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Educar a nuestros hijos en respeto y equidad

Cursó estudios de Derecho en la Universidad Javeriana en Cali y Bogotá. Ha realizado talleres sobre representaciones culturales de las sexualidades y sobre educación de la sexualidad. Defensora de la igualdad de género. Lectora tardía que quiere ponerse al día, vive de afán y es mamá de Emilio y Coral.

He decidido aprovechar cualquier oportunidad que encuentre para recordarles a mis hijos que el mundo es diverso y que la vida va más allá de los estereotipos tradicionales de masculinidad y feminidad.

Cómo educar a nuestros hijos en respeto y equidad
Eduquemos a nuestros hijos para que aporten a la construcción de sociedades en donde la ignorancia, el prejuicio y el odio sean transformados por respeto y equidad. Foto: Chethan shankar con Creative Commons.

Desde hace un tiempo, tengo entre mi repertorio de cuentos para dormir a mis hijos historias tradicionales pero con pequeñas variaciones en cuanto a los tipos de familia, el género y la orientación sexual de los personajes. (Ver: Historias comunes con protagonistas homosexuales).

Ahora Caperucita es un chico que usa capa roja y su abuelito y el leñador son una hermosa y feliz pareja que se encarga de cuidar el bosque. En Pinocho, su padre es soltero como en la historia original, pero de vez en cuando lo visita su novio Pepe Grillo. Y el hada madrina no se viste con un llamativo vestido sino que usa jeans y lleva el pelo corto. (Ver: La Blancanieves de la vida real).

“En Bambi, la madre soltera consigue un mejor trabajo en el bosque y huye del lugar donde están los cazadores que la tratan mal por ser mujer”.

Darles hoy a nuestros hijos una educación con enfoque de género es una verdadera opción, por no decir una necesidad. Ocultarles que existen distintos tipos de familias y que en ellas los niños pueden ser felices, es mostrarles una imagen difusa de lo que pasa en la realidad.

Por eso, vivo atenta a las oportunidades que tenga para hacerles ver que el mundo es diverso. La educación con enfoque de género es enseñarles que la vida va más allá de los estereotipos de masculinidad y feminidad con los que hemos crecido y que no existen seres humanos inferiores a otros por su género, orientación sexual e identidad de género. Es tan simple como eso. (Ver: Historia de una princesa que no era virgen).

Es hacer énfasis en que todas las personas somos iguales. Como papás y mamás, debemos mostrarles a nuestros hijos que la vida no se limita a hombres y mujeres que se casan.

También podemos enfrentar el sexismo al que están expuestos y que les hace creer que hay juguetes y entretenimiento exclusivo para niños (con el objetivo de desarrollar habilidades de liderazgo, fuerza y autoridad) y otros solo para niñas (que las limitan a vestirse, maquillarse y cocinar)

Por fortuna, cada vez más papás y mamás somos conscientes de eliminar esas diferencias que la sociedad intenta delimitar. Pero ¿por qué no ir más allá de los juguetes? ¿Por qué no exigir inclusión y diversidad en los programas de televisión, por ejemplo?

¿Por qué seguimos permitiendo que nuestros hijos sigan viendo solamente a quienes encajan dentro de lo “aprobado socialmente” respecto a la orientación sexual, la identidad y la expresión de género?, ¿será que lo hacemos por comodidad o por falta de conocimiento y de tiempo?

La posibilidad de ser

Me pregunto ¿qué pasa con las niñas que quieren jugar fútbol con unos guayos azules y no rosados?, ¿qué sucede con los niños que quieren bailar ballet, vestirse con trajes de princesa o pintarse las uñas? O ¿dónde pueden ver programas de televisión con familias conformadas por dos mamás o dos papás?

Tenemos que permitirles a niños y niñas la libertar de ser ellos mismos en un mundo sin márgenes establecidas por estereotipos: las niñas deben ser esto y los niños esto otro.

Al darle vía libre a una educación sin prejuicios, las mentes de ellos serán capaces de expandirse y prepararse para vivir en las sociedades hacia las que tenemos que movernos: incluyentes, respetuosas y amigables.

¿Por qué no darles las herramientas que nuestros hijos necesitan para crecer en un mundo más incluyente?

Permitir que nuestros hijos expresen su personalidad y desarrollen sus propias habilidades e intereses, sin estereotipos de género, significa darles herramientas para aprender a convivir respetuosamente, defender los derechos de todas las personas -incluidos los propios- y aportar a la construcción de sociedades realmente diversas.

Si esta tarea no la hacemos los padres, aquellos a quienes nuestros hijos escuchan y de quienes aprenden, ¿quién  lo va a hacer? ¿Los profesores, los amigos, los papás de los amigos, la televisión, Internet o Disney?

Nadie discute que esta es una tarea en equipo entre las personas e instituciones que participan en la educación de los menores, pero somos nosotros, padres y madres, los responsables de tener claro qué formación -apropiada para su edad, seria y confiable- queremos que reciban y a cargo de quién.

Más aún, debemos fomentar en ellos el respeto por otros discursos, como los religiosos, pero enseñándoles que ni esos ni ninguno otro, pueden ser usados para restringir derechos.

Así, por ejemplo, una familia puede decirle a su hija que, según sus creencias, su principal papel en el mundo es el del cuidado de los otros y que debe ser sumisa y aceptar la voluntad de su marido. Lo que no debe permitirse es que se use dicha creencia para negarles sus derechos al estudio, al trabajo y al ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos.

Invito a padres y madres a buscar todas las oportunidades posibles para hablarles a sus hijos sobre diversidad, para mostrarles, sin términos peyorativos, las diferentes formas en las que los seres humanos existimos y nos relacionamos.

Esto tendrá un impacto importante en la construcción de sociedades que no discriminen y donde la ignorancia, el prejuicio y el odio sean transformados en respeto y equidad.

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