Ataques con ácidos y el machismo de cada día

Ataques con ácidos y el machismo de cada día

Género, diversidad sexual y cambio social.
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La respuesta a los ataques con ácidos no puede quedarse en aumentar las penas a los agresores. Es urgente hacerle frente a los discursos machistas que forman parte de la cotidianidad.  

por qué hay ataques con ácidos a mujeres en Colombia
Detrás de los ataques con ácidos a mujeres, también está el ambiente machista que reina en la cotidianidad.

A las 5:00 de la tarde del pasado jueves 27 de marzo, integrantes del diplomado en Comunicación con visión de género de la Universidad Nacional, en Bogotá, presentaban la campaña Lo que es con ellas es conmigo, con el ánimo de visibilizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias.

Mientras el evento ocurría, un hombre le arrojaba ácido en el rostro a Natalia Ponce de León, una mujer de 33 años, en el barrio Santa Bárbara, al norte de la ciudad.

De inmediato, los medios de comunicación “activaron” el tema de la violencia contra las mujeres. Recordaron las “alarmantes cifras” de quienes han sido atacadas con ácidos, los 926 casos registrados en los últimos nueve años (entre hombres y mujeres) y anunciaron que la Policía estaba tras la pista del “presunto agresor”.

Al ver la conmoción que el hecho generó, el presidente Juan Manuel Santos manifestó que fortalecería las sanciones contra los responsables de los ataques y ofreció una recompensa para quien ayudara a dar con el paradero del autor.

Una medida  importante si se tiene en cuenta que, según Medicina Legal, en el 30 por ciento de los casos, el agresor sigue sin ser identificado y, por tanto, sin recibir sanción alguna.

Sin embargo, no se puede esperar hasta que tengan lugar episodios de esta naturaleza para convocar la atención general y encender las alarmas sobre el tema. El hecho de que haya sucedido en “un exclusivo sector de la ciudad” no puede ser el detonante para reconocer la gravedad de esta situación. Finalmente, también hay cientos de casos que ocurren a diario y que quedan en el anonimato.

Tampoco puede esperarse hasta que un abogado famoso se vincule al caso y promueva ruedas de prensa para que el Gobierno anuncie que “tomará medidas al respecto”.

Medidas que, en la práctica, generalmente significan que algún día aumentará el número de años que los agresores deban pasar en la cárcel.  Ciertas personas exigían “cadena perpetua para los responsables”, mientras que otras hablaban de “pagarles con la misma moneda”.

Pero vale la pena ir más allá. Darle paso a más acciones que eviten fortalecer el aire machista que rodea muchos de estos actos. Puede que el agresor de Natalia, quien ya fue capturado, tenga que pasar muchos años tras las rejas, pero esto no garantiza que no vengan muchos más “Jonathan Vega” detrás.

No se trata solamente de fortalecer las penas o de ofrecer recompensas, sino de evitar que una persona opte por actuar de esta manera.

Quienes utilizan este mecanismo de ataque no buscan asesinar a una persona o quitarle su vida en un segundo. Su objetivo es más perverso: intentan que sobreviva para que cada vez que se mire al espejo sienta dolor y recuerde que quisieron arrebatarle su identidad y “marcarla” para siempre.

Un acto premeditado de venganza

El agresor no iba por la vida de la víctima: quería que la conservara para que fuera testigo diario de un gesto claro y premeditado de odio y venganza.

La persona que acude a un ácido para desfigurar el rostro de alguien – en muchos casos una mujer – quiere recordarle quién es el “dueño” de ese cuerpo y, de paso, pisotearle su esencia y dignidad.

En numerosas ocasiones, detrás de estos ataques hay un hombre dolido porque esa mujer “lo dejó”, “no le paró bolas” o “prefirió a otro”. Y no encuentran mejor manera de enfrentar la situación que dejándole su huella, intentando recordarle para siempre, que si no es de él, no es de nadie.

Al parecer, el autor de este hecho ya está tras las rejas. Pero este castigo está lejos de ser la solución. Hay que empezar por dejar atrás las premisas machistas que desde hace años forman parte de la cotidianidad y que hoy son vistas como “algo normal” o, peor aún, como un “gesto de amor”.

Algunos ejemplos de esto son cuando los hombres se refieren a sus parejas como “mi mujer” o cuando las personas dicen: “se visten como putas y después no quieren que les hagan nada” o “¡quién las manda a provocarlo!”.

También, la creencia de que las mujeres deben recibir la aprobación de sus novios o esposos para vestirse de una u otra manera y los casos donde los hombres les dicen a sus parejas que agradezcan porque ellos ni siquiera les pegan.

Hay hombres que expresan su voz de protesta contra los ataques con ácidos, pero en su vida cotidiana afirman que ellos a sus esposas “no les permiten” salir solas, usar minifalda o tener amigos del sexo opuesto.

Otros censuran en voz alta lo que Jonathan le hizo a Natalia y dicen con indignación “no hay derecho”, pero en su día a día les enseñan a sus hijos que “a las mujeres hay que tratarlas con mano dura para que no se la monten a uno”.

También están las mujeres que gritan fuerte “¡ni una más!” pero que insisten en hablar de las “quitamaridos”, tratando a los hombres como seres incapaces de tomar decisiones. En últimas, justifican que “ellos no puedan controlarse” cuando son “provocados”. Finalmente, “así son”, “cosas de hombres”, “todos son cortados con la misma tijera”.

Son, quizás, las mismas que afirman con orgullo, que los hombres que en realidad las quieren son los que les arman “shows de celos” cuando las ven salir muy arregladas.

Es urgente regular las ventas de estos ácidos, pues está visto que desde hace años dejaron de ser más que sustancias útiles en ciertos trabajos para convertirse en armas que persiguen acabar, en vida, con una persona.

Pero es necesario llegar al fondo, ir más allá de que “todo el peso de la ley recaiga en el culpable”. Además de prestarle mayor atención a la salud mental en Colombia, también es fundamental acabar con la idea de que ellos son “dueños” de ellas, que es legítimo que ellos emprendan acciones cuando ellas “los provocan y no les salen con nada” y que el machismo es tema de preocupación de unas pocas mujeres amargadas.

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