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Es feminismo: no humanismo ni “igualismo”

Género, diversidad sexual y cambio social.

Cuesta creer que todavía tanta gente no se identifique con el feminismo, un movimiento que busca eliminar la desigualdad entre hombres y mujeres. Antes de hablar de “feminazis” vale la pena entender qué es realmente el feminismo. #FeminismoParaDummies. 

Es feminismo: no humanismo ni igualismo
Hay una tendencia a restarle importancia a las desigualdades entre hombres y mujeres porque a muchas personas les incomoda pensar en cambiar esta situación. Foto: Cortesía Festival Mujeres Creadoras.

No es cool identificarse abiertamente como feminista. No es una palabra popular. Cuando alguien se reconoce de esta manera en un ambiente que no lo es, de inmediato vienen las miradas de “¿es en serio?” o los intentos de salvavidas de “no, lo que pasa es que tú crees en la igualdad que es distinto“. (Ver: ¡Si no fuera por el feminismo!).

Mucha gente le teme a la palabra “feminismo”. ¿Por qué? Porque está injustamente asociada con odio a los hombres, mal genio, falta de sentido del humor y ausencia de desodorante, explica la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie en su libro Todos deberíamos ser feministas, inspirado en su charla Ted.

Algunas personas dicen que, en vez de feminismo, sería mejor hablar de “derechos humanos”. Pero según Adichie, usar la expresión general “derechos humanos” supone negar el problema particular del género. (Ver: Decir “no”: un privilegio de los hombres).

Es una forma de fingir que no han sido las mujeres quienes se han visto excluidas durante siglos. Es una manera de negar que el problema del género las pone a ellas en el punto de mira“.

Adichie relata que una vez mientras hablaba de temas de género, un hombre le dijo: “¿Por qué tienes que hablar como mujer? ¿Por qué no hablas como ser humano?“.

Ese tipo de preguntas, agrega, son una forma de silenciar las experiencias concretas de una persona. “Por supuesto que soy un ser humano, pero hay cosas específicas que me pasan a mí en el mundo por el hecho de ser mujer“. (Ver: Feminicidio: crónica de una muerte anunciada).

Según explica, no es fácil tener conversaciones sobre género: ponen incómoda a la gente y a veces la irritan. “Hay una tendencia a restarle importancia a los problemas de género porque siempre incomoda pensar en cambiar las cosas“. De ahí que cada paso hacia la igualdad despierte reacciones en contra.

Hay quienes dicen que las mujeres están subordinadas a los hombres porque así es nuestra cultura. Pero la cultura nunca para de cambiar. La cultura no hace a la gente. La gente hace la cultura“, señala.

El techo de cristal

Esta escritora cuenta que un amigo suyo le decía que no entendía a qué se refería cuando ella hablaba de que “a las mujeres les tocaba más duro”: “Tal vez en el pasado fue así, pero ahora no“, le planteaba él. (Ver: 8 miradas al discurso de Emma Watson). 

Cuanto más arriba llegas, menos mujeres hay“, fue su respuesta. Otro ejemplo: el mundo está lleno de revistas y libros que les dicen a las mujeres qué tienen que hacer, cómo tienen que ser y cómo no si quieren atraer a los hombres. Hay muchas menos guías para enseñar a los hombres a complacer a las mujeres. (Ver: Un mundo más allá del “¡enloquécelo en la cama en 5 pasos!”).

Cuando suceden casos de violaciones a mujeres, mucha gente los censura, pero agregan: “¿qué estaría haciendo una chica en una habitación con cuatro hombres?“. Se ha educado a la gente para pensar que las mujeres son inherentemente culpables.

Entonces, ¿por qué cuesta tanto identificarse con un movimiento que promueve la igualdad, que está orientado a acabar con la subordinación de las mujeres y que le apuesta a sociedades libres de discriminación?

Porque el feminismo cuestiona las estructuras de poder y aquellas que han mantenido a los hombres como eje central de la experiencia humana. Pone sobre la mesa el dominio masculino sobre las mujeres, la familia y la sociedad en general“, explica la abogada Alda Facio en su texto Feminismo, género y patriarcado.

La mayoría de las corrientes feministas (porque no hay un solo feminismo) no se limitan a exigir más derechos para las mujeres, también cuestionan cómo se van a ejercer esos derechos y cómo van a transformar esas relaciones de poder.

Una de las expresiones más claras del poder masculino es el lenguaje: la palabra ‘hombre’ sirve para denominar tanto al varón como a toda la especie. Asimismo, las reglas gramaticales permiten que lo masculino incluya lo femenino“, señala Facio. (Ver: Yo, el feminista). 

A pesar de esto, y contrario a lo que se cree, el feminismo no pretende anular a los hombres. Mucho menos es la contraparte del machismo porque no busca sustituir la centralidad de los hombres por las mujeres. (Ver: Hombres ¿feministas?).

Su objetivo es poner las relaciones de poder entre hombres y mujeres en el centro de cualquier interpretación de la realidad. También, sugerir nuevas formas de construir los géneros que no estén basadas en la discriminación“, afirma Facio.

Una de sus premisas fundamentales es que todas las personas tienen el mismo valor. Si bien todos los seres humanos son diferentes, esto no significa una mayor valoración de un grupo (hombres) en detrimento de otro (mujeres).

El poder de las personas

Las teorías feministas también parten de la base de que la armonía y la felicidad son más importantes que la acumulación de riqueza a través del poder y la propiedad.

“El feminismo se opone al poder sobre las personas y propone el poder de las personas”, Alda Facio.

Según Facio, otra de las ideas centrales del feminismo es “lo personal es político”, acuñada en los años 60. Esto, debido a que la esfera pública está fundamentalmente reservada a los hombres para el ejercicio del poder político, social y económico, mientras que la privada es para las mujeres. Ellos, a su vez, transitan y gobiernan en ambos espacios.

“Lo personal es político” también se refiere a que las discriminaciones y violencias que sufren las mujeres no son un problema individual que concierne a la vida privada de cada una: lo que sucede en la intimidad forma parte de un problema social y político que requiere soluciones a ese nivel.

El feminismo plantea que la subordinación de las mujeres pretende el control de sus cuerpos y de su sexualidad por medio de discursos médicos, jurídicos y religiosos. (Ver: Aborto en Colombia, ¿qué ha pasado desde 2006?). 

Una muestra de este control es que tradicionalmente dentro del matrimonio es el marido quien tiene la autoridad, reflejada durante mucho tiempo en el deber de obediencia de la mujer y en no poder actuar por sí misma en el ámbito público jurídico.

Sin embargo, en teoría, desde hace muchos años la igualdad de las mujeres no debería cuestionarse, pues forma parte de la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1948.

Pero en la práctica, las diferencias entre hombres y mujeres, resultado de la anatomía de unos y de otras, han sido utilizadas para sustentar injusticias. Durante siglos se insistió en que las mujeres eran “biológicamente inferiores a los hombres”.

“El feminismo reconstruye la manera en que se simboliza la oposición hombre/mujer”, Marta Lamas.

Al otorgarle una importancia exagerada a las diferencias biológicas entre unos y otras y de dejar de lado las múltiples similitudes, se construyeron desigualdades: a los bebés con genitales masculinos se les asignan unas características y a las bebés con genitales femeninos, otras. (Ver: “Desde que las niñas son rosadas y los niños azules, estamos jodidos”). 

Así, señala Facio, mientras que de los hombres se espera un comportamiento agresivo, racional, activo y público; de las mujeres todo lo contrario: que sean dulces, emocionales, pasivas y hogareñas.

En otras palabras, más allá de la anatomía, la feminidad y la masculinidad son construcciones sociales y no características naturales. El género, como símbolo de las diferencias sexuales entre hombres y mujeres, ha definido a unos y a otras como seres “complementarios” con diferencias “naturales” y no como iguales.

Sexo vs. género

Si a los hombres se les asigna la racionalidad, a las mujeres la sensibilidad, si a ellos se les asigna el espacio público, a ellas el privado. A los hombres se les asignan las características y roles que la sociedad más valora. A las mujeres, los menos valorados“, afirma Facio. (Ver: La tal ideología de género, ¿de dónde viene y para dónde va?). 

O ¿cuántos monumentos hay al soldado y cuántos a la ama de casa?, pregunta Facio. Pero la interpretación de estas diferencias físicas, no sólo afecta a las mujeres al ubicarlas en un plano de inferioridad, también a los hombres: al asignar a las mujeres ciertas características y roles, los hombres quedan obligados a prescindir de estos.

“El género es una máscara con la que hombres y mujeres bailan su desigual danza”, Gerda Lerner.

El feminismo estalló justamente a partir de que por cuenta de las anatomías distintas de hombres y mujeres se diera por hecho que sus capacidades intelectuales y papeles sociales también debían diferir“, señala Marta Lamas en su escrito Cuerpo: diferencia sexual y género.

En la mayoría de culturas, la diferencia sexual es fundamento de la subordinación de las mujeres. Está la creencia de que ellas nacen para una sola tarea: la maternidad.

De allí se derivan otras señas de identidad como la crianza de los hijos y todo lo relacionado con el ámbito doméstico como lo “natural” de ellas. (Ver: “Ser mamá no es un instinto ni un mandato, es una elección”).

Esto es, que el sexo de la mujer la sitúa obligatoriamente al servicio de la familia y, en últimas, del hombre“, explica Juan Sisino Pérez Garzón en su libro Historia del feminismo. El punto está en diferenciar la posibilidad de la maternidad con el deber de la maternidad. Y separar, también, la vida sexual de la reproducción.

“El feminismo lucha por un orden social menos injusto, donde las diferencias no se traduzcan en desigualdades”, Marta Lamas

Todavía es más probable que sean las mujeres quienes hagan las tareas de la casa: cocinar y limpiar. ¿Por qué? ¿Acaso las mujeres nacen con el gen de la cocina o no será que a lo largo de los años han sido socializadas para que piensen que cocinar es su papel?“, se pregunta Chimamanda Ngozi Adichie.

Lo cierto es que el objetivo fundamental del feminismo está claro: reformular la definición de ser persona, sea en un cuerpo de mujer o en uno de hombre, lejos de la desigualdad fundamentada en las diferencias.

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El especial #FeminismoParaDummies fue posible gracias a la Fundación Friedrich-Ebert-Stiftung (FES):