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El caso de Valerie

Género, diversidad sexual y cambio social.

Por  medio del arte y su trabajo en Santamaría Fundación, Valerie Herrera convirtió la intimidación de la que fue víctima tanto en el colegio como en la universidad, en una herramienta para enseñarle a la sociedad sobre las identidades de género.

casos de matoneo por ser transgénero
Imagen tomada durante un performance de Valerie Herrera. Foto: Cortesía/Juan Guillermo Pinzón.

Durante su vida escolar, Valerie Herrera fue víctima de bullying. En ese entonces, años noventa y primera década de 2000, era Juan Fernando (aún no había iniciado su tránsito de masculino a femenino) y sus compañeros le decían que parecía una niña.

Lo perseguían, lo golpeaban y sufría de violencia psicológica.

Entre segundo y cuarto de primaria, fueron los años más difíciles. Sabía que le gustaba más la ropa y los juguetes diseñados para niñas -fantaseaba incluso con ser una de ellas- pero también que eso era motivo de burlas y rechazo.

Así que en quinto grado decidió imitar el comportamiento de los otros niños: “tenía mayor conciencia de lo que ‘debía’ hacer”.

En esa época tuvo una profesora con la que su mamá había hablado para decirle que estaba preocupada porque su hijo era “raro”. “Con las pocas herramientas que esta docente tenía para manejar el tema, me sugirió de manera amorosa que cambiara mi comportamiento para que los demás niños no me molestaran”.

En sexto grado, sus papás la cambiaron de colegio debido a que se habían trasteado de casa: pasó de una institución estrato dos a una estrato tres de Cali.

Ese año fue más o menos tranquilo, pero en séptimo cuando su identidad femenina fue más evidente, las agresiones se recrudecieron, no solamente por parte de compañeros de curso sino por estudiantes de grados superiores.

“Entre los 9 y los 18 años no entendí muy bien qué era lo que me pasaba. No sabía qué me faltaba. Me identificaba como un hombre gay aunque no me sentía cómodo con el término”. Además, el hecho de que se asumiera de esa manera, lo convertía en una especie de delincuente para padres de familia y directivas.

En bachillerato, la intimidación aumentó porque contaba con cierta aprobación de los docentes. “Muchos actos sucedían en frente de ellos y no hacían nada, excepto por una maestra, lesbiana, pero yo era la única persona que lo sabía”.

En una ocasión, un docente le solicitó a Valerie llevar un mensaje a un salón de clases. Al salir del aula, un estudiante le gritó algo y el profesor que dictaba la clase dijo: ‘uy sí, qué loca’. “Comenté lo sucedido en coordinación y la respuesta fue: ‘eso le pasa por comportarse así’”.

Valerie no aceptó la explicación y envió una carta a la dirección del colegio. Sus papás también intervinieron hasta lograr que sancionaran al docente. Sin embargo, no se destinó un espacio para reflexionar sobre lo sucedido. Es más, en el colegio se volvió normal que le dijeran “loca”.

En 2009, Valerie se graduó de bachiller de la Institución Educativa Industrial Diez de Mayo. Después estudió dos semestres de Salud Ocupacional pero no le gustó, así que se matriculó en Licenciatura en Educación Popular en la Universidad del Valle. Lo hizo como Juan Fernando Herrera.

En 2012, estando en tercer semestre, conoció más sobre identidades de género y empezó a contemplar la idea de ser reconocida como mujer. A los 21 años, cuando conoció a Angie -quien empezó su tránsito de hombre a mujer mientras estudiaba sociología- se animó para darle vía libre a Valerie.

En la universidad el asunto no ha sido fácil. Un día, estando en el baño de mujeres, una compañera que conocía su historia, le dijo que no debía estar ahí porque era un hombre. Cuando Valerie salió del baño, se la encontró nuevamente en un pasillo. Y una vez más la agredió verbalmente.

Fue entonces cuando empezó a liderar actividades de resistencia mediante carteles que cuestionaban las normas de género, escribiendo sobre lo sucedido y preguntando quién definía qué personas podían entrar a cada baño.

El episodio llegó a la dirección del programa donde el asunto se abordó como un problema de convivencia. “Yo les dije que era discriminación porque los actos y el lenguaje de ella eran racistas, sexistas, machistas y homofóbicos”.  Sin embargo, la conclusión fue que Valerie no debía ingresar a los baños de mujeres hasta que su estética se ajustara más a su identidad femenina.

Desde entonces, mediante performances, ha venido informando a estudiantes, docentes y personal administrativo de la universidad, sobre el transgenerismo y las identidades de género. Por medio del arte y aprovechando su vinculación a Santamaría Fundación (organización que trabaja por la igualdad de derechos de las mujeres transgeneristas), busca aportar para que las identidades de género y las orientaciones sexuales diversas no sean motivo de discriminación sino de orgullo.

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Nota: Este artículo forma parte del especial “Bullying por homofobia en Colombia”, llevado a cabo como parte de la convocatoria: “Inclusión e identidad en América Latina y el Caribe, la agenda pendiente para el desarrollo económico de todos”, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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  • LiBia Du

    Una hermana muy guerrera a quien admiro mucho !!!
    Me pregunto ¿Por qué suceden este tipo de prácticas opresoras en este país pluriètnico y multicultural?
    ¿Qué se necesita para contrarrestar dichos actos?