Descubriendo otra Amerika

Descubriendo otra Amerika

Diseñadora de formación y tramposa por vocación, nunca aprendió las tablas de multiplicar. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|
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Aunque suene a frase de cajón, existe una nueva América. Una que viene escribiéndose con “k” desde hace más de 20 años, pero no por los caprichos de moda en la escritura, sino porque realmente es otra.

rumba gay
Una panorámica de Amerika, discoteca argentina orientada al público LGBT. Está ubicada en el barrio Almagro en Buenos Aires. Foto: Nahuel Cortés, Amerika.

En marzo de este año vino a visitarme mi amigo Julián. Y como buena anfitriona que siempre quiero ser, ordené mi casa, compré un colchón inflable y reuní mapas y guías de Buenos Aires.

Julián también quería conocer la rumba porteña, así que por sugerencia de Camilo, otro amigo, “desembarcamos” en una discoteca muy popular que no conocía pero de la que había oído hablar bastante: Amerika.

Sin derecho de admisión

No hay mejor emoción que la de descubrir. Encontrar y sorprenderse con situaciones nuevas, viéndose a uno mismo en lugares impensables. Y llegar a la puerta de Amerika fue todo un descubrimiento para nosotros.

Ya me lo había advertido Camilo: “Ellos no tienen derecho de admisión, allá entra cualquiera, pero este comentario no sirvió para prepararnos para lo que íbamos a encontrar al pasar la cortina de la entrada.

Cuando dijo “cualquiera”, vino a mi mente la limitada idea que tengo de esa palabra, porque a pesar de que cada día intento abrir más mi mente, hay conceptos que parecieran estar fijos en mí y aún tengo imaginarios sobre ciertas cosas.

Pensé que encontraría eso que la mayoría de personas define como gente “normal y uno que otro personaje excéntrico. Pero en este lugar “cualquiera es sinónimo de todos. Porque ahí, en la gran pista, hay un lugar para cada uno.

Gente libre, gente Amerikana

Lamentablemente en Argentina, aún hay quienes hacen chistes y comentarios despectivos acerca de los bolivianos. Se burlan de su modo de hablar, ocupaciones y apariencia. Pero en esta nueva Amerika, reciben un trato distinto: entran solos, en grupo o en pareja, se divierten como si estuvieran en su casa y no son vistos como minoría. Apenas ingresamos, una pareja de ellos nos saludó dándonos la bienvenida.

Seguimos recorriendo el lugar y cada vez nos sorprendíamos más: góticos, travestis, transgeneristas, enanos, gais, heterosexuales, muecos, lindos, feos, altos, flacos, gordos, negros, blancos… ¡Todos! Todo el mundo estaba ahí.

Era como un gran circo, un álbum, un acuario brillante y colorido lleno de miles de personas, donde nadie mira al otro como un “bicho raro”, aunque había gente distinta a cada paso.

Pequeños deseos cumplidos

En medio de las luces intermitentes y el ruido de las voces y la música, un hombre con discapacidad visual tanteaba el piso con su bastón, mientras atravesaba la pista, moviendo su cabeza de un lado para otro, llevando el ritmo de la canción que sonaba.

Siguió su camino, abriéndose paso entre las travestis y las mujeres trans, los besos de los novios y los otros que estábamos bailando, hasta que su sentido de la orientación lo llevó de regreso hasta su grupo de amigos, invidentes también, quienes bailaban en un círculo con sus bastones plegados.

Unos metros más allá, tres hombres bailaban cerca de los parlantes. Uno de ellos era un adulto mayor, con el pelo blanco, quien se movía con más energía que sus acompañantes jóvenes.

Acepto que al principio se me saltó el chip de la mente cuadrada y ambas situaciones me causaron gracia, pero luego pensé en lo injusto que es contenerse de hacer lo que se quiere o de cumplir con ciertos deseos porque para otras personas eso resulta ridículo o inapropiado. Deseos tan inofensivos como ir a una discoteca a bailar teniendo 80 años, sin poder ver o sin cumplir con los llamados “estereotipos de belleza”.

Así que después me pareció fascinante ver bailar a miles de personas muy distintas entre sí, olvidándose de la mirada burlona o del comentario irónico, para disfrutar de una gran noche.

En esta Amerika nadie “come pavo”. No importa la edad, la ropa que uno lleve, el país del que venga, el barrio en el que viva, la orientación sexual, identidad o expresión de género o si está en situación de discapacidad. En esta Amerika la fiesta y la alegría son para todas las personas, sin distinción alguna.

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