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Andrés Gioeni, el primer exsacerdote católico casado con otro hombre

Género, diversidad sexual y cambio social.

Exsacerdote católico, casado con otro hombre, toma de cada religión lo que más le gusta. Es un defensor de que homosexualidad y cristianismo pueden ir de la mano. Sexta y última entrega del especial de Sentiido sobre diversidad sexual y búsqueda interior.

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Andrés y Luis el día de su matrimonio civil en Argentina.

Es el primer exsacerdote católico casado con otro hombre. Lo hizo el 7 de marzo de 2014 en Argentina, país en el que nació hace 42 años y uno de los 16 en donde las personas homosexuales pueden optar por el matrimonio civil. Después de 10 años de convivencia, Andrés y Luis decidieron casarse.

“Nos queremos, nos cuidamos y nos respetamos. Cada día que amanece, nos seguimos eligiendo y el matrimonio es una celebración de estos 10 años de amor y de los que vienen”, afirma Andrés Gioeni.

Hasta 2001, Andrés fue sacerdote católico en Mendoza, ciudad en la que nació y creció y donde aún vive parte de su familia. Su vocación religiosa despertó cuando ayudaba en La Favorita, un barrio de escasos recursos.

Cada vez que iba los vecinos le decían a él y a los demás jóvenes con los que asistía, que les gustaría contar con mayor presencia de un sacerdote católico. Andrés les transmitía el mensaje a los superiores, pero ninguno le prestaba atención: les parecía que por el número de habitantes, no se justificaba contemplar esta idea.

Ante la insistencia, Andrés y los demás jóvenes se entrevistaron con el obispo de Mendoza. “Le dijimos que necesitábamos un sacerdote para La Favorita y él nos respondió que no tenía un baúl de donde sacarlos”, recuerda Andrés.

Fue entonces cuando el obispo formuló la pregunta determinante: “¿y entre ustedes, los jóvenes, no hay ninguno con vocación?” Al poco tiempo, Andrés empezó un acompañamiento vocacional. Posteriormente ingresó al seminario donde estuvo ocho años y después pasó uno más en una parroquia.

En 1999 se ordenó como diácono y a principios de 2000, como sacerdote. Ejerció esta vocación durante dos años y medio hasta que tomó la decisión de retirarse. Aunque se sentía feliz dando clases y preparando homilías y misiones, de repente empezó a sentir un vacío interior, que algo le faltaba. “A pesar de que disfrutaba lo que hacía, no terminaba de llenarme”. El tiempo pasó hasta que un día la respuesta fue clara: era homosexual.

“Tomar la decisión de retirarme del sacerdocio fue una experiencia traumática. Por más de que me daba cuenta de lo que sucedía, no quería sentir que dejaba el ministerio por mi orientación sexual”. Así que les dijo al obispo y a su familia que se iba porque necesitaba aclarar sus ideas.

Sin embargo, esa no era la primera vez que Andrés tenía dudas sobre su sexualidad: a los 12 años ya le había dicho a su mamá que creía que le gustaban los hombres.

No puede ser

Ella se preocupó, habló con un sacerdote ortodoxo y le sugirió a Andrés que tuviera un acompañamiento psicológico. Con el tiempo, el “impase” pareció quedar atrás. “Durante mi juventud borré el tema por completo porque tuve una novia con quien la pasaba bien”.

Hoy, sin embargo, reconoce que muchos hombres ingresan al seminario para negar u ocultar su homosexualidad. “Yo también creo que lo hice de manera inconsciente. Tenía 18 años y pensaba que me iba a ser fácil vivir el celibato porque no sentía mucha atracción sexual por mi novia”.

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Después de dejar el sacerdocio, uno de los primeros trabajos que Andrés consiguió fue como modelo. Foto: archivo particular.

Ahora Andrés está convencido de que la Iglesia Católica debe dejar a un lado el requisito del voto de castidad para ser sacerdote.

“El celibato no puede ser obligatorio sino opcional. Muchas personas podrían vivir su ministerio sacerdotal, estando en pareja y acompañadas de su familia”.

Hace 12 años, cuando tenía 30 años y ya estaba en calidad de exsacerdote, Andrés dejó Mendoza para irse a vivir a Buenos Aires.

“Al principio fue difícil. Yo convivía con el peso de una doctrina que me había inculcado la iglesia y que me impedía ser feliz”.

Su autoestima estaba por el piso y se sentía mal cuando alguien lo miraba a los ojos porque creía que podía ver su interior.

Pensaba que estaba traicionando a la iglesia, a Dios, a su familia y a sí mismo. “Por suerte, la gente que fui conociendo me abrió los ojos y el corazón, hasta darme cuenta que ser homosexual no es malo ni nada del otro mundo”.

El proceso, sin embargo, fue caótico. Pero cuando empezó a entender que seguía siendo un ser humano como cualquier otro, solamente que con una preferencia sexual y afectiva por personas de su mismo sexo, lo fue aceptando con agradecimiento.

Una vez instalado en Buenos Aires, la pregunta que le surgió fue: “¿y ahora qué voy a hacer, de qué voy a vivir?” La única formación que tenía era sacerdotal y con esta podía desempeñarse como profesor de filosofía y teología, pero ese no era el camino a seguir si realmente quería empezar una nueva vida.

Decidió entonces retomar su vocación artística. Antes de ser sacerdote, Andrés hacía teatro, así que volvió a las clases de actuación. “En el seminario yo era el encargado de organizar las noches culturales, las presentaciones y todo lo que tuviera que ver con arte”.

Uno de los primeros trabajos que consiguió fue como modelo de una tienda de ropa. Tenía que desfilar ropa interior y trajes de baño. Un día en un evento, los directivos de una revista, sin conocer nada de su pasado religioso, le pidieron que posara para su publicación.

El exsacerdote modelo

“Yo les dije que sí pensando ingenuamente que esas fotos iban a pasar desapercibidas”. Pero cuando la edición llegó a Mendoza fueron ampliamente comentadas y difundidas. Finalmente eran protagonizadas por un exsacerdote de allá. Fue quizás cuando el obispo y su familia entendieron cuáles eran las ideas que Andrés tenía que aclarar cuando les anunció su retiro del sacerdocio.

Actualmente Andrés está dedicado a actuar, dirigir y dar clases de teatro en su propia escuela de artes. “Aunque no he dejado de tomar cursos ni de perfeccionarme en ese aspecto”.

Desde que se retiró del sacerdocio también se alejó de la Iglesia Católica: no va a misa, no se confiesa y no comulga. “Creo en Dios pero no me considero católico. Entre las grandes religiones del mundo, estaría cerca del cristianismo pero no profeso una oficialmente. Armo mi espiritualidad con base en la sabiduría de las distintas religiones y en lo que pueda ayudarme a ser feliz”.

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Cuando Andrés Gioeni era sacerdote.

Asegura, sin embargo, que en la Biblia no hay textos que contradigan que homosexualidad y cristianismo puedan ir de la mano. En ninguna parte se condena la homosexualidad. “Lo que se ha dicho al respecto son interpretaciones tendenciosas”.

Pese a no definirse como católico, tiene la esperanza de que el Papa Francisco introduzca cambios importantes en la iglesia. Por eso el año pasado le escribió una carta solicitándole que se dieran a conocer los estudios bíblicos y morales llevados a cabo sobre las personas homosexuales en la iglesia.

Además, el 7 de abril de 2014 junto con el también exsacerdote Nicolás Alessio, envió una carta a la Conferencia Episcopal Argentina. Allí los exhorta a reconocer públicamente las bondades de que Argentina haya promulgado la ley de Matrimonio Igualitario, para que sirva de ejemplo a otros países.

“Esto podría contribuir a revertir la oleada de legislaciones que están atentando contra la libertad y la vida de muchas personas y a denunciar la injusticia de impedir la expresión del ser humano”.

Sacerdotes, seminaristas, laicos y religiosas le escribieron para decirle que ojalá el Papa respondiera de manera positiva esas cartas. “Esto me demostró que el porcentaje de personas homosexuales dentro de la iglesia es mucho mayor del que todos imaginamos”.

Por esta razón, Andrés escribió recientemente un libro llamado “Tanto amor desperdiciado” que compartió de manera gratuita en Internet. Allí explica cómo es posible ser homosexual y cristiano a la vez, cómo esto es compatible y cómo hay tanta gente en el mundo que así lo cree y vive.

“Si Dios no estuviera de acuerdo con la homosexualidad, no habría creado personas con esta orientación sexual. Por esto les digo que se animen a saltar ese prejuicio: es posible ser cristianos y homosexuales, hay personas de su mismo sexo con las que están llamadas a crecer espiritualmente y a ser felices”.

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Este especial fue posible gracias al apoyo de la Fundación Friedrich Ebert:

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