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“Era mejor cuando a todas nos decían maricas”

Elijo ser Chiki para hablar recio a los poderosos. También, porque soy chik. Soy una cuarentona sexy que tiene barba. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|

La Chiki habló con la artista y comunicadora Gaby Ángel Callejas sobre el proyecto fotográfico “Presencias diversas”, en el cual explora las posibilidades de las identidades de género.

cuando a todas nos decían maricas
La Chiki y Gaby Ángel Callejas durante una sesión de fotos con Diego Armando Amaya de Zerolimit.

Fotos: Cortesía de Gaby Ángel Callejas y Diego Armando Amaya – Zerolimit.

Gaby se fue para Londres hace años, con su pinta de muchacho intelectual y pelilargo, a estudiar fotografía: allí, se graduó de travesty.

Es una mujer cálida, sonriente y conversadora que ama las calles de las ciudades para recorrerlas en tacones. Se arregla como una diva para que yo la entreviste sobre su proyecto fotoperformático, Presencias diversas, que se estrenó en Bogotá en noviembre de 2014.

En la entrevista conozco a Diego: un fotógrafo joven, socio de Gaby. En la entrevista nos arreglamos como dos princesas y nos tomamos fotos.

Chiki: ¿Cómo nació el proyecto Presencias diversas?

Gaby: La idea empezó ya hace un tiempo. Es una propuesta que tiene que ver con mi búsqueda como artista y comunicadora sobre una manera de expresar la identidad de género de una forma en la que se puedan identificar muchas personas que conozco.

El mundo LGBTI, que todos los días le ponen una letra más, está tan lleno de rótulos que uno se da cuenta que el tema de diversidad es tan amplio que hay que quitar los rótulos.

¿No te gusta decir LGBTI?

No me gusta. Uno lo usa ya por necesidad. Siempre he tenido la idea, y lo decía en un performance: “era mejor cuando a todas nos decían maricas”.

Gran parte de las actividades de socialización en el ambiente gay está en la rumba. En el caso nuestro también los eventos culturales. Ahí empezamos a conocer primero a las amigas trans y entonces, a medida que transcurre su relación encontré las características específicas de nosotras.

Cuando empecé a relacionarme con las transformistas de Casa de Reinas o con las travestis, que algunas son trabajadoras sexuales, veían que yo era una transformista pero estaba casado con una mujer. Les parecía extraño que yo tuviera una preferencia por las mujeres.

Me preguntaban: ¿por qué te vistes de mujer para andar con mujeres? Entonces yo era un bicho raro.

Descubrí también hay una rivalidad muy grande entre las travestis y las transformistas, sobre todo en Bogotá y en Colombia, porque eso no se da en otros de los lugares que conozco.

Y ahí me surgía la pregunta de por qué nos discriminamos si la esencia de todas es la misma. Todas tenemos la misma semilla que germina de distinta manera: ese deseo muy intenso de representar el género opuesto.

Pero ahí volvemos a las etiquetas, ¿cómo entiendes eso del género opuesto?

La sociedad de todas maneras está determinada por la dinámica hombre – mujer. Es de las cosas más difíciles de transgredir, incluso dentro del ambiente gay. Yo fui descubriendo poco a poco mi identidad y fue difícil.

Cuando viví un tiempo en Nueva York, y ya empezaba en el transformismo, me iba a los bares gay a ver si encontraba personas como yo. Siempre he tenido el pelo largo y era menudita, flaquita, y en esos bares encontraba a unos tipos de chaquetas, grandes, musculosos y yo parecía una nena al lado de ellos.

Yo tenía claro era que me gustaba vestir de mujer.

Cuando llegué a Londres a estudiar fotografía, entendí que estaba en uno de los centros del transformismo mundial; allí hay una cultura del transformismo.

La descubrí cuando llegué porque estaba en esa búsqueda y empecé a ver que había bares transformistas, almacenes trans que ofrecían: “te transformamos en mujer”…

En las calles del centro había miles de transformistas de todas las condiciones y muchos como yo, con novia o con mujer y de todas las edades, viejos, jóvenes.

La razón de tus proyectos fotográficos ha sido contribuir desde la imagen a que haya un ambiente de más aceptación…

Yo creo que lo principal, sobre todo con Presencias diversas, es que tanto la comunidad LGBTI como los heterosexuales, acepten que hay gente diferente y que el hecho de que seas hombre no implica que tengas que andar de saco y corbata o que el hecho de ser mujer no implica que seas ultrafemenina.

Más allá del travestismo, hay otras personas como los chicos trans o sea las chicas que quieren ser chicos. Al principio me pareció rarísimo: si tantas añoramos ser mujeres, cómo puede haber mujeres que se quieran quitar las tetas.

Es un tema que he podido pensar por la gente que conozco pero creo que a una mujer no le importa expresar que puede tener sentimientos masculinos, en cambio un hombre no dice lo mismo. Al hombre la misma sociedad lo ha llevado a no poder expresar para nada su feminidad. Ni siquiera la ternura o las emociones. Y si se viste de rosado ya es marica.

¿Cómo es la evolución de tus proyectos fotográficos sobre este tema? ¿Es sólo algo que surge con Presencias diversas?

Hace parte de una continuidad porque en un trabajo anterior, que fue más una documentación personal de las transformistas y algunas transexuales, yo tenía ese privilegio de estar dentro del universo mismo y lograr retratos muy íntimos.

Pero cuando conocí otras personas como los chicos trans, empecé a decir: “¿Será que los retrato? porque de pronto no son mi tema”.

Y hablando con otras chicas que han sido mi fuente de inspiración, las Mujeres al Borde, les pareció muy chévere que alguien como yo llegara a su organización y tratara de entender sus propuestas. Ellas dicen que de eso se trata: de romper esquemas.

Lo que me gusta de lo que hago como artista es que es un trabajo de intimidad. Yo nunca retrato a una persona que no conozca. Casi todas las personas que retrato son personas con quienes tengo grandes amistades, de años, de haber compartido no sólo la rumba sino conversaciones y de conocernos bien, y eso hace que no sólo colaboren sino que se entreguen con tranquilidad.

Hablemos un poco de la forma del proyecto, de su presentación

La presentación nace de la casualidad, porque cuando hice la primera exposición en Pink Consultores aparecieron propuestas de que hiciera algo fotográfico, pero que se pudiera presentar en una forma teatral, con un público.

Por ejemplo, para presentar en colegios. Me proponían que pusiera las fotos y además hiciera una presentación, pero llegaba a los colegios y no había ni donde colgar la foto.

La idea primero surgió por buscar una solución técnica para colgar la foto. Se me ocurrió usar esos banners de publicidad que se ven en la calle y cuando vi el tamaño pensé que lo ideal sería hacer retratos de cuerpo entero de la gente, en tamaño real.

Obviamente por mi trayectoria, las chicas trans son todavía mayoría en mis fotos, son mis amigas. Después llegaron unos chicos trans con quienes había hecho teatro, como Zombie y aparece alguien muy especial que conocí en Mujeres al Borde que para mí representa mucho lo que decía antes: es una niña joven de 22 o 23 años que es modelo, pero una modelo alternativa, tatuada, muy linda; le gusta tambien el BDSM y le atraen mucho las travestis porque todo el tiempo coquetea y es muy abierta.

El tema es experimentar y no tener esa prevención generada por la religión y la educación. Los jóvenes, y sobre todo las mujeres, han evolucionado mucho más.

No sé si la sociedad es más permisiva con ellas.

En tu vida cotidiana, ¿cómo vives el transformismo?

Yo siempre he ido a todos los lugares y tengo una amiga que prefiere ir a los sitios hetero para hacer incidencia política. Muchas veces las transformistas amigas de Casa de Reinas, cuando me veían que me iba en pleno día con una amiga a un café, me preguntaban: ¿te dejan entrar a ese lugar?

Y yo pensaba: ¿por qué no me iban a dejar entrar? Yo nunca he tenido una mala experiencia. Teníamos más rechazo en los sitios gay.

¿Cuál es la proyección futura de Presencias diversas?

Cuando ya se dio la posibilidad de montarla, que fue un poco improvisado porque yo tenía la idea hacía rato y con Diego Amaya, de  Zerolimit Ecléctica Audiovisual, habíamos hecho un boceto de cómo se vería montado en el espacio.

Hemos estado hablando con la Dirección de Diversidad y puede ser que se integre a los proyectos de este año.

Queremos que se vuelva un espectáculo con múltiples posibilidades. Está diseñado como una intervención momentánea en la calle, con algunas de las chicas que se paran frente a su foto como una estatua.

Queremos que las personas tengan la posibilidad de un encuentro que normalmente es muy difícil por muchas razones. La principal: que nos tienen miedo.

Queremos romper el hielo y que cualquier persona se relacione; desde la abuelita hasta el joven estudiante.

 

…Hablamos largo, bebimos una cerveza en un bar para machas y quedamos en salir a taconear muy pronto por Bogotá.

Barrio La Candelaria, enero de 2015.