Jugar con muñecas

Jugar con muñecas

Elijo ser Chiki para hablar recio a los poderosos. También, porque soy chik. Soy una cuarentona sexy que tiene barba. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|
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Cuando empelotaba a las muñecas, descubría que no tenían órganos sexuales. No eran ni muñecas ni muñecos ¿entonces qué? La Chiki redescubre el erotismo de sus juegos de la infancia y recuerda sus desfiles de descabezadas y peluches.

sexualidad en la infancia
Un ejemplo de Barby, no de Barbie. Foto: La Chiki.

De niña, yo no debía jugar con muñecas. A veces, me dejaban jugar con muñecos de peluche con quienes conformaba una familia en donde un conejo podía ser el hermano de un perro y tenían de prima lejana a una Barby.

No la Barbie© original de Mattel, por supuesto, sino una de esas versiones de plástico delgado que aún se pueden conseguir en las cacharrerías y que tienen un tatuaje en la nalga que dice “Made in China”. Formar una familia con Conejo y Pluto y varias muñecas era el juego preferido de mi hermana. Ella y yo éramos titiriteros al manipular a estos seres que convivían en un minúsculo apartamento.

A veces, cuando mi compañera de manipuleo no estaba, yo seguía siendo poderosa pero cambiaba el juego; lo volvía sensual, erótico. Bajaba los calzoncitos de las muñecas y las hacía desfilar calatas frente a los enormes ojos desorbitados de Conejo, Pluto, Mimí, Osito y los demás peluches.

Cuando el juego llegaba a un punto máximo de excitación, las desfilantes y provocadoras beldades estriptiseras se transformaban en algo más: intercambiaban cabezas y extremidades, hacían toda suerte de acrobacias y roces con sus cuerpos maravillosos que se habían escapado del convencionalismo y del canon de belleza.

Las muñecas transitaban mientras los peluches asistían a un pipchou infantil y desenfrenado, que podía terminar en maravillosas sesiones de caricias intensas y de disfrute de cuerpos-juguete que se escondían para gozar.

Este mundo de sensualidad clandestina estaba prohibido. Las personas adultas de mi casa nunca lo vieron en su totalidad, pero siempre me advertían: “los niños no juegan con muñecas”.

Para mí, esta sentencia generaba dos preguntas: ¿quiénes son los niños? ¿Puedo jugar con muñecos? Cuando empelotaba a las muñecas descubría que ellas no tenían órganos sexuales; entonces no eran muñecas ni muñecos ¿qué eran? Seguro a los ojos de la mayoría de personas eran unas fenómenas; pero para mí no…

Al crecer, abandoné este transmundo en donde seres tan distintos eran una familia que se podía convertir en un grupo de amantes y que además transitaban entre lo animal y lo humano; pero por supuesto los mundos que una habita de niña no desaparecen del todo.

De regreso

En estos días, por azar mientras recababa información para una serie de entrevistas, me encontré surfeando por el yutub, con juegos similares en la red. Esta vez las jugadoras no son niñas pero sus transformaciones y tránsitos me llaman mucho la atención.

sexualidad en la infancia
Las personas adultas de mi casa, siempre me advertían: “los niños no juegan con muñecas”.

El primer juego, lo vi en una pieza audiovisual llamada ¿A qué juega barby?

Realizada por Claudia Corredor y Ana Lucía Ramírez: con más de un millón de visitas, es una de las primeras realizaciones de Al Borde Producciones en el año 2004.

Algo muy curioso es la variedad de comentarios; sobre todos aquellos que repudian el video porque en él, dos muñecas “se tocan”.

Me recuerda al mini escándalo mediático por un video de Shakira con Rihanna, las barbys del pop, hace algunos meses. Incluso, el tristemente célebre concejal del PIN tuitió lo siguiente: “… Rechaza categóricamente los contenidos del reciente video de Shakira, por considerarlo que lesiona el carácter moral de la juventud bogotana, colombiana y latinoamericana”.

Tales manifestaciones sobre estas Barbys dan cuenta de la pervivencia de la barbarie contemporánea: defender a ultranza la heterosexualidad obligatoria. Pero coexisten las posiciones contrarias y libertarias como la de María Teresa Garzón M. quien afirma que este video “invita a una revolución cultural y social de gran alcance”

Para mí, las Barbys que se tocan y crean un mundo en donde la mujer más deseada decide sobre su propio deseo, realiza una verdadera intervención sobre las creencias que se transmiten por diversos medios y que pretenden defender un modelo único de amor, de pareja o de familia.

Por esta razón me encanta redescubrir el erotismo de las muñecas y recuerdo con mucha ternura mis desfiles de descabezadas y peluches.

El otro juego delicioso que me encontré es el de las barbystrans que realizó Manuel Velandia Mora en 2010; este fue un trabajo fotográfico que se expuso en la Universidad de Alicante. En este caso, las muñecas han intervenido sus cuerpos y también desobedecen a la norma. Construyen, como muchas de nosotras, un cuerpo acorde con su identidad de género y lo muestran a los ojos del mundo.

Nada parecido a las muñecas que yo empelotaba de chiquita; otra intervención sobre la representación del cuerpo. La entrepierna de estas muñecas es sexuada y es transgénero. Gracias a esta incursión en la red pude recordar mis juegos de infancia; me imagino que muchas otras tendrán, tenían y tienen memorias similares.

Colete y gabinete

Abro mi gabinete de curiosidades y salen a la luz mis muñecxs encantadas. De alguna manera, el juego continúa… A disfrutar.

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