Inicio A Fondo El bullying por homofobia debe salir del clóset

El bullying por homofobia debe salir del clóset

Género, diversidad sexual y cambio social.

Aunque algunas directivas y docentes de instituciones educativas colombianas, insistan en que el bullying por homofobia no existe o no merece especial atención, en la práctica es una realidad que reporta graves consecuencias.

Bullying por homofobia.
En Colombia no hay estudios, con cifras recientes, que permitan establecer con precisión cómo está el país en materia de bullying escolar. Ilustración: Adalberto Camperos.

El ascensor se abrió en una de las salas de exposición. Al frente, a unos pocos pasos estaba el artista colombiano Carlos Motta. Leía en voz alta un fragmento del libro Close to the Knives (Cerca a los cuchillos), del artista estadounidense David Wojnarowicz. 45 personas lo escuchaban.

Cuando Carlos reconoció al hombre que salía del ascensor para integrarse a los espectadores, quedó petrificado. Hacía 17 años no lo veía, nunca imaginó encontrárselo en ese lugar y, mucho menos, en medio de esa lectura.

Se trataba de un ex compañero de colegio que participó en el bullying del que Carlos fue víctima durante su vida escolar. Fueron las burlas de él y sus amigos, las que lo llevaron a refugiarse durante sus años de adolescencia en el libro que justamente leía en ese momento.

La escena tuvo lugar en 2012, en el New Museum en Nueva York, ciudad en la que Carlos está radicado desde hace 17 años, cuando se graduó como bachiller en Bogotá. Lleva algunos años trabajando en proyectos artísticos relacionados con orientaciones sexuales e identidades de género y, la lectura que hacía formaba parte de uno titulado: Nosotros que sentimos diferente.

Carlos recuerda el colegio como una pesadilla. Nunca le gustó el fútbol, prefería la gimnasia olímpica y saltar lazo y pasaba más tiempo con las niñas que con los niños. Y esos eran motivos suficientes para que otros estudiantes lo percibieran como un “desertor de la masculinidad heterosexual” que merecía ser sancionado.

“A los 12 o 13 años tuve muy claro que mi orientación sexual no era heterosexual y fui víctima de discriminación, agresiones verbales y de calificativos como ‘marica’, por parte de alumnos de cursos superiores, generalmente los ‘machitos’ del colegio”.

Jamás reaccionó a los insultos. Era como si no los escuchara, aunque esto no significa que no tuvieran un impacto importante en su vida. “Influyeron de una manera muy profunda. Si no hubiera tenido esa presión, seguramente habría sido bailarían, pero por temor a una mayor sanción, nunca me permití tomar clases de baile”, afirma Carlos.

Tenía miedo de ir al colegio, de salir a recreo, de pasar por ciertas esquinas o pasillos donde sabía estaría ‘el grupito’ atento a molestarlo. “A veces pienso que las personas que me hicieron bullying creen que eso no fue grave. Yo he desarrollado una profesión pública, soy el centro en ciertas inauguraciones y exposiciones y en ocasiones las he visto diciendo con orgullo: ‘yo estudié con Carlos en el colegio’, olvidando que fueron el terror de mi vida”.

El acoso a la diferencia

Carlos Motta fue víctima de lo que algunos psicólogos e investigadores llaman bullying homofóbico. Según el libro Cómo entender y detener el bullying y cyberbullying en la escuela de Cléo Fante, la palabra bullying, también conocida como acoso, hostigamiento e intimidación, se refiere a situaciones donde uno o varios estudiantes, adoptan intencionalmente comportamientos agresivos y repetitivos contra otro(s) que están en desventaja de fuerza o de poder.

Enrique Chaux, investigador en prevención de bullying, explica en el libro Educación, convivencia y agresión escolar que la intimidación escolar se caracteriza por agresión permanente contra la misma persona, ausencia de razones que justifiquen los ataques, intención del autor en causarle daño y en ponerla en situación de inferioridad y desequilibrio de poder entre las partes.

“Este desequilibrio puede darse porque quien es víctima tiene pocos o ningún amigo, es nuevo en la clase, es menor, más pequeño, tiene más baja autoestima o es más débil por cualquier otra razón”, señala Chaux. Las acciones son premeditadas, especialmente contra aquellos que son considerados “diferentes”, bien sea por su aspecto físico o psicológico o por su manera de ser, vestir, hablar…

Para Andrés Felipe Castelar, integrante del Grupo de Estudios en Género de la Universidad ICESI de Cali, la intimidación escolar es una forma de forzar a una persona a encajar en una única manera de ser hombre o de ser mujer. “Por eso suele tener como víctimas a los estudiantes gordos, negros, afeminados o los que se salen de los parámetros de perfección esperados por la sociedad”.

Existe la idea de que todas las personas deben ser iguales y que las diferencias entre unas y otras son una amenaza. La base de esa “igualdad” radica en que lo correcto es ser de piel blanca y heterosexual y estar dispuestos a formar una familia conformada por papá, mamá e hijos.

Sin embargo, no por ser diferente a la mayoría, una persona necesariamente será víctima de bullying. Según Fante, los agresores prefieren atacar a los estudiantes que no ofrecen resistencia como los inseguros, ansiosos, temerosos, retraídos o con dificultades para relacionarse o defenderse.

La víctima, agrega Chaux, tiene poco poder frente a los intimidadores, suele estar sola en los ataques y vive situaciones humillantes al ser nombrada con apodos peyorativos y al convertirse en centro de burlas, persecuciones o calumnias. Por el contrario, quienes intimidan tienden a ser muy populares en el grupo.

El acoso escolar es un fenómeno grupal. Christina Salmivalli, profesora de la Universidad de Turku en Finlandia, identificó seis roles que desempeñan los estudiantes en la intimidación: víctimas (sufren la intimidación); intimidadores líderes (la inician y la lideran); asistentes (ayudan al líder participando); reforzadores (refuerzan la intimidación al reírse o servir de audiencia); defensores (intervienen para frenar la intimidación) y externos (se alejan de la situación o no están presentes cuando ocurre).

“Es aconsejable evitar hablar de ‘acosador’, ‘víctima’ o ‘espectador’, sino del niño o niña que acosa, que es víctima o que es espectador. De lo contrario, se rotula a una persona sin darle la oportunidad de cambiar”, afirma  Natalia Cárdenas, docente de la Facultad de Psicología de la Universidad CES de Medellín.

Menú de intimidación

Chaux, por su parte, plantea los siguientes tipos de intimidación: física, se vale de puños, patadas, empujones o daños a objetos personales; verbal, se ponen apodos que molestan, se dicen groserías y hay burlas; relacional o indirecta, se excluye a la persona de los grupos o se le hace daño a través de rumores y, virtual o cyberbullying, se agrede a alguien por medios como Internet o teléfonos celulares. Muchas veces ocurre una combinación de formas.

En Colombia no hay estudios recientes que permitan establecer con precisión cómo está el país en materia de bullying escolar. Sin embargo, una encuesta realizada en 2009 a través de las pruebas estatales de calidad educativa SABER, en la que participaron 50.000 estudiantes de todos los departamentos, evidencia que el 29 por ciento de los alumnos de quinto grado y el 15 por ciento de los de noveno (cursos encuestados) fueron intimidados en los dos últimos meses.

También está claro que hay menos víctimas de acoso escolar en secundaria que en primaria, debido a que el fenómeno se focaliza en algunas personas, probablemente en las que los intimidadores perciben como más vulnerables.

Estudios llevados a cabo en la Universidad Javeriana de Cali que coinciden con los adelantados en otras ciudades, permiten señalar que la principal forma de intimidación es la agresión verbal, seguida de la exclusión y de la agresión física.

“Las mujeres se valen más de la intimidación social relacional o la exclusión, mientras que los hombres usan más la física. Son más los intimidadores hombres que las mujeres y los lugares donde con mayor frecuencia tiene lugar el bullying son en su orden: salones de clase, espacios de recreo o de actividades deportivas y lugares de poca visibilidad como baños o pasillos”, señala la psicóloga María Clara Cuevas, docente de la Universidad Javeriana de Cali.

En los colegios mixtos, las niñas tienen mayor capacidad para reforzar o detener la agresión cuando es llevada a cabo por niños. “Si la celebran, le echan más leña al fuego, pero si dicen ‘no me parece’, pueden frenarla”, afirma Carolina Piñeros, directora de la organización Red PaPaz.

El bullying puede ser identificado en los primeros años escolares, pero los casos empeoran a medida que aumenta el grado de escolaridad, alcanzando un pico en la adolescencia o entre los 11 y 15 años. “Su incidencia es mayor en los estudiantes de entre sexto y noveno grado”, dice Fante.

Ninguna novedad

La intimidación escolar no es un fenómeno nuevo, pero se ha convertido en tema de preocupación desde que la gente está más consciente de sus consecuencias (Ver recuadro). “A finales de la década de los 80 e inicios de los 90, se incrementaron en el mundo los estudios sobre este fenómeno”, asegura Fante.

Adicionalmente, desde hace más o menos tres años, los medios de comunicación empezaron a hacerlo más visible. El problema fue que esto vino de la mano de un uso indiscriminado del término y todo se convirtió en “matoneo”. Para María Clara Cuevas, lo más importante ahora es dejar de usar esta palabra, porque “matón” es un sicario y el niño que intimida no puede ser calificado de tal manera.

Poco a poco, se empezó a decir que docentes, papás, empleados, jefes… ¡Todo el mundo hacía bullying! Y como la palabra se convirtió en algo cotidiano, disminuyó la preocupación real sobre el tema. De ahí la importancia de tener claro que no cualquier agresión puede ser clasificada así.

La intimidación escolar es una forma de violencia que ocurre entre pares o entre estudiantes en el ambiente escolar y fuera de éste. No toda la violencia que tiene lugar en el colegio o entre estudiantes debe ser llamada de dicha forma. “Hay peleas o desacuerdos motivados por los conflictos que surgen en las relaciones interpersonales y eso no es bullying”, señala Fante.

Una de las causas más frecuentes pero menos visible por las que tiene lugar la intimidación escolar, es cuando un niño o una niña no cumple con los roles de género establecidos o con los comportamientos que la sociedad espera de un hombre y de una mujer. Es decir, cuando un niño no juega fútbol, es más amigo de las niñas que de los niños o cuando una niña se deja el pelo corto, no usa aretes y prefiere participar en actividades consideradas masculinas.

En ocasiones, la persona no es o no se ha reconocido como gay, lesbiana, bisexual o transgenerista (LGBT), aunque la intimidación también puede tener lugar cuando el estudiante se asume abiertamente como LGBT. A esta clase de acoso escolar se le conoce como bullying homofóbico.

Sin embargo, hay quienes no están de acuerdo con este nombre. Para María Mercedes Gómez, coordinadora regional para Latinoamérica y el Caribe de la International Gay and Lesbian Human Rights Commission (IGLHRC), las fobias vienen de un miedo irracional, mientras que estos casos no son muestra de una situación psicológica individual tratable como la fobia a las alturas. Esta clase de intimidación escolar es una extensión del prejuicio social (juzgar algo sin conocerlo) que existe frente a la diversidad sexual y de géneros.

El llamado bullying por homofobia es más difícil de detectar y de manejar que los demás, porque si un estudiante insulta a otro llamándolo “negro”, probablemente varios docentes o directivas de la institución intervendrán para decirle que eso está mal y que todas las razas merecen el mismo respeto.

Se lo buscó

No obstante, si es “marica”, la palabra utilizada para referirse a un niño que tiene comportamientos o ademanes considerados femeninos, menos personas frenarán la situación. En el fondo, existe una cierta aprobación o justificación a este tipo de agresiones. Carlos Motta, por ejemplo, recuerda que cuando fue víctima de bullying homofóbico nunca un profesor enfrentó a quienes ejercían las agresiones.

Por el contrario, algunas directivas de instituciones educativas, docentes, estudiantes y hasta padres de familia le dicen al estudiante que por no ser como los demás es que lo molestan. Lo responsabilizan de los ataques.

“Cuando en el colegio una persona sufría violencia física por este tipo de bullying se hablaba del tema, pero no desde la perspectiva de que un niño le pegó a otro porque asumió que era homosexual, sino desde lo negativa que resulta la violencia”,  recuerda Carlos.

Si normalmente el bullying pasa inadvertido para la mayoría de docentes, en estos casos es aún más frecuente: pocas veces tienen las herramientas y el interés de intervenir cuando a un niño le dicen “marica” o a una niña “machorra”.

Adicionalmente, los niños que son objeto de agresiones no acostumbran hablar de la situación con sus padres o profesores. Según Fante, los principales motivos por los que evitan abordar el tema son: la vergüenza que sienten por ser el centro de bromas de la escuela, temor a las represalias que puedan tomar los estudiantes intimidadores, creer que los adultos no los entenderán o que deben resolver solos la situación y no querer llevar más problemas a la familia o a los profesores.

Y con mayor razón, evitan tratarlo cuando han escuchado en su entorno que ser o parecer homosexual es un pecado, una enfermedad o una anormalidad. “Evidenciar que lo están molestando por eso no es nada fácil”, agrega José Fernando Mejía, director del Programa Aulas en Paz.

Ir a la página siguiente…

Nota: Este artículo forma parte del especial “Bullying por homofobia en Colombia”, llevado a cabo como parte de la convocatoria: “Inclusión e identidad en América Latina y el Caribe, la agenda pendiente para el desarrollo económico de todos”, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Todos los derechos Reservados. © 2013, Banco Interamericano de Desarrollo, uso autorizado. Las opiniones expresadas en esta publicación son exclusivamente de los autores y no necesariamente reflejan el punto de vista del Banco Interamericano de Desarrollo, de su Directorio Ejecutivo ni de los  países que representa.

Comentarios

Comentarios

Powered by Facebook Comments

  • MAURICIO

    y odio las personas homofobicas y machistas miren ustedes que paso en orlando florida de eeuu un homofobico machista entro a una discoteca a matar a unos chicos gays y herir otros chicos gays porque estaban celebrando el dia del orgullo gay gracias gay mauricio 35 años [email protected]