De paseo por la universidad

De paseo por la universidad

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Por: Marco Rakower

Marco Rakower

Es un lunes soleado y aunque arranco con toda la energía, a veces pienso que estar en la universidad no es el plan más entretenido, escuchando a los amigos de las mujeres que se levantan o de cuál está más buena que la otra… Mis compañeras me cuentan algunos de sus problemas y me piden un consejo que finalmente nunca doy; considero que cada cual sabe lo que hace y no es necesario que alguien se lo diga.

Las relaciones con la mayoría de las personas en la universidad son fantásticas, mis calificaciones van bien, el deporte es genial. Mas cómo me gustaría poder echarle los perros a algún tipo chévere sin andar con el temor de una pelea o de un insulto. Las tardes de café con mis compañeros se vuelven de tonterías y risas, pero por momentos no siento que sea mi espacio.

Me encantaría de verdad decirle a uno de esos guapos: “¿Nos tomamos un café?” o simplemente ver en alguno que no sea el más afeminado una respuesta positiva y tener algo en común de qué hablar. Es probable que si le dijera eso a un tipo de la universidad que me parece atractivo, sería no sólo a él sino a todo su grupo de amigos a quienes tendría que decírselo. Es poco lo que se puede compartir cuando no se entiende la realidad de los demás; y aun más aunque a un hombre heterosexual le parezca atractivo otro sujeto, lo ultimo que haría sería decirlo.

Me invitan a celebraciones de cumpleaños y a reuniones de amigos: yo la verdad prefiero ir a mi casa y repasar mis momentos tranquilo. Tampoco la rumba es de mi gusto, quisiera que la gente gay estuviera más abierta a la conversación y no tapada por la moda y por otras máscaras.

No obstante no estoy con esto diciendo que mi vida es un infierno, todo lo contrario. Se goza mucho pero es como una isla extraña de la que disfruto del sol y de las bebidas pero estar en silencio es en realidad lo que más me gusta. Después del gimnasio, que resulta un tanto más entretenido, paso a clase y después llega el café, que está plagado de tipos muy guapos, de los que yo asumo alguno será gay. Pero son los maestros del camuflaje y los otros tan adornados no me resultan atractivos en lo más mínimo.

En fin, es tan sencillo y a veces tan difícil pensar que quisiera charlar con tipos en buen plan, hablar de cuál esta bueno y cuál no, con quién salí o con quiénes salieron mis amigos, sin el problema a que se sientan señalados o burlados.

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