Inicio Expresiones Historias comunes con protagonistas homosexuales

Historias comunes con protagonistas homosexuales

Profesional en Estudios Literarios y Magíster en Literatura y Cultura del Instituto Caro y Cuervo. Candidata doctorado en Español y Portugués en la Universidad de Massachusetts. Descansa montando en bicicleta, tomando fotos y haciendo yoga.

Hace casi cien años, el escritor brasileño Mario de Andrade, a través de su obra “Frederico Paciencia”, empezó a explorar un terreno que aún está por conquistar: contar historias con personajes homosexuales. 

historias de personas homosexuales
“Faltan más historias apasionantes, pero con personajes homosexuales”. Foto: David Martín Castillo.

Llevo ya varias semanas evadiendo el compromiso de escribir para Sentiido aunque hace más de un mes sé cuál es el cuento sobre el que quisiera escribir: “Frederico Paciencia” (1924) del escritor brasileño Mario de Andrade.

Tuve tres ideas pero a medida que desarrollaba cada una había algo que no terminaba de convencerme.

Aún así persistía la idea de que era un cuento que había de dar a conocer en esta página. Veamos qué ideas eran y cómo fui descartándolas.

La primera era analizar la tristeza de la voz narradora. Un viejo nos cuenta cómo en su adolescencia conoce a Frederico, cómo se enamora de él y cómo ese amor queda frustrado.

El tono del cuento es maravilloso y está lleno de insinuaciones, de figuras llenas de luz y de oscuridad, sobre todo está lleno de erotismo. Es justamente la combinación de ese erotismo junto con el fracaso de la realización amorosa la que hace contundente la tristeza en la voz narradora.

De alguna forma estaba segura de que la tristeza estaba dada por el hecho de no haber reconocido su homosexualidad.  A la tercera línea ya tenía el final de esa gran disertación: “salir del clóset para no tener esa voz triste”.

Entonces me di cuenta de que también yo cargo con más de una tristeza por amores que no terminaron, que quedaron llenos de promesas o expectativas. Es decir, comparto con el narrador de “Frederico Paciencia” el mismo sentimiento: el fracaso de la realización amorosa.

Por tanto, la idea de la tristeza por no hacer pública su orientación sexual quedó descartada. No había ahí nada de particular, ni de exquisito. Es algo más que común. A no ser que Machado y yo seamos los únicos que llevamos un saco de amores frustrados…

La segunda opción fue analizar las descripciones físicas. Al principio el narrador habla de Frederico como un ser lleno de luz y con una corporalidad extrema. Poco a poco le va otorgando características que parecen de dioses griegos y luego, llega a tal admiración por Frederico, que quiere pertenecerle.

Me resultaba interesante la descripción de esa musculatura y la larga lista de cualidades divinas que le otorga. Esa hipótesis de lectura no duró más de dos líneas porque rápidamente me di cuenta que el artículo no sería más que una larga enumeración de citas que confirmaran lo que estaba diciendo. Poco había ahí de propuesta de lectura.

Estaba descubriendo que el agua moja: ¿Cómo se enamora uno si no es admirando al otro, poniendo lente de aumento en sus cualidades, comparándolo con dioses? ¿Quién no se ha sentido deslumbrado por el ser que ama?

Los problemas del amor

Entonces pensé en hablar de las partes “problemáticas” del cuento: cuando descubren que están enamorados. Los chicos empiezan a evadirse, se miran pero no se acercan y desean irremediablemente el momento de estar solos.

En cuanto alguien los molesta porque se da cuenta de lo que está sucediendo, el narrador lo coge a golpes. Pero eso tampoco es nuevo: también yo huí de los ojos de mis primeros amores, me sentía descubierta en mi mayor intimidad cuando alguien insinuaba que un chico me gustaba y varias veces tuve ganas de matar a quienes se burlaban de mis sentimientos. Así es que el cuento no estaba haciendo nada más que contar una historia de amor adolescente.

Pasé por  la ingenua idea de buscar una traducción y al no encontrarla me propuse traducir el cuento creyendo que lo maravilloso estaba en el lenguaje.  Empecé a hacerla pero al tercer párrafo descubrí que sólo estaba evadiendo el problema real que el cuento me presentaba: me obsesionaba hablar de él pero no sabía por qué.

Estaba convencida de que “Frederico Paciencia” era un cuento excepcional pero todo me señalaba que sólo cuenta una historia de amor entre adolescentes, sin nada más, casi plano. Entonces descubrí que lo único particular era que estaba contado por la voz de un hombre que confesaba haber estado enamorado de otro chico en su adolescencia.

El valor no estaba en el cuento sino en lo excepcional de este protagonista en el universo de artefactos culturales a los que tenemos acceso. Es decir, dentro de estos años como lectora son pocos (por no decir que ninguno) los libros que he leído que tengan protagonistas homosexuales.

Quisiera detenerme en este punto. Las librerías se están llenando de libros con temáticas homosexuales, hay mucha basura y una que otra buena obra, como en cualquier género literario.

Pero lo que creo que nos hace más falta son libros infantiles, películas, teatro, en los que haya  historias tan apasionantes como “Madame Bovary” (Flaubert), “Crimen y castigo” (Dostoievsky) o “Cien años de soledad” (García Márquez) en las que los personajes sean homosexuales.

El problema entonces no estaba en el cuento sino en mi biblioteca, en que durante mis cuentos infantiles jamás leí algo relacionado con el problema de género, que en el cine “Adele” me sorprendió hace poco… Y no quisiera sorprenderme, quisiera poder acercarme con absoluta naturalidad.

Es entonces cuando se descifra mi obsesión con el cuento: en 1924, hace casi cien años, Mario de Andrade empezó a explorar un terreno que aún está por conquistar, el de contar historias comunes de seres comunes que han sido excluidos.

Creo que la literatura nos da herramientas para construirnos, para contar nuestras propias historias y para saber que no estamos solos.

Quizá si hubiera leído “Frederico Paciencia” a los doce años me habría sentido más acompañada en mi miedo, en mi vergüenza de estar enamorada, quizá entendería con más facilidad esta tristeza de las promesas sin cumplir. Con seguridad, sería más astuta y podría desligarme de la sorpresa ante “Frederico Paciencia” para hacer un artículo decente.

* Tiene una maestría en Literatura y Cultura del Instituto Caro y Cuervo. Ha trabajado en el Ministerio de Cultura y en la Red de Bibliotecas del Banco de la República. @pilarosoriolora / pilarosoriolora.blogspot.pt