Hombres que se “vuelven” mujeres

Hombres que se “vuelven” mujeres

Coordinadora de proyectos en Sentiido. Doctora en Lenguas y Literaturas Romances (Universidad de California, Berkeley). Profesora de Género y Sexualidad y Literatura Latinoamericana en American University (Washington DC).
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­La noticia de que la modelo serbia Andreja Pejic quiere ser reconocida como mujer, muestra la urgencia de que en los medios masivos se aprenda a tratar la diversidad y las identidades de género.

que es ser transgenero
Pantallazo tomado de la publicación digital de Revista Semana, en el que se muestra la forma como se manejan las identidades de género.

El pasado 30 de julio la revista Semana reportó el caso de Andreja Pejic, la modelo de origen serbio que recientemente encabezó titulares al hacer pública su cirugía de reasignación genital y compartir su experiencia como mujer transexual.

Que los medios de comunicación visibilicen las experiencias y logros profesionales de las personas trans es destacable. Sin embargo, es indispensable que, como con cualquier otro tema, lo hagan de manera responsable e informada, pues de lo contario refuerzan estereotipos que contribuyen a la discriminación, marginación e irrespeto de comunidades e individuos.

El artículo de Semana sobre Andreja Pejic es un claro ejemplo de esto. La concepción de que las mujeres trans son hombres que se visten, actúan e incluso se operan para “parecer” mujeres es uno de los prejuicios más arraigados pues pueden tener funestas consecuencias para muchas personas.

Con su título, subtítulo y primeras frases, el artículo asume que Pejic “se volvió mujer” al decidir hacerse la cirugía de reasignación genital y que por eso ahora tiene un nombre nuevo y sólo participará en pasarelas para mujeres.

Parte del problema con esta información es que junta la idea de sexo con la de género. Es decir, asume que la identidad de una persona está ligada a sus genitales y por eso insiste en saber qué es lo que todo el mundo tiene entre las piernas. Como dijo recientemente Diane Rodríguez Zambrano de la Asociación Silueta X de Ecuador, “es como si el estado y la sociedad entera nos estuvieran bajando la cremallera todo el tiempo”.

Una cosa es el sexo y otra el género

El sexo y el género son dos conceptos distintos. El sexo está asociado a la composición anatómica y cromosómica de los cuerpos. El desarrollo de las características físicas, hormonales, cariotípicas y fenotípicas que utilizamos para clasificar un cuerpo como “femenino” o “masculino” es un proceso biológico, social y culturalmente complejo.

Sin embargo, en la mayoría de los casos lo que usamos para determinar el sexo de las personas es la parte más externa del mismo, es decir los genitales. Por eso, desde antes de nacer se escudriña en la entrepierna del feto para “saber si es niño o niña”,  y cuando existen dudas sobre el género de una persona la mirada y la discusión vuelven al mismo lugar.

Pero como he explicado en otra parte, en vez de simplemente señalar que el feto tiene pene, lo que se está diciendo es: “serás un niño y en consecuencia no llorarás, serás fuerte, jugarás con carros, te gustarán las mujeres”. Sin embargo, ninguna de estas características está relacionada con la presencia o ausencia de un pene sino con la identidad de cada individuo, con su personalidad y con la percepción única que cada quien tiene de su propio género.

Por género se entiende la construcción social del sexo. Los comportamientos que hacen que seamos percibidos como “hombres” o como “mujeres” en nuestras sociedades pertenecen al género, no al sexo.

El género es la noción, cultural e históricamente específica, de que “las mujeres” son de cierta manera y “los hombres” de otra; el mito reproducido por un sinnúmero de revistas, libros y comedias románticas de que las mujeres son de Marte y los hombres de Venus.

Pero los genitales, los órganos reproductivos o los cromosomas no necesariamente corresponden con la identidad y expresión de género de las personas. Alguien que tiene un pene puede identificarse como mujer y tiene el derecho de ser reconocida y tratada como tal.

Aquí es donde el artículo resulta problemático pues en su título y en distintas ocasiones usa pronombres masculinos para referirse a Pejic e insiste en usar el nombre que Andreja cambió y ha dicho públicamente no querer usar.

Aunque la revista Semana reconoce que Pejic desea ser tratada como mujer, el artículo la trata como hombre al continuar utilizando estructuras gramaticales masculinas y priorizando su sexo asignado a su identidad de género.

Más aún, la insistencia en que es la operación genital lo que “hace” mujer a Andreja o a cualquier mujer trans tiene trágicas consecuencias. En muchos países, Colombia incluido, el sexo en los documentos de identificación sólo puede cambiarse después de haber tenido una cirugía de reasignación genital.

Los documentos de identificación

Debido a los costos de estos procedimientos así como a la exclusión sistemática que las personas trans sufren al intentar acceder a derechos básicos como la salud, hacen casi imposible la obtención de este procedimiento para la mayoría, y en consecuencia perpetúan la discriminación institucional y la violencia administrativa que dificulta el acceso a la educación, el trabajo digno, el sistema bancario, etc.

Otro problema serio derivado de esta preconcepción es el requisito de la libreta militar para las mujeres trans en Colombia. Los varones colombianos mayores de dieciocho años tienen que prestar servicio militar obligatorio, y en consecuencia en muchas instancias oficiales y laborales deben presentar un documento llamado libreta militar que comprueba que han cumplido con este deber.

Las mujeres trans que no se han operado son consideradas hombres por el Estado y en consecuencia se les exige la prestación de este servicio y constantemente se les solicita la “libreta”. Esto vulnera aún más su acceso al trabajo y la educación y puede incluso ponerlas en serio peligro al ser llevadas a batallones del ejército donde con frecuencia son objeto de abuso físico, sexual y psicológico.

Además, el creer que una vagina es lo que hace a una mujer invalida la experiencia de vida y el proceso de autoidentificación de miles de mujeres que no pueden o no quieren someterse a procedimientos médicos o tratamientos hormonales para afirmar su feminidad.

Pejic tomó la decisión de hacerse una cirugía de reasignación genital y esto es una decisión personal completamente respetable. Para sentirse bien como mujer ella quería tener ciertas características físicas. Sin embargo, esto no es lo que la volvió mujer. Si se identificaba como tal, Pejic debía ser reconocida como mujer antes de ésa o cualquier otra intervención corporal.

Existen personas que tienen un pene con el que se sienten bien, y se identifican como mujeres, existen personas que disfrutan el placer que sus senos les dan y se identifican como hombres, están quienes prefieren vivir su feminidad transformando su cuerpo para que tenga la apariencia que comúnmente asociamos con un “cuerpo de mujer”, y también quienes prefieren no usar ninguna de estas clasificaciones y disfrutar de su cuerpo y sus emociones de manera fluida sin limitarse a ninguna categoría.

Es necesario que quienes informan se informen también y escuchen activamente a las personas con identidades y sexualidades diversas, pues ésta es una manera de dejar de reproducir estereotipos dañinos y presentar información correcta y balanceada que contribuya a la construcción de una sociedad realmente igualitaria, democrática y justa.

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