Carolina Sanín y la censura en Colombia

Carolina Sanín y la censura en Colombia

Periodismo, opinión y análisis LGBT.
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El hecho de que un hombre intentara callar a la columnista y escritora Carolina Sanín en un evento programado en la Feria del libro de Bogotá, es una muestra de cómo opera la censura en Colombia cuando una mujer habla de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Carolina Sanín
De izquierda a derecha: Mauricio Sáenz, jefe de redacción de la Revista Semana; el caricaturista Julio César González, más conocido como Matador; Carolina Sanín, escritora, docente y columnista y, Mauricio Albarracín, abogado y activista, durante la charla “Una agenda periodística sin lugar para tabús”, en la Feria del libro de Bogotá.

¡Pase la palabra! – grita un hombre que está en el auditorio.
¿Qué dice? – le pregunta la escritora y columnista Carolina Sanín, la panelista que interviene.
¡Que pase la palabra! – insiste el hombre.
¿Qué se la pase a quién? – pregunta Sanín algo confundida.
Que no la monopolice – responde el hombre.
Pero Matador (señalando al caricaturista) habló tan largo como yo. ¿Por qué él sí y lo mío le irrita? – pregunta Sanín.
Porque me gustaría que el tema central fuera lo de Mauricio (refiriéndose al abogado y activista Mauricio Albarracín, otro de los panelistas) – responde el hombre.
¿La invitación decía que el tema central era lo de Mauricio? – pregunta Sanín.
No decía que era su feminismo un poco trasnochado – responde el hombre.

Con estas palabras empezó la discusión entre la escritora y columnista Carolina Sanín y un hombre que estaba en el público, durante la charla titulada “Una agenda periodística sin lugar para tabús”. El evento se llevó a cabo el 21 de abril como parte del Encuentro internacional de periodismo, de la Feria internacional del libro (FILBO) de Bogotá.

Se trataba de un espacio para analizar los temas vetados en los medios de comunicación y reflexionar sobre el cubrimiento de otros que años atrás poco se abordaban como la eutanasia y la igualdad de derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT).

Carolina Sanín era una de las tres personas invitadas. Los otros panelistas eran el abogado y activista Mauricio Albarracín y el caricaturista Julio César González, más conocido como Matador. Mauricio Sáenz, jefe de redacción de la Revista Semana, era el moderador.

Así el hombre del público haya dado otra razón: que Sanín estaba “monopolizando la palabra”, la discusión surgió cuando a él le molestó que ella hablara sobre las desigualdades que existen entre hombres y mujeres.

Independiente de si a una persona le cae bien o mal esta escritora y columnista, de si comparte o no sus opiniones y de si se denomina o no feminista, lo que pasó en el auditorio de Corferias fue que un hombre intentó callar a una mujer porque le incomodó lo que ella decía.

Como excusa para hacerlo, argumentó que ella estaba excediéndose en su tiempo de intervención.

Matador habló alrededor de 15 minutos y, cuando el hombre del público empezó a interrumpir a Carolina Sanín, ella llevaba ocho minutos. En todo caso, así estuviera hablando más de la cuenta, era al moderador y no a él, a quien le correspondía hacérselo notar.

Llamar “niñas” a las mujeres adultas

El espectador empezó a gritar “¡pase la palabra!” cuando la escritora y columnista expresaba lo desatinado que resulta que la gente se refiera a las mujeres adultas como “niñas”.

Inicialmente, ella no pareció escucharlo y continuó su intervención: “O como cuando le dicen a cualquier política mujer por el nombre, María Emma o Viviane (mientras que a los hombres se refieren por su cargo y apellido o su nombre completo). Esas son violencias enormes”.

Fue entonces cuando el espectador no resistió y habló más fuerte hasta que Sanín le prestó atención. Sin embargo, la discusión no terminó cuando él le dijo que lo de ella era un “feminismo trasnochado”.

“Que una persona homosexual hable de discriminación (refiriéndose a Mauricio Albarracín) le parece vigente, pero que una mujer señale la discriminación hacia las mujeres le parece trasnochado“, afirmó Sanín.

También le dijo: “dígame qué le preocupa o le irrita de un discurso feminista. Usted viene a un evento y grita desde el público ‘cállese’. ¿Por qué le asusta tanto una mujer que habla directamente y sin miedo?”.

Lo que trascendió en los medios fue esa discusión que evidenció cómo algunos hombres se sienten con el poder para callar a una mujer que habla de las violencias contra ellas. Sin embargo, en el encuentro también se abordaron otras formas de censura.

“El veto en los medios no está ni en el cubrimiento de la eutanasia ni en de los temas LGBT”, Carolina Sanín.

“El procurador Alejandro Ordóñez no les está diciendo a los directores ni a los periodistas que no entrevisten a Mauricio Albarracín. Tampoco evitó que Matador se pronunciara sobre la eutanasia de su papá”, señaló.

La censura real, agregó, está en otro lado: en el dinero -no en la moral- o en los temas que comprometen los intereses económicos de los dueños, directivas y anunciantes de los medios. Es de eso de lo que no puede hablarse.

Recordó que hay empresarios que no les pagan horas extras a sus empleados y que eso no lo abordan los medios. Fue entonces cuando Mauricio Sáenz, jefe de redacción de la Revista Semana, aseguró que los medios tienen una especie de tabú para tratar lo que afecta sus intereses económicos.

Lo que les conviene

Por tanto, los medios no van a publicar los desaciertos de esos empresarios –como no pagarles salarios justos a sus empleados y otros abusos laborales– porque finalmente son sus anunciantes.

“Yo escribo para Arcadia, una revista de Publicaciones Semana. Y a mí algún día me gustaría referirme a los muy malos sueldos que esta casa editorial les paga a sus periodistas”, agregó Sanín.

Carolina Sanín 2

Según esta escritora y columnista, los medios también deberían ahondar en cuáles son, por ejemplo, los políticos que acuden a prostitutas. “Ese es un tema de interés público porque quiere decir que un funcionario que está en una posición de poder, abusa de mujeres, porque habría que ver cuántas de ellas son menores de edad o han sido captadas contra su voluntad por redes de prostitución”.

Esos son temas prohibidos –no explícitamente sino censurados– en los medios con el argumento de que se trata de la vida privada de una persona.

Sin embargo, esa premisa de la vida privada desconoce que el derecho a la intimidad reduce su alcance cuando se trata de funcionarios públicos.

Por su parte, Mauricio Albarracín expresó que el hecho de que ya se pueda hablar de homosexualidad en los medios de comunicación no significa que, en la práctica, las desigualdades hayan desaparecido.

Parte del problema radica en el desbalance de visibilidad que existe entre quienes están a favor y en contra de la igualdad de derechos de las personas LGBT.

Con el argumento de la pluralidad y de mostrar las diferentes caras de la moneda, añadió, los periodistas acostumbran entrevistar a una persona que esté a favor y a otra que esté en contra. La primera suele ser un activista y, la segunda, un representante de alguna iglesia o de un movimiento religioso.

“Pero en realidad, lo que allí se hace es darles mayor resonancia a quienes están en contra porque ellos juegan con la cancha ganada. Finalmente, los sectores religiosos y conservadores tienen recursos económicos, redes en todas las ciudades, púlpitos y, además, el espacio que les otorgan esos medios cuando los entrevistan”, aseguró Albarracín. Mientras que una organización LGBT no cuenta con una estructura ni una financiación similar a la de una iglesia.

Lo LGBT cuando hay show

De igual manera, agregó Albarracín, a los medios solamente les interesa lo LGBT cuando el tema puede convertirse en un espectáculo o hay un enfrentamiento de por medio.

“En 2015, organizamos un foro sobre matrimonio entre personas del mismo sexo con un panel muy completo, y lo que salió en los medios fue que monseñor Córdoba, había dicho que María Magdalena había podido ser lesbiana y uno de los apóstoles ‘mariconcito'”, dijo.

Terminan presentando lo que más vende. “Los periodistas no le preguntan al procurador Ordóñez -quien presentó en la feria un libro sobre los diálogos de paz en La Habana- por qué ahora escribe libros y antes los quemaba“, añadió este abogado y activista.

Es interesante la manera como a través de las redes sociales, la gente le está haciendo contrapeso a los medios de comunicación mediocres.  

Fue entonces cuando Matador recordó que a pesar de los insultos que ha recibido por apoyar a su papá a recibir la eutanasia, no se siente amenazado. “Como el caricaturista dice las cosas con humor, la gente no se lo toma en serio”.

Carolina Sanín aseguró que, por el contrario, ella sí se siente amenazada. “Cada vez que me encuentro con un personaje como este señor (refiriéndose al hombre que le gritó en el auditorio), creo que me van a echar ácido al salir de mi casa, porque la violencia contra las mujeres es mayor que contra los hombres”.

“He recibo amenazas de violación por columnas que he escrito, aunque no sé cuál sea la relación entre que alguien me quiera violar y que no le guste lo que escribo”. A este comentario, Matador respondió risueñamente: “a mí una modelo de Soho me amenazó con violarme y yo la denuncié”.

Las mujeres que cuestionan irritan

Después de señalarle al caricaturista que su chiste sobre la violación era desatinado, Sanín le dijo que el motivo por el que él se sentía seguro y ella amenazada es porque él es hombre y ella mujer “e irrita muchísimo más una mujer que un hombre que cuestione los poderes”.

¿Hay una censura en los medios para hablar de la desigualdad de las mujeres? “Por supuesto. No hay una ley que impida hacerlo, pero hay un linchamiento social a quien lo aborde”, respondió Sanín.

“Hay privilegios en el hecho de ser hombre que ni siquiera se cuestionan o son tema de discusión”, Mauricio Albarracín.

Por eso, hablar hoy de feminismo puede ser incluso más interesante que hacerlo de la discriminación contra las personas LGBT. “En la Corte Constitucional solamente hay dos mujeres de nueve magistrados. Y eso se ve normal en una entidad que garantiza la igualdad y la no discriminación”, agregó Albarracín.

Además, cuando alguien hace énfasis en esas desigualdades mucha gente responde: “no sean tan exagerados” o “¿ya empezaron con ese sonsonete?”.

“Si no entendemos que hay una injusticia en las desigualdades entre hombres y mujeres, ningún otro cambio estructural será posible”, concluyó Albarracín, mientras que Carolina Sanín añadió que la voz pública de las mujeres ha sido inventada por los hombres. “Hay que buscar una voz propia”.

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