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Estamos haciendo historia

Abogada, experta en Derechos Sexuales y Reproductivos. Activista feminista por la no violencia contra las mujeres y por la igualdad de derechos LGBT. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|

Es un privilegio formar parte de una historia que está llena de primeras veces. La audiencia pública sobre Matrimonio Igualitario que tuvo lugar en la Corte Constitucional de Colombia fue una de esas en las que tuve la oportunidad de estar.

matrimonio igualitario colombia
Algunas personas apoyaron desde afuera la audiencia pública sobre matrimonio igualitario en Bogotá.

Los magistrados de la Corte Constitucional de Colombia ya habían escuchado a las personas lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT). Lo hicieron hace casi 20 años, cuando ni siquiera se nombraban de esa manera y se debatía la eliminación de la homosexualidad como causal de mala conducta en el estatuto docente.

No estuve en esa audiencia, me enteré de ella por televisión. Los detalles los conocí años después cuando pude conversar con quienes la protagonizaron.

Los casi veinte años de diferencia entre una y otra, no solo se notan en las canas de quienes repitieron sino en los argumentos y las voces involucradas: hace veinte años solo había activistas tratando de mostrar la discriminación.

En la última audiencia estuvieron representantes del gobierno nacional, agencias internacionales de Derechos Humanos, expertos académicos del país y de fuera y representantes de universidades muy reconocidas. Muchas voces diciéndole a la Corte: la discriminación es inaceptable y ustedes pueden resolver el tema.

Llegaron saludos y energías de todos los lugares del país. Hubo gente conectada en cientos de municipios. Recibimos voces de apoyo de activistas de la región latinoamericana y del mundo.

Mucha gente vibrando en la misma frecuencia y enviando energía para que aquí todo salga bien, porque cuando ganemos, y ganaremos, ese mensaje llegará con fuerza a otros países de América Latina. El mensaje es claro:

Sí se puede. A pesar de todo. Se puede.

En la audiencia resultó imposible no llorar. Una de las parejas que me conmovió vive en una ciudad intermedia, con unas condiciones de orden público muy complejas y están dando una batalla ejemplar por su amor.

Otra de las parejas de Bogotá contó cómo vive en la informalidad, llevan casi 30 años juntos, son vendedores ambulantes y no quisieron aparecer directamente porque consideran que puede ser un riesgo para su seguridad. También lloré con su testimonio.

Unos a cara descubierta, otros con la cara oculta. Un claro ejemplo de cómo opera la discriminación y de lo que nos lleva a hacer.

A la pareja que vino de fuera de Bogotá la busqué en algún receso de la audiencia y les dije: “yo llevo casi 20 años en esta causa, pero lo que ustedes han hecho hoy es tan valiente, tan poderoso, tan trascendental, que comparado con eso, ¡por acá no hemos hecho es nada!”.

A las otras parejas que participaron les he dicho muchas veces que me hace feliz conocerlos y saberlos compañeros de esta causa.

La lucha por el matrimonio igualitario no es una lucha caprichosa. Sin embargo, tiene serios detractores entre las mismas personas que podrían beneficiarse de ese avance.

Siempre me sorprende escuchar críticas enconadas contra este punto de la agenda por la igualdad. Reproches por ocuparnos de lograr el acceso a una institución opresora, que ha sido escenario de violaciones de derechos, especialmente hacia las mujeres y por dejar de lado, dicen los detractores, temas de otra índole, como la identidad de género.

El triunfo del matrimonio igualitario marcará un punto de inflexión muy importante. Estoy convencida de que es el escollo más grande que persiste en la ley y superarlo permitirá avanzar en hacer más concreta la igualdad para todas las personas, más allá de las leyes.

No tiene sentido pelear contra quienes hemos involucrado nuestra vida en este tema. No tiene sentido discutir entre nosotros por estos asuntos. Así como muchas personas L, G, B o T no se quieren casar y encuentran absurda nuestra lucha, muchas personas L, G, B o T no estamos pensando en realizar ningún tránsito en nuestra construcción identitaria, pero estamos dispuestos a apoyar esa causa con tanta pasión como hemos defendido el matrimonio.

En todo caso, esta vida es muy corta para vivirla solo para uno mismo. Desde cada lugar en el que uno esté, con cada acción grande o pequeña, con causas comunes o distintas, con difusión en medios o solo para los amigos o la familia, cada vez que decimos o demostramos que tenemos los mismos derechos que los demás, estamos dando un paso enorme que beneficia a miles de personas. Estamos haciendo historia.

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