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La discriminación y la homofobia matan

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El calibre de los insultos que se han visto en foros y redes sociales en el debate por la revisión de los manuales de convivencia, evidencia la urgencia de impartir en los colegios una educación que fomente el respeto por las diferencias.

Por: Brayan Eliecer Casallas*

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El debate que ha generado la revisión de los manuales de convivencia nos resulta útil para preguntarnos si de verdad nos estamos preparando para dejar atrás nuestros odios y rencores en el proceso de paz por el que avanza Colombia. Foto: Laura Betancourt con Creative Commons.

En los últimos días, Colombia ha vivido una polémica que se agudizó con la publicación en redes sociales de una supuesta cartilla pornográfica desarrollada por el Ministerio de Educación Nacional. Poco después de su difusión, la ministra Gina Parody desmintió que su despacho tuviera algo que ver con dicho material.

El debate creció por la confusión existente alrededor de los materiales utilizados por el Ministerio de Educación para abordar temas de orientación sexual, identidad de género, derechos humanos y convivencia escolar en las instituciones educativas.

La politización y la falta de valores democráticos contribuyeron a la polarización del debate.

A esto se sumó la falta de conocimiento de buena parte de la opinión pública sobre qué es orientación sexual y qué identidad de género. Esto, como resultado de décadas de una educación sexual deficiente y condicionada por las religiones, las “buenas costumbres” y la moralidad conservadora.

El desconocimiento al respecto se evidenció en los comentarios que se han visto en redes sociales que, lejos de propender por un intercambio de ideas que enriquezca el debate, pueden resumirse en insultos y discursos de odio contra aquellos que, al parecer de algunos, amenazan el estatus de la llamada “familia tradicional”.

Estos comportamientos no solo legitiman la necesidad de hacer un trabajo serio en educación sexual en los colegios, que les permita a las nuevas generaciones liberarse de los prejuicios y la ignorancia que se esconden bajo lo que la Corte Constitucional de Colombia ha llamado: “la ambigua expresión de ‘moral y buenas costumbres'”.

También evidencian la urgencia de trabajar por evitar negarles el estatus de familia al 47% de los núcleos familiares del país, donde los niños cuentan con uno de sus padres o, en algunos casos, con ninguno de los dos.

Algunos políticos han aprovechado el debate como herramienta de polarización con el fin de ganar capital político.

Asimismo, han contribuido a polarizar el debate el autodenominado concejal de la familia Marco Fidel Ramírez, pasando por la diputada de Santander del partido de la U Ángela Hernández, el procurador general Alejandro Ordoñez y el expresidente Álvaro Uribe.

Una máquina de manipulación

Todos han intervenido con argumentos poco rigurosos que, como lo expresa la ministra Parody, pueden ser calificados como “una máquina de manipulación masiva”. No sería descabellado pensar que el expresidente Uribe estuviera aprovechando este escenario para seguir marcando fronteras entre quienes lo siguen y quienes apoyan el proceso de paz.

Sin embargo, lo más preocupante del debate no es la desinformación que se ha visto en foros y redes sociales. Ni siquiera la participación de figuras políticas que aprovechan la polémica para afianzar sus posiciones.

Lo más preocupante es el desconocimiento de algunas personas de los principios fundamentales democráticos y de los derechos y deberes que implica formar parte de una sociedad.

Es importante examinar si somos conscientes de los principios de igualdad, dignidad, reconocimiento del otro como individuo libre y de la protección legal de las minorías ante la discriminación. Todos estos, principios estipulados en la Constitución Política de Colombia y en la declaración de los Derechos Humanos.

Es fundamental preguntarnos si realmente entendemos el papel que palabras como “pluralismo”, “igualdad”, “respeto” y “responsabilidad” adquieren, no solamente en momentos como estos, sino en la cotidianidad.

Debates como este, además de crear situaciones para crecer como sociedad, nos dan la oportunidad de reconocer lo que somos y lo que no deberíamos ser. Llegó el momento de comprender que la discriminación y la homofobia matan, por más que se escuden en la “moralidad y las buenas costumbres”.

Esta fue una de las lecciones que dejó la lamentable muerte de Sergio Urrego, quien decidió quitarse la vida en 2014 empujado por el ambiente hostil que enfrentó en su colegio. Hecho ignorado por quienes hoy se escandalizan de que nuestros niños aprendan de orientación sexual, identidad de género, derechos humanos y convivencia.

Para evitar que episodios como este se repitan, el Ministerio de Educación Nacional busca cumplir con la sentencia T- 478 de 2015, que pretende garantizar una educación que reconozca la diferencia, la pluralidad y el respeto por el otro.

Colombia avanza en un proceso de paz que busca ponerle fin a un conflicto armado de más de medio siglo. Por tanto, vale la pena reflexionar si de verdad nos estamos preparando para dejar atrás nuestros odios y rencores o si, por el contrario, repetiremos la anécdota del emperador Joseph II quien al escuchar por primera vez El rapto en el serrallo, en el Burgtheater de Viena, se acercó a Mozart y le dijo: “Demasiadas notas mi querido Mozart y demasiado refinadas para nuestros oídos“.

* Licenciado en Educación Básica con énfasis en Inglés. Docente de lengua extranjera.

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