La bisexualidad existe y no es una etapa

La bisexualidad existe y no es una etapa

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Además de ser la orientación sexual menos visible, las personas bisexuales muchas veces son señaladas de ser “homosexuales de clóset”. En algunos casos, son vistas con recelo en los movimientos LGBT. ¿Por qué es tan difícil ser bisexual? Especial Sentiido, primera parte.

La bisexualidad existe y no es una etapa
La poca visibilidad de las personas bisexuales en los movimientos LGBT puede deberse a que gais y lesbianas tampoco se salvan de formar parte de la cultura binaria que cree que el mundo se divide en dos. Foto: Thomas Hawk con Creative Commons.

“¿Pero qué te gustan más: los hombres o las mujeres?” o “¿No será que en el fondo eres homosexual y te cuesta reconocerlo?”.

Estas son dos de las preguntas que con mayor frecuencia reciben las personas bisexuales, aquellas que sienten atracción sexual y afectiva tanto por personas de su mismo sexo como del opuesto.

El mundo está tan diseñado para ser o estar de un lado o del otro (hombre o mujer, bueno o malo, sí o no, blanco o negro…) que, en ciertos escenarios, cuesta reconocer y legitimar lo que se sale de allí, lo que no es de aquí ni de allá, como una orientación sexual que no es homosexual ni heterosexual.

Incluso, hay papás que cuando uno de sus hijos les dice que es bisexual, se aferran a la idea de que se trata de un estado provisonial o de una etapa de confusión que pronto superarán. “Apenas tenga una novia (si es hombre) o un novio (si es mujer) se le pasará”, dicen. Y ese “se le pasará” significa que su hijo terminará por ajustarse a la heterosexualidad, nunca a la homosexualidad.

Las personas bisexuales suelen ser percibidas como “indecisas” en un mundo donde “ser decidido” es una de las claves del éxito. Según Rubén Campero, licenciado en psicología y sexólogo especialista en género y diversidad sexual, radicado en Montevideo (Uruguay), esta creencia conduce a que las personas bisexuales sean señaladas como “inmaduras”, entendiendo la madurez como un destino final al cual se llega para ser “normales”.

En ocasiones, también son calificadas como “homosexuales de clóset” o incapaces de reconocer que les atraen las personas de su mismo sexo. De hecho, nunca son “sospechosas” de heterosexualidad sino siempre de homosexualidad.

No obstante, en la adolescencia o en aquellas culturas donde la homosexualidad es fuertemente censurada, algunas personas dicen que son bisexuales para “matizar” el estigma que les traería identificarse como homosexuales.

“En estos casos, presentarse como bisexual es visto como parte de un proceso de asimilación de una orientación sexual cuestionada como la homosexual. Sería la manera en que alguien que siente atracción por personas de su mismo sexo, empiece a través de esta ‘mixtura’, a acostumbrarse a sí mismo y a los demás a su orientación sexual”, señala Campero.

Menos estigma

Denis Pascon, psicólogo especializado en diversidad sexual y de género, radicado en Madrid (España), cuenta que cuando él tenía 18 años y se dio cuenta de que no sentía atracción por las mujeres, empezó a pensar que tal vez era bisexual.

“En ese momento, plantearme la bisexualidad era la posibilidad de abrirme a la experimentación sin tener que afrontar lo que llevaba la aceptación de la homosexualidad. Tres años después ya estaba claro: era gay”, agrega.

Esa, dice, es su historia, pero el proceso de construcción de la identidad -que nunca se acaba- es personal. “Es posible que existan quienes se definen como bisexuales por miedo a salir del clóset o para abrirse a nuevas posibilidades de experimentación, pero esto no significa que todas las personas bisexuales sean en realidad homosexuales. Esto sería simplificar la realidad”, completa Pascon.

La bisexualidad existe y no es una etapa
Las personas bisexuales, como muchas otras, pueden estar comprometidas en una relación monógama con un hombre o con una mujer.

La mayoría de quienes se identifican como bisexuales sienten atracción por ambos sexos y pueden enamorarse de hombres y mujeres. “El problema radica en que ciertos sectores no legitiman su orientación sexual”, explica Carolina Herrera, psicóloga clínica de Liberarte.

Incluso, algunos papás, agrega Herrera, les dicen a sus hijos bisexuales que ya que les atraen hombres y mujeres, busquen parejas del sexo opuesto para evitarse problemas. “El tema es que las personas bisexuales pueden enamorarse de un hombre o de una mujer“.

En ocasiones, ni siquiera con su pareja las personas bisexuales pueden tomarse un respiro. Especialmente cuando sus parejas creen que ellas andan al acecho de cualquier ser humano y que, necesariamente, mantendrán relaciones paralelas con hombres y mujeres.

“Está la idea de que quien tiene una pareja bisexual debe ‘cuidarse’ de hombres y mujeres, como si las personas bisexuales sintieran atracción sin filtro alguno. Además, una persona bisexual, como muchas otras, puede estar comprometida en una relación monógama”, agrega Herrera.

Ahora, aunque la letra “B” de la sigla LGBT cobija a las personas bisexuales, incluso allí muchas veces son vistas con recelo. Esto puede deberse a que durante años el liderazgo de este movimiento estuvo en manos de hombres gais. Poco a poco y con esfuerzo, fueron sumándose otras identidades y orientaciones.

Sin embargo, la poca visibilidad de las personas bisexuales en este movimiento también puede tener su razón de ser en que gais y lesbianas tampoco se salvan de formar parte de la cultura binaria que cree que el mundo se divide en dos. “Más allá de la discriminación que se viva y que permita cierta reflexión sobre la injusticia, ser gay o lesbiana no hace a una persona más ‘iluminada'”, dice Campero.

¿Una traición?

Por otra parte, continúa Campero, en algunos casos el deseo sexual parece convertirse en una identidad que lleva a las personas a juntarse con quienes considera sus iguales y a evitar a quienes percibe como distintos. “Para algunas personas gais y lesbianas, la bisexualidad permite introducir la heterosexualidad, de manera peligrosa e incoherente, en un espacio en el que hay una necesidad de diferenciarse”.

Algunas personas bisexuales tienen una perspectiva diferente de las luchas de gais y lesbianas

En este contexto, la bisexualidad podría verse, incluso, como un “peligro” o una “traición” a la lucha que implica construir una identidad por fuera de un sistema que establece la heterosexualidad como lo correcto y estigmatiza la homosexualidad.

En todo esto, también ha influido el hecho de que en series y películas se haya presentado millones de veces la primera cita entre un hombre y una mujer. “Conocemos de memoria la escena: flores, un paseo romántico, la luna y el primer beso. Esta escena heterosexual ha sido repetida muchas más veces que la primera cita de dos mujeres“, afirma Pascon.

Sin embargo, el número de películas de temática gay que actualmente existe es de lejos superior al disponible en los años 90. Los modelos sociales homosexuales han ido aumentando de manera considerable. ¿Por qué no sucede lo mismo con la bisexualidad?

Según el más reciente informe del centro de investigaciones Pew Research Center, en una muestra de 1.200 personas LGBTI, solo un 20 por ciento de las bisexuales afirmó que su orientación sexual es parte importante de su identidad, mientras que un 48 por ciento de hombres gais y un 50 por ciento de mujeres lesbianas la consideran importante.

Finalmente, la bisexualidad está entre dos mundos. “Si en algún momento un hombre bisexual tiene como pareja a una mujer, es calificado por el resto de la sociedad como heterosexual, quedando invisible su atracción erótica y afectiva por los hombres. Y si sale con un hombre, es interpretado como homosexual, quedando de lado su atracción por las mujeres”, señala Miguel Rueda, PhD en Psicología y director de Pink Consultores.

“Pararse en el mundo como bisexual requiere reafirmar de manera permanente que no se es gay, lesbiana ni heterosexual”, Miguel Rueda, psicólogo.

Y no se trata de tener que dar explicaciones todo el tiempo para que el otro sepa que es bisexual, porque al hacerlo, se reconoce que su interlocutor tiene la razón y que es la persona no heterosexual quien tiene que esforzarse para ser entendida.

Desbalance de poder

“Ese otro va a sentir que se le está diciendo: ‘tú tienes poder para enjuiciarme y clasificarme moralmente’, cuando no hay nada que justificar. Con expresiones como ‘le confesé a mi mamá que soy bisexual’ se le da poder al otro. Primero, por la connotación de la palabra ‘confesión’ y, segundo, por la necesidad de darle una explicación a la mamá, ubicándola a ella en una posición de poder”, añade Campero.

Surge, entonces, el dilema de salir o no del clóset. “La obligación de ser heterosexual condiciona a gais, lesbianas, bisexuales y trans a ‘explicarle’ al otro quiénes son, cuando ese otro, aparentemente, no tiene nada que explicar. Ahí ya existe un desbalance de poder. Otra opción es simplemente ser”, agrega Campero.

Cuando se forma parte de una minoría, los prejuicios afectan, no solo por las agresiones físicas, sino por la amenaza de exclusión detrás del mensaje “tú no estás en esta orilla”.

Lo importante, en todo caso, es que cada quien se sienta tranquilo con su orientación sexual. Esto permitirá una mayor fluidez en la interacción con los demás, teniendo claros los límites de la discriminación y la violencia.

En ese sentido, los retos que enfrentan las personas bisexuales no son muy distintos a los de hombres gais y mujeres lesbianas. El primero y más grande: hacer ver que la heterosexualidad no es la única orientación sexual y que la sexualidad es un espectro muy amplio.

La bisexualidad existe y no es una etapa
La bandera del orgullo bisexual. Foto: Peter Salanki con Creative Commmons.

Según Campero, a nivel íntimo, el tema va más allá de las categorías “homosexual”, “heterosexual” o “bisexual” porque el deseo es volátil y no es clasificable. “Habría que preguntarle, por ejemplo, cómo se identifica un hombre que sale con mujeres trans y que prefiere que ellas lo penetren”.

La sexualidad y la orientación sexual pueden cambiar con el tiempo, y no porque alguien lo diga, sino porque simplemente pasa. “Hay quienes empezaron su vida afectiva con personas de su mismo sexo y que posteriormente tuvieron relaciones con personas del sexo opuesto. Son procesos espontáneos que le pueden suceder a cualquiera independiente de su orientación sexual”, añade Carolina Herrera.

Sin embargo, es importante rescatar la bisexualidad como categoría en la medida en que cuestiona la sexualidad. “Así pansexualidad (cuando en la atracción no son determinantes el sexo y el género de las personas) sea una expresión más acorde, hay que aprovechar que la palabra ‘bisexualidad’ es más cotidiana”, agrega Campero.

Todos somos bisexuales

De alguna manera, todas las personas somos bisexuales pero solamente algunas lo llevan a la práctica. “Si se tienen en cuenta las fantasías, actitudes, impulsos y sensaciones de cada quien, se entendería que el erotismo trasciende el sexo de las personas”, afirma Campero.

El problema es que no estamos educados para entender y aceptar esto. Y cuando llega una determinada sensación a la que la persona no está acostumbrada, la cuestiona, se pregunta por qué. Y así se corta la espontaneidad y el flujo de esas sensaciones.

Pocas personas se animan a explorar en los deseos propios porque quizás esto implicaría hacer cambios. Finalmente, la sexualidad tiene consecuencias políticas, públicas, legales y económicas. Algunas personas, por ejemplo, no se cuestionan por miedo a perder ciertos beneficios heterosexuales.

Las categorías “heterosexual”, “homosexual” e incluso “bisexual” pueden ser útiles para la negociación política o a la hora de reclamar derechos ante el Estado. Para que una persona pueda reclamar lo que le corresponde, agrega Campero, tiene que hablar como el Estado quiere que lo haga.

“Se trata de una trampa que obliga a una persona a adaptarse a un sistema, a decir que es gay, que tendrá como pareja a un hombre con el que se casará para toda la vida, que comprará una casa y adoptará niños”, concluye.

“Hay que dejar de lado la idea de que las sexualidades son dadas por la naturaleza como algo estático”, Rubén Campero, psicólogo y sexólogo.

Un gran desafío sería no tener que acudir a posiciones esencialistas sobre sexualidad, género y prácticas sexuales para el reconocimiento de derechos inherentes al ser humano. “No es justo que para ser legibles ante el poder haya que minimizar o simplificar el deseo y el género”, añade Campero.

Hasta las personas que se construyen de acuerdo con la norma heterosexual, afirma Campero, aquellas que se consideran “normales”, también están atrapadas en clósets y cumpliendo mandatos.

“Me refiero, por ejemplo, a un hombre casado con una mujer y con hijos que pueda reconocer, si así lo siente, que hay hombres que le gustan, sin creer que por esto va a perder lo que la heterosexualidad le da”, explica Campero.

Por ahora, el reto está en no esperar la aceptación y el reconocimiento del otro. Cada quien tendrá sus propias ideas sin que esto implique que la bisexualidad sea una característica negativa. El reto es simple: ser quien cada uno es.

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