas más de “personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas” y, una gran mayoría, de “comunidad LGBT”.

Incluso, buena parte de los medios de comunicación suelen decir que una determinada persona “pertenece a la comunidad LGBT” o es “miembro de esta comunidad”, como si se tratara de un club, una congregación religiosa o un conjunto residencial.

La Real Academia Española define la palabra “comunidad” como el conjunto de quienes viven juntos bajo ciertas reglas, como sucede en un convento. Esto significa que las personas lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT) están lejos de ser una comunidad.

Finalmente, no comparten nada más que una orientación sexual y, en algunos casos, una identidad de género. Viven en diferentes ciudades y sectores, pertenecen a distintos estratos socioeconómicos, cada quien profesa una religión –si la tiene–, son de diferentes razas, edades y nacionalidades, entre otras muchas diferencias.

Hablar de “comunidad LGBT” se presta para que se confunda orientación sexual con identidad de género, cuando lo uno no tiene nada que ver con lo otro.

Se ha tendido a asumir la sigla “LGBT” como si fuera una microsociedad. Decir que estas personas son una comunidad es una ficción inventada a partir de la categoría “LGBT”.

Es un hecho que no comparten referentes culturales, políticos ni económicos. Son seres independientes, cada uno con su propio contexto y particularidades, que eventualmente pueden compartir situaciones de discriminación y una falta de protección legal debido a su orientación sexual o identidad de género. (Ver: ¿Vale la pena mantener la sigla LGBT?).

No habría problema en que los medios de comunicación hablaran de “comunidad LGBT” de no ser porque, en la práctica, este concepto no existe. También, porque refuerza la equívoca idea de ser un grupo homogéneo que piensa, siente y se comporta de igual manera.

Y esa idea de homogeneidad que en la vida real no existe, se presta para que se llegue a extremos como hablar de “un lobby LGBT” o de “una dictadura homosexual”.

2. ¿Las personas trans son homosexuales?

La identidad de género es independiente de la orientación sexual. Muchas personas confunden ser trans con ser homosexual cuando lo uno no tiene nada que ver con lo otro.
(Ver: ¿Cis qué?).

La identidad de género se refiere a quién se es o a la percepción que una persona tiene de sí misma en cuanto a sentirse hombre, mujer o en el medio (no hombre ni mujer). La orientación sexual, a las preferencias sexuales y afectivas.
(Ver: Ser un muppet: ni hombre ni mujer).

Esto significa que independiente de la identidad de género, una persona puede ser heterosexual, bisexual, lesbiana o gay. Es decir, así como un hombre y una mujer cisgénero pueden ser homosexuales o bisexuales, una persona trans también puede serlo. Todo depende de quiénes le atraigan. (Ver: “¿cómo es tu nombre real?” y otras preguntas impertinentes).

Finalmente, hacer un tránsito de género -pasar de hombre a mujer o viceversa- es la manera de responder a una vivencia interna de quién es uno y la atracción sexual y afectiva se refiere a las personas por las que se siente atracción. (Ver: Diferentes formas de ser trans).

3. ¿En un artículo sobre personas trans debo referirme en masculino o femenino?

En ocasiones, las personas utilizan la expresión “hombre trans” para referirse a quienes hicieron un tránsito de hombre a mujer. Sin embargo, una persona que ha pasado de hombre a mujer, es una “mujer trans”: su identidad es femenina y el trato por tanto debe ser en femenino, con el pronombre “ella” y por el nombre que eligió. (Ver: “Una mujer más, eso es todo lo que quiero ser”). 

Por el contrario, si el tránsito es de mujer a hombre, se llama “hombre trans” y hay que dirigirse a esa persona en masculino, con el pronombre “él” y por su nuevo nombre. Su identidad es masculina. (Ver: Lo dramático del activismo trans).

En ambos casos hay que olvidarse de preguntarles “cuál es su verdadero nombre”, refiriéndose al que fueron registrados. No. El nombre real no es aquel que le pusieron los papás sino el que estas personas eligieron al hacer su tránsito de género.

4. ¿Cómo hago para saber si una persona se identifica como trans?

Si esta precisión es realmente necesaria de incluir –muchas veces no lo es– en el artículo o contenido periodístico que se está preparando, lo más sensato es preguntarle a la persona cómo se identifica, quien probablemente apreciará la pregunta.

Si por alguna razón es imposible hacerlo, una alternativa es informarse sobre el uso de términos referentes a identidades de género trans y procurar usar los más neutrales. (Ver: Travesti, transexual, transgénero… Algunas definiciones útiles).

5. ¿Cuál es el material gráfico más acertado para acompañar notas y contenidos periodísticos LGBT?

La mayoría de medios de comunicación ha optado por acompañar las noticias relacionadas con temas LGBT con las mismas fotos: marchas del orgullo, activistas gritando o dándose un beso rodeados de una bandera de arcoíris, un ponqué con dos novios o dos novias o unas manos entrelazadas con una bandera de arcoíris de fondo. (Ver: Lo que le falta al periodismo para ser más “LGBT friendly”).

Esto no significa que estas imágenes no puedan usarse. El problema es que se convirtieron en una fórmula, un cliché o en la única alternativa a utilizar. Rara vez estas notas se apoyan con ilustraciones o con fotos similares a las que los periodistas suelen utilizar para acompañar las relacionadas con personas heterosexuales: realizando cualquier actividad cotidiana. (Ver: El día en que la televisión colombiana salga del clóset).

Las cámaras suelen enfocarse en lo que consideran más espectacular y los medios presentan ese material como si representara a todas las personas LGBT.

Al no variar las imágenes, se sigue reforzando la idea de que todas las personas LGBT están de manera permanente asumiendo un único rol, el de activistas, cuando en realidad la mayoría de ellas viven su cotidianidad como cualquier otra persona, más allá de que algunas asistan a marchas o plantones.

Quienes tienen como único referente de lo LGBT lo que ven en medios de comunicación, pueden creer que estas personas están todo el tiempo en fiestas, marchas y puestas en escena, lo que reduce lo amplia que es su realidad: seres comunes y corrientes con horarios de trabajo, obligaciones académicas y vida personal y familiar. (Ver: ¡Victoria! El estilo de vida homosexual sale del clóset).

6. En los artículos o contenidos que incluyan personas LGBT, ¿debo mencionar su orientación sexual o identidad de género?

Todas las personas tienen una orientación sexual y una identidad de género. Es equívoco creer que cuando se habla de estos temas solamente se refiere a lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT).

“La orientación sexual no se ve. Algunas personas pueden presumir que alguien es homosexual, pero esa es una hipótesis, no una certeza”, María Mercedes Gómez, docente e investigadora.

En casos donde la noticia no está relacionada con la orientación sexual o con la identidad de género de los protagonistas, no es necesario mencionarlas. Por ejemplo, cuando un hombre es detenido por asaltar a otro, poco importa que sea homosexual, lo que descartaría titulares como “hombre gay es detenido en asalto”.

En este caso, la orientación sexual no es relevante y lo que sí genera es un estereotipo y una falsa generalización de que los gais son delincuentes. Muchas veces se incluye la orientación sexual homosexual y bisexual y las identidades de género trans de manera innecesaria en contextos negativos.

7. ¿Por qué no se puede hablar de “crimen pasional” cuando un hombre mata a su novia o esposa por celos o cuando un hombre asesina a su pareja del mismo sexo?

No es correcto referirse a estos actos como “crímenes pasionales” porque es una manera de desestimar y hasta de justificar lo sucedido. Al llamar así a los casos en que hombres asesinan a sus parejas o exmujeres, se le resta gravedad a actos de violencia contra las mujeres y a ejemplos claros de subordinación a un orden masculino. (Ver: Lo que hay detrás de un “crimen pasional”).

Según María Mercedes Gómez, docente e investigadora, la expresión “crimen pasional” pareciera decir que el agresor fue provocado, lo que llevó a que perdiera la cabeza y a que entrara en un estado de ira e intenso dolor en medio del cual cometió el delito.

Por tanto, el agresor no representa ningún peligro para la sociedad y lo que le sucedió fue “algo temporal”, siempre y cuando no vuelva a ser “provocado” por otra mujer. En otras palabras, la agresión se justifica. (Ver: Cuando el amor se confunde con posesión).

En el caso de las parejas del mismo sexo, muchas veces las autoridades y los periodistas se apresuran a calificar estas muertes como “crímenes pasionales”. Es una manera de decir “se lo buscaron” y de responsabilizar a la víctima por lo sucedido.

El mensaje que se recibe es que por no tener relaciones heterosexuales, las personas homosexuales terminan mal. De esta manera, el tema no es buscar y sancionar a un culpable sino cuestionar el comportamiento de la víctima.

8. ¿Puedo hablar de “gustos”, “tendencias” o “condición” para referirme a las personas LGBT?

No es aconsejable utilizar estas expresiones para referirse a la orientación sexual de las personas lesbianas, gais y bisexuales o a la identidad de género de las personas trans. La manera correcta de referirse a estos temas es hablando de orientación sexual e identidad de género.

De lo contrario, el mensaje que se envía es que es algo especial o raro y no unas de las tantas posibilidades propias del espectro de la sexualidad humana. Finalmente, nunca se habla de “gusto”, “tendencia” o “condición” a la hora de referirse a la heterosexualidad.

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Este especial fue posible gracias al apoyo de la Fundación Friedrich Ebert: 

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