Ideas para respetar la diversidad sexual en los colegios

Ideas para respetar la diversidad sexual en los colegios

Coordinadora de proyectos en Sentiido. Doctora en Lenguas y Literaturas Romances (Universidad de California, Berkeley). Profesora de Género y Sexualidad y Literatura Latinoamericana en American University (Washington DC).
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Aunque el Consejo de Estado reiteró que los colegios deben revisar sus manuales para evitar el acoso escolar, hay muchos otros aspectos a los que les deben prestar atención.

Diversidad sexual en los colegios
Una educación abierta a la diversidad sexual no debe limitarse a lo que diga el manual de convivencia. Es necesario ir más allá. Foto: Takeshi Kawai con Creative Commons.

El pasado primero de octubre el Consejo de Estado colombiano le recordó a los colegios públicos y privados que tienen la obligación de hacer cumplir la ley 1620 de 2013. Es decir, aquella que se refiera al Sistema nacional de convivencia escolar y formación para el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos y la prevención y mitigación de la violencia escolar.

Después de que el tribunal analizara una tutela interpuesta por la madre de un estudiante de noveno grado quien alegaba que su hijo había sido víctima de matoneo escolar debido a su orientación sexual, la magistrada María Claudia Rojas fue clara: “los colegios tienen que ser respetuosos de las orientaciones sexuales de las personas”.

Estos pronunciamientos del Consejo de Estado están alineados con la sentencia T- 478 de 2015. Basada en la tutela interpuesta por Alba Reyes, la mamá de Sergio Urrego, la sentencia conmina a los colegios a implementar la Ley de Convivencia Escolar, y en particular, a ser respetuosos de la orientación sexual de sus estudiantes. El alto tribunal es perentorio: los colegios tienen un plazo de un año para revisar sus manuales de convivencia y asegurarse de que no haya directrices discriminatorias.

Estas acciones dan cuenta de un profundo cambio legal y cultural en Colombia. Por una parte, hay una legislación cada vez más robusta que reconoce y protege la igualdad de la población colombiana ante la ley sin importar no sólo su sexo y raza, sino también, de manera explícita, su orientación sexual y/o identidad de género.

Además, el hecho de que ambas declaraciones sean el resultado de acciones interpuestas por las madres de las víctimas, señala que las madres y los padres de familia están cada vez menos dispuestos a aceptar que el acoso es una parte normal del desarrollo de los niños y la experiencia educativa. Más aún, indica que tampoco están de acuerdo con que no ser o parecer heterosexual justifique la condena social, el escarnio público, ni la violencia correctiva por parte de compañeros, profesores o psicólogos.

Colombia no está aislada a este respecto. En octubre de 2014 se realizó en Bogotá la “Consulta sobre violencia homofóbica y transfóbica en las instituciones educativas en América latina y el Caribe” en el marco de la iniciativa “Educación y respeto para todos y todas: previniendo y atendiendo el bullying homofóbico y transfóbico en las instituciones educativas”, liderada por la UNESCO y apoyada por el Ministerio de Educación, Cultura y Ciencia de los Países Bajos. Representantes oficiales y miembros de ONGs de Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Chile y México entre otros, se reunieron para compartir experiencias y afianzar la cooperación regional en estos temas.

La región entera se está moviendo hacia el reconocimiento de la diversidad sexual y de género como aspecto fundamental de los derechos humanos, y tiene los ojos puestos en las instituciones educativas como espacios clave de liderazgo u obstaculización de este cambio social.

La tarea no es fácil y muchos colegios se encuentran paralizados, sin saber si quiera por dónde comenzar. Para quienes estén en esta situación, Sentiido ha creado una lista de consejos prácticos.

Sin embargo, antes de empezar, cabe aclarar que para que una verdadera transformación cultural tenga lugar se requiere un enfoque holístico. Es decir, trabajar con un compromiso real y desde diferentes niveles por la implementación homogénea y constante de un programa de liderazgo en diversidad e inclusión.

1. Liderazgo claro y un frente unido

Quizás el punto más importante para producir o afianzar una cultura respetuosa de la diversidad es tener un liderazgo claro. Crear un mensaje unificado y real de “intolerancia con la intolerancia” implica el apoyo explícito de figuras importantes dentro de la comunidad educativa. Rectores, coordinadores de disciplina, profesores ampliamente respetados y queridos, entre otros, deben apoyar públicamente estos esfuerzos y ser líderes visibles del cambio cultural.

Si profesores, estudiantes o padres de familia no se sienten respaldados por las directivas, será muy difícil hacer cumplir las normas que se implementen y los estudiantes que no se ajustan a las expectativas de género y sexualidad seguirán siendo intimidados.

2. Educar a los educadores

Muchos maestros, personal administrativo y directivas desconocen no sólo los conceptos básicos y la producción científica sobre la diversidad sexual y de género, sino que carecen de entrenamiento sobre cómo manejar distintas instancias de discriminación.

Esto no sólo implica confrontar actos directos de violencia o burla contra estudiantes debido a su orientación sexual, expresión e identidad de género (real o percibida), sino también aprender a reconocer e intervenir en instancias cotidianas en las que la no heterosexualidad sean usadas de manera peyorativa.

Talleres de sensibilización que den información básica y herramientas prácticas pueden ser muy útiles. Lo ideal es que estos talleres estén diseñados para las necesidades específicas de distintos grupos. El profesorado tiene inquietudes distintas a las directivas. Lo que interesa a los estudiantes es diferente de lo que preocupa a sus padres y el personal de atención en salud (física y mental) tiene también dudas y requerimientos especializados.

Otro aspecto importante a la hora de hablar de talleres de sensibilización es el énfasis en el plural. Aunque sin duda un taller es mejor que ninguno, una sola charla sobre cualquier tema hará poco para cambiar la cultura de una institución. Los talleres son solo el comienzo de un proceso de reflexión y autoevaluación constante por parte de todos los miembros de la comunidad educativa. Solo así se pueden construir ambientes realmente respetuosos de la diversidad.

3. Revisión bibliográfica

Una de las maneras más concretas de construir una cultura diversa es contar con materiales y recursos que den a estudiantes y profesores una visión variada del mundo.

Un buen lugar para empezar es la biblioteca. ¿Tiene materiales que reflejen la diversidad de las distintas sociedades?, ¿existen libros y películas protagonizados por hombres y mujeres en roles no tradicionales?, ¿hay antologías que enfaticen los aportes a la ciencia y la historia de las mujeres, las personas afrodescendientes o aquellos con sexualidades o identidades de género diversas?, ¿existen materiales que expliquen científicamente —independientemente de creencias religiosas— temas como la homosexualidad o el transgenerismo, e indiquen cómo tener una buena salud sexual y reproductiva que incluya, pero no se limite, a la sexualidad no heterosexual y la prevención del embarazo?

Si la respuesta a muchas de estas preguntas es “no”, es hora de trabajar para ampliarla y actualizarla.

4. Las paredes no sólo tienen oídos, también hablan

Otra forma concreta de empezar a construir una cultura que no solo “tolere” la diversidad, sino que la asuma como un elemento constitutivo y enriquecedor de nuestra sociedad, es prestar atención a mensajes ambientales que por lo general pasan desapercibidos.

Los afiches, cuadros o frases con las que se decoran los colegios pueden reproducir los rígidos modelos que se intentan cambiar, y enviar el mensaje de que solo las personas heterosexuales y quienes se ajustan a los papeles tradicionales de género son reconocidas y bienvenidas.

Buscar afiches que presenten mujeres en roles no tradicionales y resaltar visualmente las imágenes y aportes de mujeres y otras minorías a la historia son buenas maneras de empezar. Además, este enfoque tiene la ventaja de establecer un diálogo con la ciudad y afianzar las competencias ciudadanas delineadas por el Ministerio de Educación.

5. Mejor de frente que en los pasillos

Muchos profesionales de la educación creen que porque ciertos temas no se tocan en las aulas, los estudiantes los desconocen. Sin embargo, muchos estudios han señalado que desde el jardín infantil los niños tienen ideas claras (y con frecuencia altamente sexistas) sobre los roles de género, y desde primero de primaria utilizan palabras como “marica” o “lesbiana” a manera de insulto.

Con el paso de los años estos prejuicios, lejos de desvanecerse, se afianzan. Así, es importante buscar espacios para hablar de dichos temas abiertamente, teniendo en cuenta el nivel de desarrollo intelectual y psicológico de los estudiantes.

Hay ciertas clases donde esto se puede hacer con más facilidad: la clase de español es un espacio ideal para incluir narrativas escritas por minorías o que reflejen realidades y experiencias de vida diversas. En la clase de historia se pueden estudiar movimientos sociales que transformaron el mundo con el feminismo, la lucha por los derechos homosexuales y el movimiento de derecho civiles en diferentes países. En la clase de biología se pueden discutir temas como la diferencia entre el sexo y el género, aprender sobre la sexualidad humana desde una perspectiva científica, e incluso estudiar cómo la historia de la ciencia y la medicina ha ido cambiando su posición frente a temas como la histeria o el homosexualismo.

Más aún, estas lecciones pueden complementarse con la planeación de eventos que tomen ventaja de las actividades culturales de la ciudad, así como de los conocimientos y experiencias de expertos, artistas, políticos o padres que forman parte de la comunidad.

6. Conocer la comunidad

Para los colegios que quieran hacer la diferencia, uno de los pasos fundamentales es tener una valoración real sobre cómo es el clima escolar respecto a la diversidad sexual y de género. Esto implica hacer una encuesta base para estudiantes, profesores, directivas, y personal de salud (física y mental) y hacer entrevistas semiestructuradas con diferentes miembros de la comunidad educativa.

Esta información permitirá una radiografía de cómo perciben los estudiantes el ambiente para quienes no se ciñen a las expectativas de género y sexualidad, cuál es el grado de conocimiento sobre estos temas y cuáles son los prejuicios imperantes. Lo anterior permitiría diseñar una estrategia holística ajustada a las necesidades concretas del plantel y, por lo tanto, mucho más específica.

Quienes estén interesados pero no tengan los recursos o no estén deseen diseñar su propia encuesta, pueden formar parte de la Primera Encuesta Nacional de Clima Estudiantil para Estudiantes LGBT que se llevará a cabo entre noviembre de 2015 y marzo de 2016 por la Fundación Sentiido, en alianza con la organización GLSEN y Todo Mejora Chile (para más información escribir a: [email protected])

7. Hacer la tarea: revisar el manual de convivencia

Para cumplir con este mandato de la Corte es recomendable que los colegios creen un comité conformado por estudiantes, profesores, directivas, padres de familia y asesores externos.

Para este trabajo los asesores externos son fundamentales, pues no sólo traen conocimientos especializados vitales para la revisión de los manuales, sino que además pueden fungir como mediadores experimentados entre los distintos puntos de vista representados en el comité.

El comité debe garantizar que el manual de convivencia no constituya una legislación paralela que atente contra el espíritu laico, pluralista e incluyente de la Constitución del 91. Las directivas de la institución deben aprobar dichos cambios dentro del marco de tiempo establecido por la ley.

8. Tomar conciencia del currículo oculto

Todo lo anterior nos lleva a este último punto. Como hemos explicado en otras ocasiones, el término “currículo oculto” se refiere a “aquellas ideas y conceptos que, a pesar de no estar incluidos de manera explícita en el proyecto educativo institucional (PEI), influyen en la manera de ser y de pensar de sus estudiantes. El currículo oculto incide a través de costumbres, normas y del lenguaje utilizado en el colegio”. (Ver: “Colegios, les llegó la hora de reconocer la diversidad sexual”).

Aunque no está escrito en ninguna parte, muchos colegios asumen y fomentan la heterosexualidad de sus estudiantes, profesores, directivas y padres de familia. Tomar conciencia del currículo oculto implica reflexionar sobre el impacto, en apariencia inofensivo, de hablar siempre de “papá y mamá”, o de hablar tranquilamente de la “esposa” de un presidente hombre, pero obviar que la pareja de la Ministra de Educación Gina Parody se llama Cecilia Álvarez. El currículo oculto hace que bajemos la voz cuando decimos palabras como “lesbiana” o “gay”, que asumamos que todas nuestras estudiantes mujeres quieren ser esposas y madres y que los hombres son mejores en las ciencias y disfrutan de los deportes.

En conclusión, desmantelar el currículo oculto implica no asumir que todas las personas son o deben ser heterosexuales, ni que deben ceñirse a las expresiones tradicionales de la masculinidad y la feminidad. Sin embargo, para esto hay que reconocerlo primero.

Nota: Para más información sobre cómo implementar este cambio en colegios o instituciones, escribíbenos a: [email protected]

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