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Feminismos innovadores

Género, diversidad sexual y cambio social.

Yela Quim

Socióloga, feminista, lesbiana, gorda y artivista (arte + activismo). Le apuesta al rap como un camino de lucha, transformación, complicidad y sanación.

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“Una forma de hacer justicia es a través de la memoria, la lucha social y de un arte que dignifique nuestras vidas”.

 “El rap me eligió con la intención de dar un mensaje”

Tiene 33 años y empezó su lucha por la igualdad acercándose al movimiento LGBT de Bogotá. Allí se estrelló con machismo y misoginia. “Hay unos estereotipos importados marcados por el capitalismo y por ideas de lo que supuestamente significa ser gay que están muy lejos de nuestra realidad“. (Ver: ¡Somos gais y nos vemos como gais!).

Muchas personas homosexuales, asegura Yela, frecuentan bares donde para entrar hay que presentar casting y en donde, de plano, les niegan el ingreso a mujeres gordas o masculinas. “Son espacios donde se habla de diversidad pero hay racismo, sexismo y clasismo“. (Ver: Derecho de admisión vs discriminación en bares LGBT).

“Ser lesbiana, feminista y gorda es una forma de dinamitar el sistema, de decir no estoy al servicio de los hombres ni del machismo”.

Todo esto la llevó a enfocar su lucha en las desigualdades de las mujeres. Con otras mujeres que conoció por el camino creó la organización “Somos mujeres diversas” donde informaban sobre derechos sexuales y reproductivos, diversidad sexual y de género y violencia de género en una época en la que era aún más difícil abordar estos temas.

Alguna vez mientras caminaban por la Carrera Séptima con Calle 19, en Bogotá, vieron a unas chicas con un cartel que decía “la revolución será feminista o no será”. Y su respuesta fue “¡uy qué radicales!”. Hoy está convencida de que la revolución será feminista o no será.

1. ¿Cómo llegó a la mezcla de rap y feminismo?

En abril de 2016 fui a un encuentro en Medellín llamado “Polifonías de mujeres por el fin de la guerra”. Uno de los paneles era “Hip Hop y feminismo”, lo que me invitó a interesarme en el tema. En todo caso la música siempre me ha gustado. Hace años formé parte de un grupo de música andina.

“El feminismo nos salva, nos sumerge en un mundo donde la autonomía es posible y la vida se dignifica”.

Creo, además, que el rap vino a sanarme. Me eligió con la intención de dar un mensaje. De esta manera empecé a cantar y gracias al apoyo de la manada o de la tribu, mis compañeras de lucha, terminé subida en un escenario.

Me dirijo principalmente a las mujeres, las letras hablan de nuestra cotidianidad, del contexto en el que vivimos y de las mujeres que me rodean. Aunque también quiero hablar de su papel en la guerra y de diversidad sexual.

“El rap permite aterrizar el feminismo a la cotidianidad, a  palabras que la gente entiende”.

Quien quiera puede hacer rap. Lo importante es tener claro el mensaje y arrancar. Eso fue lo que yo hice. El rap es un camino transformador y sanador no solamente para quien lo hace sino para quien lo recibe.

A veces el feminismo no sale de la academia y se queda en teoría y yo creo que sus postulados deben llegarles a todas las personas. En ese sentido, el rap es una herramienta para que su mensaje atraviese a la gente. Por ahí se logra la transformación.

“Se cree que varias mujeres juntas no pueden trabajar, pero esta idea es una trampa del machismo para que compitamos entre nosotras”.

Es cierto que la palabra “feminismo” aún está muy estigmatizada, pero el problema es de quienes no se dan la oportunidad de conocer este movimiento. En esto influyen los medios, las tradiciones, las religiones y el machismo de quienes tienen el poder.

2. ¿Por qué apostarle al rap y no a otro género musical?

Haber tenido la oportunidad de conocer rap feminista me motivó mucho. Además, tengo la facilidad de la rima y de la composición en este tipo de métrica.

También es un género con el que me identifico. Yo me siento en la frontera. Si bien tuve un privilegio educativo, no fue fácil obtenerlo y vengo de un sector social que ha tenido que luchar contra la pobreza.

Hay dolores que me atraviesan: yo fui una mujer sexualmente abusada en mi infancia y mi padre fue asesinado en el período de la guerra contra el narcotráfico. (Ver: Mi proceso de aceptación del abuso sexual).

3. ¿Por qué apostarle a la música para buscar cambios sociales?

Es una manera de tocar a la gente y de sanarse. Cuando uno exterioriza lo que vive con letras resulta más efectivo que cualquier terapia psicológica a la que muchas veces no tenemos la oportunidad de acceder.

También hay un proceso de sanación colectivo. El sistema penal no necesariamente se ajusta a la justicia que necesitamos y una forma de hacer justicia es a través de la memoria, la lucha social y de un arte que dignifique nuestras vidas.

Feminismos innovadores4. ¿Qué le falta al activismo en género para llegarle a más gente?

Trabajo comunitario. Más compromiso social, que la gente piense en su barrio, en su gente, en su familia y en su cotidianidad. No se trata de limitarse a participar en marchas al otro lado de la ciudad, sino de actuar en la misma casa y con la gente que nos rodea.

Nos hace falta entender que no todo puede quedar en teoría, sino que hay que trabajar, con amor y afecto, con quienes nos rodean.

5. ¿Cómo aporta su propuesta de rap a la igualdad de género?

Apoya y acompaña la cotidianidad a través de la palabra y de una música que carga la energía de las personas. En ocasiones me he acercado a lugares donde están escuchando mis temas y eso es muy chévere y a veces cuando termino de cantar, la gente me dice que se identifica con mis letras. Ahí encuentro el verdadero sentido de todo esto.

“Quiero desestigmatizar el rap y dejar de relacionarlo con criminalidad”.

El rap, esta tradición oral de origen africano, nos permite conectarnos y construir una identidad y una complicidad que nos aporta fuerza para seguir en estos contextos tan violentos en los que tenemos que vivir.

6. ¿Cómo ha cambiado el rap su cotidianidad?

Soy una mujer más saludable, vivo más feliz. Aunque en este momento el rap no me permite ser sostenible económicamente, emocionalmente sí. Es muy importante lo que le aporta a mi vida, a los niños y a los jóvenes de mi familia y a la relación con mi mamá.

También es invaluable la articulación que me permite con mis hermanas feministas e incluso no feministas. Es una apuesta a la lucha social y a la resistencia anti machista.

 Al principio a mi familia le pareció rara mi propuesta de rap, pero ahora les gusta y me apoyan”.

En mi barrio no he sido tan visible por ser rapera sino por ser una lesbiana orgullosa. Por fortuna yo cuento con el apoyo de mi familia, porque al principio iban a decirle a mi mamá “algo terrible”: a tres cuadras, su hija se está dando besos con otra mujer.

Eso en últimas también fue pedagógico y ayudó a que mi mamá no les prestara atención a esos comentarios. Generó transformación.

Feminismos innovadoresQuiero seguir haciendo rap y tengo la intención de grabar un disco. La idea es viajar para llevar el mensaje a otros lugares. Yo hago talleres de rap porque creo que este género debe llegarle a más gente para que puedan expresarse a través de la música.

El 70% de mi tiempo lo dedico al rap. Trato de asistir a las organizaciones sociales que me convocan siempre y cuando perciba un sentido comunitario, que están trabajando desde abajo porque mi propuesta no es solo artística sino también política.

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