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Aceptar a los hijos LGBT

Género, diversidad sexual y cambio social.

No siempre es fácil aceptar que un hijo sea LGBTI. Sin embargo, existen algunas estrategias para que los padres sepan que sus hijos siguen siendo los mismos que aman.

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A muchos papás les cuesta entender que sus hijos siguen siendo los mismos de siempre, solo que con una orientación sexual distinta a la mayoritaria o con una identidad de género diferente a la esperada por la sociedad. Foto: See-ming Lee con Creative Commons.

Parte de la dificultad que algunas personas LGBTI tienen para aceptar su orientación sexual o identidad de género radica en el rechazo que, en ocasiones, reciben por parte de sus padres.

El motivo que muchas veces lleva a estos últimos a actuar de esta manera es comprobar que sus hijos no son lo que imaginaban. Les duele que se alejen del “deber ser” y que no cumplan con las expectativas sociales.

Cuando un hijo le revela a sus padres que no es heterosexual o que su identidad de género no corresponde con su sexo de nacimiento, ellos normalmente pasan por una serie de fases: choque, dolor, negación, sentimientos de culpa y pérdida y, finalmente, aceptación.

muchas veces se quedan estancados en la negación porque como es un hecho que les causa dolor, lo borran de su vida.

Según José Toro-Alfonso, Ph.D en psicología clínica, docente e investigador del departamento de psicología de la Universidad de Puerto Rico y presidente de la Sociedad Interamericana de Psicología, cuando se enteran de que su hijo no es heterosexual, algunos padres sienten desilusión porque lo ven distinto a lo que quisieran. Construyeron una imagen de él que no se ajusta a la realidad.

Les cuesta entender que sus hijos siguen siendo los mismos de siempre solo que con una orientación sexual distinta a la mayoritaria o con una identidad de género diferente a la esperada por la sociedad. “Es la misma persona que ellos amaban ayer, con la única diferencia de que hoy tienen una nueva información de ella”, explica Toro-Alfonso.

El momento en que un hijo sale del clóset con sus padres es justamente cuando más requiere de su apoyo y comprensión. Quiere contar con su respaldo para no vivir su orientación sexual o identidad de género como un problema, algo vergonzoso o que debe mantenerse oculto.

Es una fase

También es importante que los padres eviten caer en la trampa de que “esta es una fase de la vida que en poco tiempo superará” o “lo voy a llevar a algún psicólogo para que lo cure”. No es posible cambiar la orientación sexual o la identidad de género de una persona ni hay justificación para hacerlo. Tampoco existen terapias médicas para tal fin.

“Muchos de esos modelos de ‘curación’ tienen una base religiosa y no un sustento teórico que demuestre que ese cambio puede ser posible. Por el contrario, las investigaciones han comprobado que esas iniciativas son desastrosas para el estado emocional y la salud mental de estas personas”, agrega Toro-Alfonso.

En ocasiones, los padres aceptan a sus hijos bajo la advertencia de que “a las reuniones familiares vas solo” o “de ese tema no se habla”. Tratan de fingir que todo sigue como ellos quisieran y se alistan para responder a la tradicional pregunta de: “¿y tu hijo anda de novio?” con un “no, está dedicado al trabajo”.

si entre los propósitos de este año está lograr que los papás conozcan más del tema LGBTI y logren superar sus prejuicios, hay algunas tareas por hacer.

Es importante que los padres abandonen el sentimiento de culpa. Finalmente, ¿culpa de qué? “Ellos sienten que su obligación es formar personas homogéneas, pero el mundo es diverso y cada hijo tiene sus propias particularidades”, explica Gloria Careaga, docente de la facultad de psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Cosecretaria General de la Asociación Internacional para Gays y Lesbianas (ILGA).

En segundo lugar, deben tener presente que sus hijos, como el resto de personas, tienen derecho a desarrollar su propia individualidad y personalidad.

Folletos casuales

El caso de los padres que aunque tienen miedo de acercarse al tema, no manifiestan un rechazo explícito, puede ser aprovechado por los hijos LGBTI para dejarles en la mesa de noche información sobre este asunto. Puede ser, por ejemplo, un folleto con las asociaciones que apoyan a los padres al respecto.

Otra alternativa es recomendar durante la comida una página web. “No se trata de exigirles que la visiten o que lean la información sino simplemente dejarlo a la vista o mencionarlo para que cuando ellos quieran lo hagan”, completa Careaga.

Lo mejor es apostarle a un proceso tranquilo y evitar convertir el tema en un campo de batalla. No centrarse en quién gana o tiene la razón o en convencer al otro de lo que uno piensa, sino de acompañarse mutuamente en esta etapa de la vida.

Con los padres que manifiestan un rechazo explícito, es aconsejable la intervención de otros familiares o amigos para que faciliten el acercamiento. En estos casos generalmente si la persona LGBTI intenta hacerlo sola el conflicto aumenta. Es mejor acudir al apoyo de terceros cercanos.

Si a pesar de la ayuda, no hay encuentro posible, lo mejor es que la persona LGBTI siga adelante. Lo aconsejable es que mantenga una relación tranquila con sus padres sin pretender obligarlos a cambiar su forma de pensar cuando le han manifestado claramente su postura frente al tema.

Según Carolina Herrera y Simón Torres, psicólogos clínicos de Liberarte Asesoría Psicológica, en la vida adulta no es necesario contar con la aprobación total de los padres en todo lo que se haga y, mucho menos, en lo que tiene que ver con la pareja o la orientación sexual.

En la práctica es frecuente que los padres no estén de acuerdo con sus hijos en muchos temas y que, a pesar de esto, mantengan una relación cercana. “Habría que anclar el vínculo en las semejanzas y en los acuerdos más que en las diferencias, sin pretender eliminarlas”, señalan Herrera y Torres.

La vida continúa

Para un hijo es importante contar con el amor de sus padres pero para avanzar en su vida no necesitan de su total consentimiento. “La persona tendrá que ganar autonomía emocional para seguir adelante aún sabiendo que sus papás no están de acuerdo en algunos temas”, agregan Herrera y Torres.

Los padres no son dueños de la vida de sus hijos y en la medida en que respeten su independencia, fomentarán personas estables y saludables emocionalmente.

Por supuesto, mucho mejor si logran abrir canales de comunicación no solamente en este tema sino en todos los posibles. Si los padres aceptan a sus hijos como son, lo más probable es que ellos no tomen distancia de su familia y vivan menos experiencias riesgosas que cuando son obligados a vivir por fuera de la casa en un momento que no les corresponde.

El hecho de tener un hijo LGBTI tampoco significa que él podrá hacer “lo que le dé la gana”. Por el contrario, seguirá rigiéndose por las normas familiares según la etapa de desarrollo en la que esté. Las reglas son para todos independientemente de la orientación sexual o la identidad de género que se tenga.

Vale la pena que los padres de familia se pregunten cuál es el problema con tener un hijo homosexual o trans ¿quién dice que lo correcto es que sean de una u otra manera? Lo importante es que sean felices como son, sin engaños y que puedan cumplir con su proyecto de vida.

A pesar de que en el mundo hay millones de personas LGBTI, los padres deben saber que como sus hijos no hay dos y que ahí, precisamente, radica el encanto de cada ser humano.

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Propósito # 2: aceptarse.
Propósito # 3: abandonar la homofobia.