Cuando el mundo se divide entre bonitos y feos

Cuando el mundo se divide entre bonitos y feos

Diseñadora de formación y tramposa por vocación, nunca aprendió las tablas de multiplicar. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|
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Dicen algunas religiones que el cuerpo es el templo del alma. Y si allí solamente habita el alma, ¿por qué algunas personas se sienten con autoridad para juzgar nuestra apariencia o cómo nos vemos?       

como ser bonita
La actriz Mónica Cervera interpreta a Lourdes en la película española El crimen ferpecto.

La escena es contundente. Tumbados en el piso, un hombre y una mujer mantienen un tenso dialogo. Él sostiene la cabeza de ella y la acaricia mientras la mira de manera compasiva, pero su reclamo está lleno de desesperación. Sobre ambos cae agua y, atrás, el fuego lo consume todo.

Eres fea, Lourdes, muy fea. Tú no tienes la culpa, pero yo tampoco. Es este mundo en el que vivimos el que me hace odiarte. La gente, las revistas, la televisión. ¿Cuándo has visto a alguien como tu presentando uno de esos programas de la tele?, ¿cuándo has visto a una fea montada en un Ferrari o besando a un ciclista?, ¿cuándo?- pregunta Rafael.

No piensas lo que dices– Contesta Lourdes, vencida, a punto de llorar.

-¿Que no lo pienso? ¡Lo pensamos todos, amor, el mundo entero! Estamos educados así, nos guste o no– responde él.

Es así como el pensamiento de muchas personas sale por la boca del protagonista de El crimen ferpecto, una de las más aclamadas películas del director español Alex de la Iglesia. Entre situaciones extremas y giros inesperados, el director reivindica sutilmente a las mujeres que, según los parámetros de belleza impuestos, son catalogadas como “poco deseables” o simplemente “feas”.

se atreve a señalar, en palabras del protagonista, a quienes han venido promoviendo estos estándares: “las revistas, la televisión…”.

La belleza es algo inquietante, tanto que sobre ese concepto se han escrito miles de libros y se han realizado igual cantidad de investigaciones, abordándola no sólo desde el punto de vista estético, sino también filosófico y científico.

A pesar de esto, la humanidad no se pone de acuerdo en su definición, que continúa siendo relativa y cambiante con el tiempo, pero los pocos y débiles aspectos en los que ha logrado coincidir, se basan en lo físico.

“¡Es horrible!”

Hace un tiempo conocí a mi vecina Isabel, cuyos juicios sobre las personas partían exclusivamente de lo físico y no dudaba en compartirlos. Una vez que subíamos por el ascensor, le conté una anécdota de un amigo mío. Al bajarnos, cuando le mostré su foto, la miró con desagrado y exclamó: “¡Uy, pero es muy feo!”

Su comentario me hizo sentir mal, pero no supe qué contestar. Traté de no darle importancia. Sin embargo, la situación volvió a repetirse varias veces. En otra oportunidad, cuando hablábamos de un actor, lo primero que tuvo para anotar fue: “¡es horrible!”.

Fue entonces cuando reaccioné y prácticamente le grité: “¡el físico no es todo!”. Ella se quedó callada, pero creo que desde ese día se abrió entre nosotras un precipicio que me hizo entender lo lejos que estábamos la una de la otra.

Al parecer, algunas personas viven en una dimensión paralela donde el mundo se divide en dos: la gente que consideran bonita y la que consideran fea. Allí, los primeros son quienes pueden tener buenos trabajos, dinero, éxito en sus relaciones. Para “los feos”, sólo quedan la soledad, la pobreza y el fracaso.

Esa idea prejuiciosa me recuerda al director del colegio donde una amiga dictaba clases. Un buen día, ella es citada en la rectoría para informarle que debía plancharse el pelo, porque para él, el pelo ondulado era “feo y de pobres”.

O como una compañera de la universidad que conectaba su concepto de belleza con el afecto. Por esto, muy extrañada le preguntaba a otra que seguramente veía como “poco atractiva”: “¿en serio tienes novio?”.

De igual manera, están quienes piensan que la belleza es una cuestión de color de piel o de ojos. Y sobre esa interpretación la artista plástica Margarita Ariza realizó un maravilloso trabajo que estuvo censurado desde 2012 hasta 2015.

Los familiares de Margarita entablaron una demanda contra ella por incluir en su obra las expresiones que la artista creció escuchando en su casa y que hacían referencia al deseo de sus parientes de que en la familia todos fueran blancos, de ojos claros y pelo liso.

La utopía del cuerpo perfecto

Lamentablemente no nos sensibilizamos con ciertas realidades sino hasta que nos tocan o hasta que nos pasan. Hay situaciones en las que uno jamás se detiene a pensar ni en las que toma partido, sino que simplemente se queda con la opinión de “la mayoría”.

Así, terminamos riéndonos de quien tiene sobrepeso o de la novia de Mengano a quien le dicen “la peor es nada” o repitiendo, sin problema, frases como “más carne tiene un zancudo” para referirnos al cuerpo de una mujer.

A mí la risa se me pasó cuando yo fui la protagonista de las burlas y entendí lo difícil que es desviarse de los estrechos márgenes que la sociedad ha impuesto como “físicamente aceptable”.

Siempre fui delgada. Sin embargo, a medida que iba creciendo, a veces subía de peso y otras volvía a bajar. Nunca me sentí mal como era, pero los comentarios de la gente lograban afectarme y ponerme a pensar.

Una tarde, me encontré por la calle con una conocida de mi mamá quien aparentemente me recordaba un poco más “rellenita”.

Recuerdo que empezó a gritarme en pleno andén: “¡Lilita, usted no está flaca, está acabada mijita!”.  

Durante los eternos minutos que duró el encuentro, traté de estirar en vano el uniforme del colegio para que evitara mirarme las piernas con esa expresión de terror, mientras buscaba una excusa para salir corriendo hacia mi casa, huyendo de la vergüenza.

Años más tarde, cuando trabajaba en una editorial, tenía un compañero con el que adquirimos la costumbre de comprar buñuelos de una panadería cercana. Todos los días, a las 11 de la mañana hacíamos nuestro pedido. Y en la tarde, después del almuerzo salíamos a la recepción, donde Jennifer, quien entre llamada y llamada nos entregaba los Chocoramos que vendía a escondidas.

No recuerdo cuantos kilos aumenté e insisto: no me sentía mal. Pero las críticas no tardaron en venir. “Lila cómo se engordó ¿no?”, le decía Yamile a otra secretaria tapándose la boca para contener la risa.

Mientras que yo hablaba por teléfono, veía por el reflejo del vidrio el amplio gesto de sus manos que acompañaba su comentario: “¡ahora tiene un culo así!”

Estoy convencida de que la relación de cada uno con su cuerpo es personal y nadie tendría por qué opinar acerca de cómo uno se ve. Hay quienes dicen que hacen comentarios sobre el peso de los otros en pro de su salud. Puede ser. Pero si esa es la intensión, deberían emitirse en un contexto distinto, no gritando en una calle, ni en plena reunión familiar o para hacer reír a los demás.

Para lograr encajar en el molde de la belleza física que nos han impuesto como el “aceptado e ideal”, recurrimos a todo: dietas extremas, cirugías estéticas, depilaciones dolorosas y blanqueamientos. Todo se resume en: ponerse, sacarse, subirse o bajarse.

Pero ¿quien decretó lo que es ser lindo? o ¿quién lo que es ser feo? Y lo peor, ¿por qué nos comimos el cuento y le paramos bolas al que nos dice que se nota que nos estamos “tomando la sopa” o a quienes nos comentan con burla: “comete alguito”?

¿Será por eso que la Venus de Milo apareció mutilada? Según varias teorías, originalmente representaba el momento en que arrojó “la manzana de la discordia”. De repente, el tiempo quiso castigarla quitándole las manos por empezar la pelea entre las diosas que querían quedarse con la fruta “para la más bella”.

¿Ustedes qué piensan de la belleza?, ¿alguna “amiga” no les ha preguntado: “¿te gustaría operarte la nariz?” o alguna tía no le ha dicho: “¿mijito por qué está tan gordo?”.

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