Disculpe, ¿en dónde está la sección de ropa indefinida?

Disculpe, ¿en dónde está la sección de ropa indefinida?

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Soy hombre pero me gusta más la ropa de mujer
thinkprogress.org

El sobrino de 9 años de una de nuestras colaboradoras quiso ir a la tienda Converse a que le compraran unos tenis, de esos que están de moda, para su cumpleaños.

Es claro que un niño puede no tener un diseño o un modelo en mente, pero su inocencia lo lleva directamente a enamorarse del que más le llame la atención sin analizarlo mucho. Y eso fue lo que sucedió.

Este sobrino, a quien llamaremos Pedro, se vio parado en la misma puerta del almacén, dirigiendo su mirada incorruptible hacia unas zapatillas de colores vistosos, identificadas con el ya clásico sello de la punta de caucho blanca de Converse.

Según se afirma en el testimonio, la abuela de Pedro, quien era la que le iba a regalar los zapatos, sintió un gran alivio al pensar que no sería mucha la espera en el almacén: sólo pedir la talla, que el nieto se los midiera y listo.

Sin embargo algo completamente previsible y aún así, espantoso, sucedió. La vendedora rompió el hechizo de Pedro con las palabras “esos-zapatos-son-de-niña”.

Pedro, como la etiqueta de toda sociedad que se respete lo indica, dejó las zapatillas con un dejo de desprecio y se puso en la tarea de buscar una sección que tuviera tenis más apropiados para su sexo. Entonces todo se vino abajo.

Escogieron unos, pero no había de su talla; los de más arriba eran muy costosos; los del fondo eran demasiado convencionales para el gusto de Pedro. Y así pasaron largas horas mientras abuela y nieto miraban de reojo los “tenis de niña” que Pedro había anhelado profundamente y que, por supuesto, no se pondría jamás.

La anécdota podría quedarse en eso, en una historia que se repite día a día en los almacenes del mundo.

Sin embargo una pregunta tan elemental pero en ocasiones tan escurridiza nos ha asaltado desde entonces. ¿A quién se le ocurrió inventarse las secciones “dama” y “caballero” en los almacenes? ¿Quién pensó que sería más apropiado que las niñas se vistieran de faldita rosada y los niños de pantalón azul?

Lo más interesante de todo es que esta “división sexual” de la ropa no es dominio exclusivo del imperio de los almacenes. También es una cultura que reposa en nuestras conciencias todos los días de nuestras vidas. ¿O es que este diálogo no les resulta familiar?

Transeúnte 1: Esa persona que está ahí ¿es un hombre o una mujer?
Transeúnte 2: Es un hombre, ¿no ves los pantalones anchos que tiene?
Transeúnte 1: Sí, pero me parece que tiene aretes (¿?)

(Acá el diálogo se puede extender por varios minutos si se está en un bus, en un restaurante, en un banco o en cualquier lugar que permita el estatismo).

Soy hombre pero me gusta más la ropa de mujer
Marlene Dietrich / Foto: golyr.de

Sin duda solemos tener la clara convicción de que la ropa de nuestro sexo es la que debemos usar, aunque algo muy similar a lo de Pedro nos haya ocurrido alguna vez en la vida.

Existe el miedo de que si a un niño recién nacido le ponen una camisa o un saco rosado la gente va a pensar que es una niña y eso no puede suceder.

Por lo tanto, es probable que ese niño crezca con la certeza de que medirse una camiseta o unos zapatos de mujer es algo altamente improbable y hasta risible: ¡qué cosa tan gay!

Pero, curiosamente, la moda ha demostrado que hay cosas “de mujer” que es chic usar en ciertas épocas de la historia: una pashmina, una camiseta en v, el color rosado, etc.

Así mismo, ojeando la última Vogue, hemos visto que es muy “it” (nuevo término acuñado por el castizo español de esta publicación) que las mujeres se pongan corbata (aunque Marlene Dietrich nos demuestra que no es nada nuevo…) o que usen el estilo tomboy (que se traduce como “marimacho”) para verse mejor que las demás.

Independientemente de que esto sea un tema de moda o no, cada prenda que se cuelga en una de las dos secciones de las tiendas está contribuyendo a marcar más las divisiones de la sociedad.

Pero más preocupante aún es que nosotros como clientes estamos permitiendo que nos digan cuál es el parámetro de la ropa para cada género, sin permitirnos elegir libremente lo que queremos usar sin miedo a ser juzgados.

Y es claro que esto nunca va a cambiar en los almacenes. Simplemente es una forma práctica de clasificar los productos y a los compradores. Pero podríamos pensar que no todas las personas que usan jeans ajustados son mujeres o quieren serlo, así como no todos los que usan pantalones anchos son hombres o se identifican como tal. Si no, ¿por qué tenemos tan claro que los escoceses que usan falda son hombres?

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