Cuando bebé era mono, blanco y de ojos azules

Mientras algunas personas crean que lo bonito es parecer europeo y lo feo es ser moreno y de ojos oscuros, la autoestima de los colombianos nunca podrá ser más alta.  

¿Por qué se sigue creyendo que cada país es dueño de una raza específica? Foto: nombresconsignificado.com

Si un día me formularan la tradicional pregunta de revista “¿Qué es lo que más recuerdas de tu infancia?” Tendría que decir que esas ocasiones en las que acompañaba a mi mamá a hacer “diligencias” y de repente nos encontrábamos con alguna conocida suya. El diálogo era más o menos el siguiente:

-       Hola Leonorcita, qué gusto verte. ¿Y esta es tu niña?

-       Sí, es la menor.

-       Pero ¿por qué no sacó tus ojos?

En ese entonces, yo y mis cuatro hermanos -quienes también fueron víctimas de dichos reclamos oculares- suponíamos que debía tratarse de algo relacionado con el refrán “cría cuervos y te sacarán los ojos” y que, así no lo quisiéramos, era un acto que en algún momento tendríamos que cumplir.

Sin embargo, a medida que fuimos creciendo, empezamos a tener claro que aquella pregunta que con tanta frecuencia escuchábamos, podría traducirse en la creencia de que es mucho más lindo un niño con ojos claros que uno con ojos oscuros. Recuerdo, incluso, que a veces el encuentro con las amigas incluía alguna frase que rayaba con la rabia: “¡Es que ninguno salió a ti!”

Los cinco más de malas

Con el paso del tiempo entendí que el mensaje, en últimas, era que ninguno de nosotros había sido tan “afortunado” de heredar los ojos verdes y que la genética visual había sido más generosa con mi mamá que con sus cinco hijos.

Me acuerdo que cuando mis amigas del colegio la conocían me decían: “¡pero tiene los ojos verdes! ¿Y tú por qué no?” De hecho, una de esas anécdotas que mi mamá siempre cuenta en las reuniones familiares es que un día cuando mis hermanos eran pequeños, ella fue al colegio a recoger sus calificaciones. La profesora se negó a entregárselas argumentando que solamente podía recibirlas alguno de los padres. Palabras más, palabras menos, la descalificó como mamá porque ella era blanca y de ojos claros y ellos no.

Yo crecí viendo que en mi familia materna predominaban los ojos claros y, en la paterna, los oscuros. Esto me parecía completamente normal hasta que, por alguna razón, estaba al lado de mi prima –hija de una hermana de mi mamá– y entonces yo era completamente invisible. El tema siempre era sus grandes ojos azules y su lindo pelo rubio. A mí me tocaba inventarme alguna gracia para ser menos ignorada.

Con los años comprobé que no solo las amigas de mi mamá sino muchos colombianos -con iguales ancestros indígenas y raíces ibéricas- son férreos admiradores del pelo rubio y los ojos claros. Son quienes felicitan a un papá o a una mamá cuando su hijo nace con ojos azules o verdes. Si los tiene oscuros prefieren consolarlo con un: “espérate porque a veces a los tres meses les cambian de color”.

“Mi hijo es feo”

Hace poco fui a visitar  a una amiga que días atrás dio a luz. La mamá de ella me recibió con un orgulloso: “¡y tiene los ojos azules!”. Yo los veía completamente incoloros, aunque no tuve más alternativa que fingir una falsa emoción de que, aparentemente, su nieto no pareciera latino sino más bien europeo.

Poco después mi amiga me contó que lo más duro del parto fue cuando le entregaron a su hijo y ella pensó que “era moreno”. Poco indagó por su salud, sino que le sorprendió que de primer impacto pareciera “morochito”. Ahora, cada vez que nos vemos, me dice que lamenta mucho que los ojos de su hijo no sean claros, pero que por lo menos no salió moreno y que guarda la esperanza de que su pelo vaya a ser claro aunque, siento decírselo, es oscuro.

Recuerdo, también, a una compañera de trabajo afrodescendiente que, cuando hablaba de episodios de la infancia de su hija, decía: “Y como mi Valentina era rubia, rubia…”. Yo la interrumpía: “¿cuál Valentina? ¿Tu hija? ¿La que yo conozco?” Porque la Vale que yo veía en las fotos de infancia estaba lejos de tener esas características. Y, sin embargo, en cada conversación que podía, ella hacía énfasis en lo “mona” que era hasta que la maldita contaminación de esta ciudad le oscureció el pelo.

Lo que más recuerdo de una tía, hermana de mi papá, y a quien pocas veces tengo la oportunidad de ver, son las charlas en las que intentaba justificar con algún pariente lejano que en su familia no solamente había gente de piel morena sino también de ojos claros y pelo rubio. No importa si lo primero era producto de alguna catarata o de lentes de contacto y, lo segundo, de alguna tintura capilar.

¿Mejorar la raza?

Para completar, hace algún tiempo escuché cuando una amiga le preguntaba a otra: “¿Y cómo es tu novio?” A lo que ella respondió: “mono, de ojos claros…” No alcanzó a terminar de describirlo, cuando su interlocutora ya le estaba diciendo “¡Pero es un churro!”

Así, en casi todos los escenarios por los que he pasado en la vida, me he encontrado con personas que repiten con frecuencia: “yo cuando chiquito era rubio, rubio y de ojos claros, pero cuando crecí me oscurecí”.

Se trata, en buena medida, de quienes intentan decirle al mundo que alguna vez fueron bonitos, que en su infancia no parecían “colombianos” y que lo malo fue que después sí. Son quienes se avergüenzan de su piel morena y ojos oscuros y cuyo arribismo llegó al punto de creer que los bonitos son los otros, los europeos o los gringos o quienes, por lo menos, son tan “de buenas” de parecerse a ellos.

No entiendo cómo los psicólogos no son millonarios. Con los problemas de autoestima que buena parte de los colombianos podría tener, sería sin duda la profesión más rentable.

Lo cierto es que mucha gente lamenta la violencia de Colombia, así como la desigualdad, discriminación e inseguridad en la que se vive. Muchos se burlan de lo “chibchombiano”, quisieran irse a otro país y sueñan con que sus hijos fueran más felices que ellos. Pero ¿será que fomentar personas inseguras, acomplejadas de su raza o de su físico y avergonzadas de lo que son contribuye en algo a crear un mejor país?

Comentarios

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  • Alejandro Garcia

    Excelente!!! Te aplaudo, que buen articulo, expresas la realidad tal cual es, en ocasiones los mas racistas somos nosotros mismos. Que viva la raza la LATINA! los mas diversos, alegres y hermosos del mundo :)

  • Uriel

    Interesante el tema que incluso con el ejemplo tan evidente como lo es la estética corporal del balnco y el negro evidencia un problema que pasa por el historicismo social y fortalecerse en un problema de discriminación, el problema de las diferencias raciales es cruel e ingurioso, que extrapola incluso la diversidad sexual, es decir, que más allá de la estética, existe un problema latente que es la discriminación y la exclusión en todo sentido.

  • Marieta

    Está bien el artículo pero ¿cuál es la “raza latina” esa? ¿y la “raza europea”? porque vamos, yo soy europea y morena y de ojos castaños, y que yo sepa “los latinos” tampoco son todos iguales (gracias a dios).
    Simplemente hablamos del racismo de la moda, que nos vende unos modelos con los que no coincide ni el 10% de la población mundial..