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¿Abanderados de la doble moral?

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Valdría la pena que quienes de día abogan por la inclusión y de noche censuran a quienes no cumplen con cierta estética, pensaran sobre la diversidad a la que quieren llegar.

cómo ser un gay atractivo
Reinterpretación del David de Miguel Ángel. d.umn.edu

Jorge es un diseñador gráfico que tiene poco más de 50 años. Desde hace varios años lo conozco y sé que sus relaciones amorosas no superan el mes y, los protagonistas de las mismas, los 20 años.

Un día le pregunté si alguna vez había contemplado la posibilidad de ir a un bar gay para conocer a alguien. Digamos un despechado que pasó por allá para tomarse algo.

Su respuesta fue: “yo a un sitio de esos no vuelvo ni loco”. Me contó que la única vez que lo había hecho recibió comentarios displicentes por parte de hombres que no conocía, por el simple hecho de no tener un diseño de sonrisa, no ir al BodyTech ni hacer 1000 abdominales diarias.

Esta historia me hizo acordar de una lesbiana a la que le negaron la entrada a un bar, con bandera de arco iris en la entrada, porque no cumplía con los estereotipos estéticos esperados en sus clientes.

Aunque la excusa no fue esa sino que había una fiesta privada, ella supo por otras fuentes que la verdadera razón era que el lugar era reconocido por ser frecuentado por ese tipo de hombres que disfrutan bailar sin camiseta para dejar al descubierto sus horas de gimnasio.

También recordé el caso de Samuel. Él, quien sí tiene un diseño de sonrisa en el que infortunadamente al odontólogo se le fue la mano en la longitud de los dos dientes frontales, alguna vez dijo que era muy difícil que su amigo Gabriel tuviera novio porque “el pobrecito era muy feíto”. ¿Y a qué se refería con esto? A que  su amigo disfrutaba más con otras actividades que con hacer lo que fuera para mantener un cuerpo perfecto.

Lo indignante de esta historia es que Samuel, quien también se burla de las lesbianas ‘machorras’, es de los que anualmente acude a la marcha del orgullo gay luciendo camisetas en favor de la igualdad y gritando consignas en pro de la tolerancia y la no discriminación.

De día sí y de noche no

El asunto es que algunas veces quienes de día abogan por la diversidad y la inclusión, por la noche no tienen problema en mirar con recelo a los homosexuales que no les interesa trabajar su cuerpo. ¿Será que en su concepto de diversidad no encajan los hombres comunes y corrientes, que no van al gimnasio o que le huyen a esos diseños de sonrisa?

Todo esto me hizo acordar de una conversación que alguna vez tuve con un reconocido activista. Él me contó que en los cientos de chats en los que a diario se dan cita miles de homosexuales, la gran mayoría se define como: “activo, cero botaplumas y muy masculino”.

Me contaba, molesto, que la sensación que tenía era que quienes no cumplían con estos requisitos no eran muy bien vistos allí.

También me comentaba que le daba mucha rabia que fueran los mismos gays -muchos de los cuales lamentaban la discriminación de la que a diario eran víctimas- quienes censuraban a aquellos afeminados o pasivos. Le incomodaba que fueran algunos de estos “abanderados de la igualdad” los mismos que pregonaban la que debería ser la estética homosexual.

En ese momento me resultó inevitable no acordarme de aquellos que tienen como plan tomarse fotos frente al espejo del baño en ropa interior para después publicarlas en Facebook y recibir comentarios como “uyyy, quién pidió pollo”, “estás delicioso” y demás. Bombardean una y otra vez las redes sociales con fotos de ellos o de famosos con poca ropa.

es decisión de cada uno si quiere vivir por y para su cuerpo, si cree que su mayor valor es su abdomen y el volumen de sus glúteos.

También es decisión de cada persona dedicarse a compartir fotos de hombres en calzoncillos o poner en su Facebook comentarios como: “me lo quiero comer yaaaa”. La pregunta es por qué discriminar a quienes son más que eso, a quienes creen que ser homosexual no tiene que relacionarse necesariamente con un abdomen marcado, ni con ser “muy masculino”.

Un ejercicio interesante sería que aquellos que abogan por la diversidad, la inclusión y la tolerancia de la población LGBTI y a la vez censuran a quienes no cumplen con ciertos requisitos de belleza reflexionaran si ellos ya aplican lo que pregonan… Y con sus propios pares.

  • Juan

    Tienes mucha razón, este tipo de rechazo se ve todos los días, y yo también lo he sentido. El principal problema que veo, es que las personas de apariencia de modelo hacen el siguiente razonamiento: “Si yo me mato horas en el gimnasio y hago muchos sacrificios en la comida, para poder ser aceptado en el grupo, por qué alguien que no hace ningún esfuerzo por su apariencia, merecería ser aceptado?”. Algo muy válido, pero deja entrever un problemas de inseguridad, autoestima, y no falta el papel de los medios y su belleza perfecta.

    De todas formas veo que el ambiente está cambiando, los avances en legislación han permitido la aparición de nuevos espacios de integración para la comunidad, no sólo bares y discotecas, espacios donde las personas promedio se pueden conocer con otras personas promedio, y esto permite que el tener un cuerpo de gimnasio sea opcional o resultado de una vida saludable, y no en una regla para encajar. Gratamente he conocido muchas parejas (tanto de gays, como de lesbianas) en donde la relación no se basa en estereotipos de belleza, sino en el amor y el compañerismo. Y es que una relación sentimental muy difícilmente se puede sustentar sólo en unos abdominales bonitos.

  • Miguel

    Muy cierto, pero es inevitable ver un cierto dejo de resentimiento cuando dice en el penúltimo párrafo “La pregunta es por qué discriminar a quienes son más que eso.” ¿Acaso no hace parte de la diversidad de la propia elección personal querer cultivar el cuerpo? o peor aún, ¿es que tener un buen cuerpo es excluyente de cultivar otras areas humanas a la par?