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La historia de Camille, la hija de Fanny Kertzman

Género, diversidad sexual y cambio social.

Hace más de 10 años que Camille Kacew está radicada en Estados Unidos. Sabía que en Colombia, su país natal, le sería muy difícil vivir como mujer transgénero. Es la hija de Fanny Kertzman, columnista de la revista Dinero y exdirectora de la DIAN.

hija trans de Fanny Kertzman exdirectora DIAN
Camille Kacew no tiene entre sus planes regresar a Colombia. Foto: Archivo particular.

“Mi hijo me confesó que era trans a los 20 o 21 años, después de que su papá murió. Yo le manifesté que no había problema, siempre y cuando estuviera fuera del clóset. Él ya estaba por fuera. Desde los siete años sabía que era una niña en un cuerpo de niño”.

Estas fueron algunas de las palabras que la economista Fanny Kertzman escribió en septiembre de 2014, en su columna titulada “gays, trans, negros, judíos”, de la revista Dinero.

La hoja de vida de Kertzman incluye la dirección de esa revista y de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia (DIAN). También fue embajadora de Colombia en Canadá y ahora es consultora independiente.

Mientras que muchos padres de familia prefieren ocultar la orientación sexual de sus hijos cuando no son heterosexuales o la identidad de género cuando se sale de lo esperado por la sociedad, Kertzman decidió hacerlo público.

“Yo soy una persona muy abierta y quería decirlo porque no me gustan los secretos. Me parecía importante que toda mi familia, mis amigas y la gente en general supiera la verdad. Esto no tiene ningún misterio”, señala.

Camille Kacew es su hija. Tiene 30 años. Cuando tenía 14 y aún vivía en Colombia, Camille había oído que la gente podía “cambiar de sexo”, pero desconocía el proceso. Como suele suceder, fue a través de Internet y no por el colegio o su familia, que tuvo los primeros acercamientos al tema.

Camille, como otras tantas personas que tienen alguna diferencia con respecto a la mayoría, fue víctima de bullying escolar. El motivo de la intimidación no era tan claro porque ella aún estaba lejos de reconocerse como transgenerista, mucho menos sus compañeros lo sabían. “Me la montaban porque me veían distinta. Sabían que era diferente, por qué, no lo sé. Y en últimas, no necesitaban saberlo para molestarme”.

Aunque Kertzman no tiene certeza de si a su hija le hacían bullying porque la percibían homosexual –difícilmente se hablaba de transgenerismo– en todo caso decidió, para séptimo grado, cambiarla de colegio. “Ella, además, era muy mala estudiante, así que la sacamos junto con su hermana del Colombo Hebreo”.

El cambio ayudó. “Al menos en la clase de educación sexual del Campo Alegre (colegio al que las pasaron), nos hablaban de homosexualidad. En el Colombo Hebreo jamás abordaron estos temas”. En el nuevo colegio estuvo dos años, hasta que a Kertzman la nombraron embajadora de Colombia en Canadá y se fueron a vivir a este país.

“Pedro es marica”

Según Kertzman, ella nunca notó nada distinto en Pedro, como se llamaba Camille antes de iniciar su tránsito de masculino a femenino. “Enrique, el papá, me decía ‘Pedro es marica’ porque le había encontrado algunas cosas en sus cajones. Pero como yo estoy en contra de esculcarle a la gente, no le presté atención a esos comentarios”.

En más de una ocasión, Enrique sentó a Camille en el comedor y le preguntó si era homosexual. Ella siempre le respondió “no”. “Yo no me masturbaba mirando pornografía marica. Me atraían las mujeres, lo que me torturaba era que yo quería ser una de ellas. Y ni mi papá ni nadie me formuló la pregunta correcta”.

Enrique Kacew murió en 2004, víctima de un cáncer en el cerebro. Según Camille, el estrés que este hecho le produjo la impulsó a decirle a su mamá que era trans. “Su primera reacción fue reírse porque creyó que era un chiste. Así que al día siguiente se lo expresé de nuevo, pero pasamos por el mismo teatro: ella riéndose y diciéndome que tan chistoso yo”.

Fanny Kertzman tiene otra versión. “Camille primero me dijo que era gay y yo le pregunté ¿en serio? Porque acababa de terminar una relación con una novia. Con el tiempo me dijo que era transexual”.

Kertzman también recuerda que después de la muerte de su esposo, Camille le reveló que cuando ella y su hermana Perla no estaban en la casa, Camille aprovechaba para ponerse la ropa de ellas. Nunca la vieron ni sospecharon nada.

Antes de que Camille le hablara de transexualidad, lo único que Kertzman sabía al respecto era que había hombres que se vestían de mujeres. “Pero era algo muy lejano”, enfatiza.

A pesar de esto, la respuesta a su hija fue que la aceptaba como era, pero que debía aplazar lo de las hormonas y vestirse como mujer hasta que terminara su carrera universitaria. “Ella tenía un seguro educativo y era importante que antes de todo fuera a la universidad”.

Así, mientras Camille sentía que no podía posponer más su tránsito, Kertzman consideraba que primero debía estudiar. En caso de que la construcción femenina no pudiera esperar, Kertzman le advirtió que tendría que trabajar para pagar ese proceso.

Camille decidió, entonces, irse para Texas (Estados Unidos). Su primer trabajo fue en un call center, aún como Pedro, pero se aburrió y se puso a trabajar con su webcam. “En chats conocí personas transexuales de mi edad (tenía 18 años) que me hablaron de hormonas. Ahí es cuando empiezo a tomarlas y a ver cambios en mi cuerpo”.

Una nueva vida

Un año después, cuando tuvo la fuerza para hacerlo, empezó a vivir como mujer. Desde entonces nunca ha podido tener un trabajo formal. “Apliqué a varios pero nadie quiso emplearme”.

En alguna oportunidad, cuando apenas empezaba su tránsito de masculino a femenino, Camille viajó de Texas a Atlanta (Estados Unidos) donde la esperaba su familia. Llegó como mujer. “Quedé en shock porque no tenía ni idea que iba a aparecer así. Además, todavía no sabía muy bien cómo vestirse y estaba con una peluca y unos tacones altísimos y se veía rarísima”, recuerda Kertzman.

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Fanny Kertzman, la mamá de Camille, fue directora de la revista Dinero, donde ahora es columnista, directora de la DIAN y embajadora de Colombia en Canadá.

Después de ese encuentro, Camille regresó a Texas. Desde entonces pasaron 10 años sin tener ningún contacto con su mamá.

El reencuentro tuvo lugar en septiembre de 2013 cuando Camille fue detenida por consumir sustancias psicoactivas (metanfetamina).

Esta no es la única vez que Camille ha pasado por una cárcel. Durante los primeros meses viviendo como mujer, algunos vecinos llamaron a la Policía señalando que veían “una persona sospechosa”. “Me terminaron arrestando por caminar por el barrio donde vivía”, recuerda.

En esta segunda ocasión, Kertzman contrató un abogado que la sacó de la cárcel y posteriormente viajó a Texas a encontrarse con su hija.

“Apenas nos vimos nos pusimos a llorar. Yo por esa época andaba muy deprimida, pensando que ella no me hablaba”. Después se fueron al hotel y pasaron una semana juntas.

Nos dimos cuenta, dice Camille, que podían pasar otros diez años sin hablarnos. “Aunque a mi mamá le resulte difícil reconocerlo, a ella le costó trabajo aceptar que soy trans. Sin embargo, ahora lo hace sin problema e incluso me sostiene económicamente”.

Según Kertzman, ella quiere a Camille de igual manera a si hubiera seguido siendo Pedro o estuviera graduada de una universidad. “Lo que es difícil para mí es decirle Camille, para mí ella va a seguir siendo Pedro. No le gusta que le diga así pero yo no puedo. Al principio se ponía brava pero ya no”.

Incluso, a veces van juntas a comprar ropa y cuando Kertzman ve algo que puede gustarle a su hija, a lo lejos le grita: “¡Pedro, mira este vestido!”.

En el tiempo que lleva de tránsito, Camille solamente ha acudido a hormonas. Las intervenciones quirúrgicas no están en su lista de prioridades “No tengo afán y el llamado cambio de sexo (o reasignación sexual) no me interesa”. La mayoría de la gente la reconoce y respeta como mujer, así que no siente una profunda necesidad de hacerse cirugías.

Perder el miedo a ser

Camille señala que aunque aún tenga un cuerpo masculino, no podría decir que está “atrapada en el cuerpo de un hombre”. “Lo importante es que yo decidí presentarme como mujer”.

Según explica, lo más difícil del tránsito, más allá de aprender a vivir como mujer, es no tenerle miedo a la gente. “Una de las primeras veces que salí a la calle como Camille, sentía que me veía ridícula, y por actuar con inseguridad y ansiedad, la gente responde como si de verdad hubiera algún problema”.

Por ahora tiene entre sus planes tomar clases de baile y estudiar Derecho. En todo caso, y a pesar de vivir en un estado conservador de Estados Unidos, no contempla la posibilidad de regresar a Colombia.

“Texas es más conservador que su gente. Es decir, las leyes están más atrás de la realidad. Diría que sucede lo contrario de Colombia, donde las leyes están más adelante que la misma gente. Yo lo único que quiero es vivir sin estar limitada a ciertas zonas de la ciudad o a relacionarme solamente con un tipo de gente, como sucede en Colombia”.

Camille se siente a gusto en Austin, la ciudad donde vive. “Cuando voy por la calle no tengo problemas porque quizás acá la gente es más liberal. En algunos casos, creerán que soy una mujer más y, en otras, serán lo suficientemente respetuosos para no decirme nada ni mirarme distinto. Cuando voy al médico y le digo que soy transexual y necesito hormonas, no les parece un asunto raro”.

Además, por llevar tantos años fuera de Colombia, se siente muy lejana a este país. “Todos los amigos de Camille dejaron de hablarle y esa es una de las cosas que más le duele”, afirma Kertzman.

Parte de su familia materna está en Medellín y aunque no la han visto como Camille, la aceptan. “No me hablo mucho con mi familia, no quiero justificarme con nadie, pero muchos de ellos me han mandado correos de apoyo. Finalmente es más fácil así porque no viven conmigo”.

Camille se define como bisexual y hasta el momento en Texas, solamente ha tenido una relación afectiva con otra mujer trans. Estuvieron juntas casi el mismo tiempo que ella duró sin hablarle a Kertzman.

“Traté de conseguir novio, pero no resultó. A muchos hombres les atraen las mujeres trans pero no son capaces de mantener una relación afectiva con ellas. Y los que están dispuestos no me han parecido atractivos. Son muy mayores y ya no les importa si algún conocido se los encuentra comiendo en un restaurante con una mujer trans”. Según Camille, los hombres de su edad creen que si los ven con una mujer trans, se les va a arruinar su vida.

Para Fanny Kertzman, es fundamental que padres y madres de familia escuchen y acepten a sus hijos como son. “Tienen que informarse y educarse al respecto. Por ser homosexuales o transexuales no dejan de ser nuestros hijos”.

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