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El comienzo del fin del bullying por homofobia

Coordinadora de proyectos en Sentiido. Doctora en Lenguas y Literaturas Romances (Universidad de California, Berkeley). Profesora de Género y Sexualidad y Literatura Latinoamericana en American University (Washington DC).

El reciente encuentro liderado por la UNESCO en Bogotá, sobre violencia homofóbica y transfóbica en las instituciones educativas de Latinoamérica, dejó importantes lecciones que vale la pena analizar.

como enfrentar el bullying en el colegio
Algunas de las personas que participaron en la “Consulta sobre Violencia Homofóbica y Transfóbica en las Instituciones Educativas”, liderada por la UNESCO. Juliana Martínez participó por Sentiido.

Del 28 al 31 de octubre, Sentiido se sumó al grupo de representantes de nueve países latinoamericanos que se reunieron para participar en la “Consulta sobre Violencia Homofóbica y Transfóbica en las Instituciones Educativas en América Latina y el Caribe”.

El evento, que tuvo lugar en Bogotá (Colombia), forma parte de la iniciativa “Educación y Respeto para Todos y Todas: Previniendo y Atendiendo el Bullying Homofóbico y Transfóbico en las Instituciones Educativas”, liderada por la UNESCO y apoyada por el Ministerio de Educación, Cultura y Ciencia de los Países Bajos. Durante cuatro días, los participantes se reunieron para compartir experiencias, retos y materiales, y promover la cooperación regional.

Uno de los primeros temas que se discutió fue el título de la consulta. Esto, debido a que los términos “homofobia” y “transfobia” pueden resultar engañosos, pues enfatizan en el aspecto psicológico e individual del rechazo a las personas LGBTI, dejando de lado su carácter estructural.

A pesar de que “heterosexismo” y “heteronormativdad” son palabras menos conocidas, resultan más pertinentes, pues ponen sobre la mesa las muchas maneras en las que una sociedad asume y fomenta la heterosexualidad en todos sus habitantes, dentro y fuera de la escuela.

Como varios participantes lo señalaron, para lograr sociedades realmente respetuosas de la diversidad es necesario cambiar el punto de partida. No asumir que todas las personas son o deben ser heterosexuales y cisgénero.

Por el contrario, es importante dejar de lado la idea de que la sociedad es y debe ser homogénea en términos de orientación sexual e identidad y expresión de género. La comunidad educativa es tan diversa como la sociedad misma, algo que más que “tolerarse”, debe celebrarse.

El peligro del currículo oculto

Otra de las preocupaciones planteadas en el evento fue la necesidad de visibilizar y desmantelar el llamado “currículo oculto” que subyace en la mayoría de instituciones educativas latinoamericanas. Se trata de esas nociones de género, sexualidad, raza y clase, entre otras, que indican cómo “debe ser” una persona.

El curriculo oculto recibe este nombre porque aunque usualmente no se enseña formalmente, se refuerza en las imágenes que se muestran (y no se muestran) en los libros, así como en los uniformes, las expectativas y normas de comportamiento y en el uso del lenguaje. Permea la cultura educativa aunque pocas veces se enuncie de manera explícita.

Este currículo promueve la idea de que las niñas deben ser frágiles, emocionales, usar falda y cuidar su virginidad hasta que estén listas para ser madres. En contraste, los niños son ágiles, racionales, usan pantalones y pueden hacer alarde de sus conquistas sexuales a lo largo de sus vidas.

El currículo oculto se refiere solamente a familias constituidas por “papá y mamá” y califica de irresponsable e inmoral el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos.

De igual manera, normaliza —e incluso incita— la violencia contra las mujeres y las personas LGBT al insistir en una jerarquía natural entre hombres y mujeres y al promover la noción de que las personas con orientaciones sexuales e identidades de género no normativas son enfermas o pervertidas.

Otra de las fortalezas de la consulta fue su enfoque pragmático y estratégico. Durante cuatro días se compartieron ideas, información y materiales para remediar esta situación.

Es emocionante ver la cantidad de iniciativas que se han venido desarrollando en la región en los últimos años: cuentos para colorear, libros que explican en detalle la diferencia entre sexo, género, orientación sexual e identidad de género, manuales con actividades divertidas para todas las edades y hasta documentales que registran procesos formativos en el aula.

Asimismo, es alentador el compromiso de funcionarios que, a pesar de sus limitaciones institucionales y presupuestales, lideran esfuerzos para garantizar un espacio educativo seguro para todos los niños.

Es claro que países como Argentina, Uruguay y Cuba llevan una clara delantera en términos de promover una educación sexual científica y de reconocer los derechos sexuales y reproductivos de las personas, incluyendo los de niños y adolescentes.

Educación libre de prejuicios

Esto contempla una educación sin prejuicios religiosos, respecto a la diversidad sexual y de géneros, con miras a hacer de las instituciones educativas espacios libres de violencia y discriminación.

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En el evento participó Alba Reyes, la mamá de Sergio Urrego. La acompañan Mauricio Albarracín, director de Colombia Diversa y Camilo Rojas.

Por ejemplo, desde 2006 Argentina viene implementando el Programa Educación Sexual Integral. Esta iniciativa rescata la importancia del placer, más allá de una versión reproductiva de la sexualidad humana.

Además, reconoce y celebra la diversidad sexual en la naturaleza y los seres humanos. El programa empieza desde el jardín infantil con educación sobre los distintos tipos de familias y se extiende a los últimos grados del bachillerato con el análisis de términos como “heterosexismo” y “heteronormatividad” y su impacto en la vida de los propios estudiantes.

Esto no podría hacerse sin un amplio programa de formación para maestros. Y Argentina ha diseñado capacitaciones donde resulta esencial el apoyo y la participación de las directivas para que estas políticas puedan tener éxito en las aulas.

Por su parte, Uruguay compartió la reciente publicación de la “Guía Didáctica Educación y Diversidad Sexual”. Este esfuerzo resalta el compromiso del gobierno y la capacidad de trabajo conjunto con organizaciones de la sociedad civil para crear materiales donde los maestros puedan revisar y ampliar sus percepciones sobre la diversidad sexual y de géneros. También les ofrece herramientas para trabajar estos temas en aulas y escuelas.

En este sentido, como dijo el activista colombiano Hernando Muñoz Sánchez, la diferencia entre los países que promueven avances legislativos “sin dientes” y los que muestran una clara voluntad política, es abismal.

Esto explica en parte la enorme brecha entre, por ejemplo, Uruguay y Argentina respecto de Colombia, donde el caso de Sergio Urrego hizo palpable la distancia entre la norma y la realidad de los estudiantes, así como las limitaciones de la legislación.

Esta historia es un triste y contundente recordatorio de que pese a que en el país exista el Sistema de Convivencia Escolar (Ley 1620), la situación de los estudiantes con orientaciones sexuales e identidades de género diversas sigue siendo precaria y con frecuencia desesperada.

Más aún, como lo señaló Mauricio Albarracín, director de la ONG Colombia Diversa, el Sistema de Convivencia Escolar tiene un importante vacío porque deja por fuera a quienes con frecuencia más violentan a los estudiantes LGBTI: las directivas, el (supuesto) personal de apoyo de los colegios (consejeros, psicólogos, etc.), y los padres de familia.

Ni algo normal, ni algo de la edad

En este encuentro también se reflexionó sobre el uso del término bullying. Por una parte, su uso advierte el comienzo del fin de la percepción de la violencia escolar como “algo normal”. Cada vez hay más consenso en que no se trata de una “etapa normal” del desarrollo, ni puede ser fácilmente dejada de lado con un simple “los niños son así”. Por otra parte, sin embargo, el uso (y abuso) del término genera preocupación por las importantes omisiones y limitaciones que conlleva.

La ley colombiana define esta palabra así: “conducta negativa, intencional, metódica y sistemática de agresión, intimidación, humillación, ridiculización, difamación, coacción, aislamiento, amenaza o incitación a la violencia o cualquier forma de maltrato psicológico, verbal, físico o por medios electrónicos contra un niño, niña o adolescente, por parte de un estudiante o varios, con quienes mantiene una relación de poder asimétrica, que se presenta de forma reiterada o a lo largo de un tiempo determinado”.

Sin embargo, la violencia en el ámbito educativo no puede reducirse al acoso entre pares. El caso de Sergio Urrego evidenció que muchas veces la persecución viene de los adultos que deberían estar garantizando la seguridad y bienestar de los estudiantes.

Con frecuencia, profesores, directivas, personal de salud mental y padres de familia abusan de su poder, persiguen, marginan y violentan a jóvenes que no encajan dentro de los limitados roles de género y una noción religiosa de la sexualidad encaminada exclusivamente a la reproducción.

Alba Reyes, madre de Sergio Urrego, resumió la situación de manera elocuente: “Somos nosotros los adultos los que estamos ciegos ante la evolución social y el desarrollo humano. Muchos suicidios suceden porque los adultos no queremos escuchar a los jóvenes, no queremos quitarnos el velo que tenemos en los ojos”.

Estados laicos

Colombia no es un caso aislado. En la región existe gran preocupación por la tensión entre la libertad educativa de las instituciones privadas —católicas en su mayoría— y la necesidad de aceptar que todas las naciones latinoamericanas son estados laicos.

Se requiere por tanto, de una educación mínima en valores ciudadanos que reconozca el principio de igualdad de derechos ante la ley, de niños, adolescentes y adultos sin importar, entre otros factores, su orientación sexual o identidad y expresión de género.

Resulta particularmente preocupante ver que los manuales de convivencia de las instituciones educativas se han convertido en la manera de incluir normativas discriminatorias bajo el argumento de la “libertad religiosa o de cátedra”.

Estos documentos no son ni pueden constituirse en legislaciones paralelas en franca contradicción con el espíritu pluralista e incluyente de muchas de las constituciones nacionales de la región.

La consulta concluyó con la redacción de una manifestación conjunta de los participantes en la cual se reafirma el compromiso de seguir trabajando para que todos los menores tengan realmente el derecho a acceder y  disfrutar de una educación libre de discriminación y violencia.

Pero fue Alba Reyes, la mamá de Sergio Urrego, quien mejor sintetizó la urgencia e importancia de seguir trabajando para que “social y legalmente se les dé a nuestros niños la libertad de ser”.

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