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La diversidad se tomó la Feria del Libro

Género, diversidad sexual y cambio social.

La programación de la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2016, consolidó el evento cultural más masivo de Colombia como un espacio de inclusión. Sentiido habló con Giuseppe Caputo, director de contenidos culturales de la FILBo, para conocer más sobre esta perspectiva.

análisis y conclusiones de cómo estuvo la feria del libro de Bogotá
Giuseppe Caputo, director de contenidos culturales de la FILBo y de la Cámara Colombiana del Libro

La pregunta le parece rara. Aunque se la han formulado varias veces en el último mes, no deja de resultarle extraña: “¿por qué la programación de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) incluyó tantos eventos de diversidad sexual y género?”.

Giuseppe Caputo, director de contenidos culturales de la FILBo y de la Cámara Colombiana del Libro suele responderla así: “más bien, la pregunta es ¿por qué no incluirlos? Si se quiere empezar a construir una nueva narración de país, hay que incorporar todas las perspectivas posibles. No se puede hablar de paz sin diversidad ni inclusión”.

Este año, la Feria incluyó charlas como “Holanda diversa” y “La fabricación del hombre y la mujer“, esta última, con la participación de Maxim Februari, filósofo holandés y Brigitte Baptiste, directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.

Caputo explica que a la hora de armar la programación, él selecciona los autores que se ajusten a criterios establecidos sin incluir “un gay” y “una mujer” a manera de cuotas. Se trata de buscar realmente diversidad y una participación activa de todas las editoriales (más de 260).

Por lo general, al final de la selección encuentra puntos en común entre unos y otros de autores. Es ahí cuando surge la idea de visibilizar ciertos temas, como sucedió en la conversación entre Baptiste y Februari sobre lo que implica ser una persona trans.

en los temas LGBT, la idea es ir más allá de la letra G (gais), donde suele concentrarse toda la visibilidad, para incluir el mayor espectro posible.

En la Feria también estuvieron presentes el escritor norteamericano Justin Torres, quien participó en la mesa “infancias signadas por el estigma y la discriminación”; Abilio Estévez, quien habló de “Cuba, el miedo y el gozo sexual” y Édouard Louis, autor del libro Para acabar con Eddy Bellegueule, reseñado por varios medios como uno de los recomendados del evento.

“Édouard Louis relata los abusos que vivió en su infancia por ser gay, en un pueblo al norte de Francia. Aunque en la historia se presenta como víctima, también examina a sus agresores y se da cuenta de que ellos son víctimas de un sistema más amplio de exclusión”, agrega Caputo.

Un público diverso

Un aspecto interesante de la Feria fue que a estas charlas asistió un público tan diverso como las temáticas abordadas. Niños y adultos hicieron largas filas para entrar a conversaciones sobre qué es ser trans o cómo es el bullying que puede sufrir un estudiante por ser LGBT.

“Es difícil saber si la Feria llevó a que más gente se interesara por estos temas o si cada vez hay más gente con menos prejuicios. En todo caso, es grato saber que existe esa diversidad de públicos“, afirma Caputo.

Contrario a lo que sucede en otros eventos, a las charlas de la Feria sobre temas LGBT no se invitaron voces en contra. En otras palabras, no se vieron –al menos entre los panelistas– ni a funcionarios de la Procuraduría ni a voceros políticos de movimientos religiosos.

“No las contemplamos porque esas voces han estado tan presentes que me parece viejo hacer eso. Hay que dejar de ver lo LGBT como una realidad vergonzante o conflictiva. ¿Para qué poner a alguien a decir que está en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo? Me parece que eso ya quedó atrás, que ese punto hay que saltarlo”, señala Caputo.

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Giuseppe Caputo estudió Periodismo en la Universidad de la Sabana y Literatura en la Universidad de Barcelona. Es especialista en estudios queer y de género de la Universidad de Iowa.

En el evento también se vieron conversaciones como “Las violencias contra las mujeres“, “Del feminismo, para los lugares de la memoria” y “Contra las nuevas formas de esclavitud”, esta última con María Roa, presidenta de la Unión de Trabajadoras del Servicio Doméstico.

“Cuando el Gobierno y las FARC anunciaron la firma de la paz para el 23 de marzo de 2016 –después se vio que fue un error comprometerse con una fecha– la Feria decidió prepararse para hablarle a su audiencia sobre la posibilidad de un nuevo país“, explica Caputo.

Para tal fin, pensaron que era primordial incorporar todas las voces posibles.

“Queremos que la FILBo sea un espacio plural, de inclusión y diversidad. Que de allí no salga una sola historia o una sola perspectiva sino muchas: todas las historias posibles, todas las perspectivas posibles. Alejarnos, como diría la novelista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, del peligro de la historia única”, señala Caputo.

Desde hace cinco años, este evento tiene una franja llamada “Conversaciones que le cambiarán la vida”. “Cada año tiene un enfoque específico para ofrecerles a los asistentes una de las grandes posibilidades de la lectura: un diálogo afectivo con el mundo, a veces tranquilo, a veces desafiante, que da pie para repensarlo y repensar el lugar de cada quien en él”, afirma Caputo.

Las mujeres, en el centro

Así, incluyeron en esta programación a Jody Williams, quien recibió en 1997 el Premio Nobel de Paz por su trabajo contra las minas antipersonales y a Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015. “Cuando leí su libro Voces de Chernóbil me obsesioné con traerla. Me parecía importante para la coyuntura que vive el país”, añade Caputo.

A finales de octubre de 2015, en la Feria del Libro de Frankfurt, Caputo contactó a la agente de Alexiévich. A los tres días le respondió que aceptaba la invitación y que estaría seis días en Bogotá.

La idea no es poner solamente lo LGBT y el género como parte central de la programación, también estuvieron sobre la mesa las diferencias por raza y clase social, entre otros. “No doy por sentado que los asistentes sean conocedores de estos temas. Si hay algo que es frivolizado, ridiculizado y reducido permanentemente es el feminismo. Hay gente a quien le aterra esa palabra, escritores incluidos”, agrega Caputo.

Para él, ser feminista es ser un lector. “De libros, sí, pero ante todo del mundo. No detenerse a pensar cómo lo que hacemos o decimos contribuye a naturalizar la violencia y, específicamente, la violencia de género, denota no sólo una ausencia de lecturas sino una irreflexión deliberada sobre el mundo y nuestro lugar en él”.

Justamente uno de los episodios de la Feria que más polémica desató tuvo lugar en el evento “Una agenda periodística sin lugar para tabús” en el que participó la escritora y columnista Carolina Sanín. Todo empezó cuando un espectador le gritó que le pasara la palabra a otro de los panelistas en el momento en que ella se refería a algunas de las desigualdades existentes entre hombres y mujeres.

Más allá de analizar lo sucedido –que un hombre intentó callar a una mujer porque le incomodó su discurso feminista– el episodio polarizó la opinión en medios y redes sociales entre quienes comparten los puntos de vista de esta escritora y quienes están en contra.

 “queremos Que la FILBo sea un espacio para preguntarnos de qué manera lo que hacemos o decimos contribuye a naturalizar la violencia de género”, Giuseppe Caputo.

Al respecto, Caputo dijo que Sanín fue invitada a tres mesas porque admiran su trabajo literario, valoran su mirada del mundo y porque creen que sus ideas tienen la capacidad de producir un diálogo interno entre sus lectores y escuchas.

El qué y el cómo van juntos

En su opinión, de la rabia se habla con rabia: el qué y el cómo no se separan. “Yo no comparto cuando la gente afirma: ‘lo que me molesta no es lo que dice sino cómo lo dice’. A veces se confunden la cultura y la educación con el Manual de Urbanidad de Carreño”.

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Según Giuseppe Caputo, la literatura siempre será política. Hablar de un individuo en un momento y contexto determinados ya es político.

“Cuando yo leo una columna, no pido estar de acuerdo, sino que me deje pensando y los escritos de Carolina Sanín siempre lo logran, independiente de que comparta o no su punto de vista”, señala.

En cuanto a la discusión de si deben o no invitarse youtubers a la Feria, Caputo explica que en un evento de esa naturaleza tiene que haber espacio para todo. “Hay que superar esos debates de alta y baja cultura. ¿Por qué negarles esa posibilidad a los jóvenes?”.

Además, no se trata de un festival literario sino de una feria del libro. “Vinieron una Premio Nobel de paz, el ganador del Premio Pulitzer 2015 y participaron arquitectos, sociólogos y diseñadores. ¿Entonces ellos tampoco tendrían espacio?”.

Lo cierto es que la Feria Internacional del Libro de Bogotá se ha vuelto un gigante. Las largas filas que se vieron para entrar, no solamente a Corferias sino a cada uno de los pabellones, así lo demostraron.

La visita de más de 300 autores, 1.240 eventos, 520 mil asistentes y 150 mil títulos disponibles en 23 pabellones durante 14 días (del 19 de abril al 2 de mayo), evidenciaron que fue mucho más que un youtuber lo que llamó la atención de este evento.

El reto ahora es ajustarse a su nueva dimensión, lo que no es fácil teniendo en cuenta que la cifra de visitantes un día de fin de semana puede llegar a los 90 mil. Hay quienes proponen desconcentrar las actividades sábados, domingos y festivos, pero es riesgoso hacer la inversión y el esfuerzo de traer a una persona para agendarla un martes y que asista poca gente.

La idea también es hacer algunos ajustes logísticos y recordar que la Feria no es solamente en Corferias. Este año hubo eventos en bibliotecas públicas y en librerías como Wilborada, La Madriguera del Conejo, Casa Tomada, Espantapájaros y Prólogo. En todo caso, la esencia de la Feria está clara: un evento plural e incluyente con propuestas para todos los gustos.

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