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Bullying: ni inofensivo ni normal

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Samuel es víctima de bullying porque es percibido como homosexual. Su historia es un llamado a enfrentar esta clase de violencia escolar. El bullying no es algo normal ni forma el carácter. Por el contrario, afecta el día a día y deja secuelas para la vida.

Por: Cristina González

como enfrentar el bullying en el colegio
Quienes son víctima de bullying escolar tienen mayor riesgo de presentar conductas de autoagresión y sentimientos de desesperanza, lo que los lleva a contemplar el suicidio. Foto: Ias – initially (Lori Semprevio) con Creative Commons.

Samuel tiene 14 años. Vive y estudia al norte de Bogotá. Es hijo único. Su historia es similar a la de muchas personas: llegó a este mundo por accidente, lo que en su caso aceleró el matrimonio de sus papás, una relación que llevaba un par de meses.

Por razones laborales, el papá de Samuel pasa buena parte del año fuera de la ciudad. Y cuando está en Bogotá, su jornada empieza a las 6 de la mañana y termina a las 8 de la noche.

Para estudiar una especialización, la mamá de Samuel vivió fuera del país durante cuatro años, lo que le impidió pasar más de 10 días al año con su hijo que en ese momento tenía 8 años. Desde que regresó a Colombia trabaja desde las 7 de la mañana hasta las 8 de la noche en un consultorio, lo que no aumentó de manera significativa el tiempo que comparten.

Samuel ha crecido en compañía de una empleada del servicio doméstico, video juegos, Internet ilimitado y toda clase de comodidades que sus papás le compran.

Cuando estaba en primaria, Samuel pasó muchos de los recreos del colegio en la biblioteca. Nunca dijo por qué lo hacía, pero era fácil suponer que no tenía amigos con quienes compartir ese espacio.

Más adelante, en bachillerato, un estudiante se le orinó encima. Por la tarde, cuando regresó a su casa, Samuel hizo todo lo posible por ocultar lo sucedido. Justo ese día su mamá estaba y notó que la versión de su hijo no coincidía con lo que ella veía. Una serie de preguntas lograron que él aceptara lo que en realidad pasó.

Meses después, un compañero de clase le escribió insultos en su locker y uno más le escondió el celular durante días. Se lo devolvió cuando el papá de Samuel, extrañado de no ver a su hijo “pegado” a su teléfono, se enteró de lo sucedido y decidió enviarle un mensaje de texto amenazante a quien lo tenía.

Samuel ha sido víctima de más violencias en el colegio, pero él prefiere ocultarlas y demostrarle al mundo que todo anda bien, que su vida es perfecta. Algunos psicólogos coinciden en que los niños que son objeto de bullying no acostumbran a hablar de la situación.

No lo hacen por la vergüenza que sienten de ser el centro de burlas del colegio, por temor a las represalias que puedan tomar los estudiantes agresores, por creer que los adultos no los entenderán, por pensar que deben resolver solos ese tipo de situaciones o por evitar llevar más problemas a la casa o a los profesores.

“¡Loca!” “¡Marica!”

En este caso hay un componente más: Samuel no cumple con los roles de género que la sociedad ha determinado deben ajustarse los hombres de su edad: jugar fútbol, ser agresivos, hablar de mujeres…

Sus compañeros del colegio y los “amigos” del conjunto donde vive le dicen en su cara y por redes sociales: “¡Loca!”, “¡gay!”, “¡marica!”, “qué asco de tipo”, “gordo inmundo” y “tiene boca de pato”.

Por comentarios como estos, Samuel ha crecido en un entorno donde le han hecho creer que no está bien ser como él es. Por tanto, no le resulta fácil evidenciar en su casa o con las directivas del colegio que lo están molestando porque sus compañeros lo perciben homosexual.

Además, es posible que él piense que la culpa es suya: “claro, como no juego fútbol y los demás sí, por eso me molestan”.

Samuel tiene cuenta en todas las redes sociales: Twitter, Facebook, Instagram, YouTube, Snapchat y Ask.Fm. En esta última, que parece diseñada para hacer bullying, los jóvenes solamente entran en contacto con él para insultarlo.

Cuando sus papás se enteraron de lo que le decían a su hijo en esta red social (las ofensas en otras cuentas se hacen llegar por mensaje privado) decidieron enviarlo donde una psiquiatra que le diera herramientas para aprender a manejar la situación.

Aunque esta opción seguramente le ayudará, el “pero” está en que le entregaron el problema a esta profesional, desconociendo que para cambiar la situación, el trabajo debe ser en equipo y el cambio debe empezar en situaciones cotidianas.

Por ejemplo, cuando Samuel tenía 12 años, le pidió a su mamá que le comprara un afiche del grupo One Direction. Ella le dijo que no, porque ese grupo es para niñas. Años atrás, cuando él tendría 5 o 6 años su papá le repitió enfáticamente que no le dejaría ponerse una camiseta rosada porque no era de hombres.

Cuando Jorge, el papá de Samuel, se enteró de los episodios de violencia que su hijo está viviendo en el colegio, dijo que eso era normal, que él también los había vivido y que estos fortalecían el carácter. “Lo importante es que sepa responderles con un puño o una patada a quienes lo molesten”, fueron sus palabras.

Restarle importancia al bullying es uno de los errores más frecuentes de algunos papás. Pensar que es inofensivo es desconocer que quienes lo viven tienen mayor riesgo de presentar problemas de ansiedad, depresión y desmotivación académica.

No es “algo normal”

Decir que el bullying forma el carácter y prepara para la vida real, es ignorar que ser víctima de esta situación solamente genera vulnerabilidades. Y afirmar que se debe responder con violencia, darle más duro al agresor, es pasar por alto que de esta manera hay más posibilidades de que la agresión aumente. El hecho de que el papá de Samuel lo haya vivido no es motivo para creer que es normal.

el bullying afecta el día a día de una persona y deja secuelas para la vida.

En los últimos meses Samuel se ha matriculado en escuelas de fútbol para adquirir habilidades en un deporte que no le gusta pero que cree es indispensable jugar si algún día quiere ser aceptado. Adicionalmente ha venido mostrando una preocupación desmedida por bajar de peso y tener lo que la gente llama “un cuerpo perfecto”.

Sus papás, por su parte, le siguen comprando lo que, según ellos, nunca tuvieron en su infancia ni adolescencia: ropa de marca, celulares y tablets de última generación, gafas de sol y audífonos costosos, video juegos violentos, etc. Los tres están convencidos de que esta será la manera de que Samuel encaje en algún grupo.

Hace unos días, él se alistaba para salir a su clase de fútbol y decidió que guardaría sus implementos deportivos en una maleta que le habían regalado a su mamá recientemente.

No alcanzó a abrirla cuando su papá lo impidió diciéndole: “no vas a llevar tus cosas ahí porque esa maleta es de mujer”. Samuel le respondió: “¿Y por qué es de mujer?”. Su papá tomó una diminuta nota que había dentro del maletín en donde junto al tradicional “made in China” decía “for women”.

A pesar de ser un elemento diseñado para facilitar el transporte de lo que cada quien quiera llevar, Samuel se vio obligado a buscar una maleta “para hombres”. En otra ocasión, al regresar del trabajo, su mamá no alcanzó a saludarlo cuando ya le estaba preguntando, con molestia, por qué llevaba puesta una bufanda.

El asunto no queda solamente en la casa. Desde la infancia, su tío le ha insistido en que no corra como lo hace sino de manera más masculina.

“Es una etapa”

Después de algunas consultas con la psiquiatra, Samuel les dijo a sus papás que posiblemente era bisexual. Ellos están tranquilos, seguros de que “lo de él” es una etapa.

“A él le gusta hacerse el raro pero esto seguramente se le va a pasar”, dicen. Y creen que le ayudarán a superar “la etapa” más rápido, si impiden que utilice accesorios “de mujer” o se comporte de manera “femenina”.

Los papás de Samuel, como muchos otros, piensan que una orientación sexual distinta a la heterosexualidad, es aprendida y que al evitar ciertas prácticas, él retornará al “camino correcto”.

Soy prima de Samuel y lo quiero con el alma. Sé que sus papás buscan lo mejor para él, pero también sé que forman parte de una sociedad que les ha hecho creer que no está bien ser homosexual o bisexual y que de serlo es porque fallaron en su rol.

Muchos papás han sido programados para formar seres homogéneos, desconociendo que el mundo es diverso y que cada niño tiene sus propias particularidades.

Me preocupa que, pese a mis intentos para que tomen en serio el bullying de su hijo, ellos insistan en que “el tema está superado”. Sin embargo, Samuel cumple con todos los requisitos para pensar que no es así:

  • No tiene amigos.
  • Es ansioso (sufre de exceso de sudoración, insomnio, pesadillas y dificultad de concentración).
  • Es tímido, retraído, tiene baja autoestima y es inseguro.
  • Tiene reacciones desmedidas frente a hechos que no lo justifican.
  • Tiene poca coordinación física (por ejemplo en los deportes).
  • Ha llegado a su casa con ropa, libros u otras pertenencias rotas.
  • No pasa tiempo con los compañeros de clase fuera del colegio.
  • No hace fiestas ni celebraciones por miedo a que nadie asista.
  • No lo invitan a fiestas, reuniones ni paseos.
  • Manifiesta temor o baja motivación para ir al colegio.
  • Tiene un bajo rendimiento académico.
  • Se muestra irritable cuando se habla del colegio o de los compañeros.
  • Ha pedido la reposición de objetos que se le han perdido en el colegio.
  • Pide plata para llevar al colegio sin explicar para qué es.
  • Tiende a faltar al colegio inventándose excusas.
  • Es aislado.

Veo sufrimiento y miedo en su cara. Me duele percibir que cada vez que hay un adolescente cerca, él se agache buscando pasar desapercibido.

No solamente me inquieta que no pueda asumir con tranquilidad su orientación sexual sino que intente quitarse la vida. Finalmente, quienes son víctima de bullying tienen mayor riesgo de conductas de autoagresión y sentimientos de desesperanza, lo que los lleva a contemplar esta opción.

Secuelas para la vida

En alguna oportunidad la psicóloga del colegio citó a sus papás porque identificó en él ideas suicidas. Pero para sus papás “el tema está superado”.

Además, a largo plazo, quien es víctima de bullying puede desarrollar homofobia interiorizada, tener problemas para vincularse afectivamente y convertirse en consumidor habitual de sustancias psicoactivas y bebidas alcohólicas.

Me gustaría decirles a los papás de Samuel y a los papás en general, que no permitan que la cotidianidad de sus hijos se convierta en una pesadilla. Samuel tiene derecho a ser quien es, así a ellos les incomode que use pashminas, maletas “de mujer” y sea homosexual o bisexual.

También es importante que sepan que los hijos no les pertenecen y que parte de su misión, al decidir tenerlos, es lograr que sean felices y que puedan cumplir con su proyecto de vida como son. Sin engaños.

Nota: El bullying por homofobia es más difícil de detectar y de manejar que los demás porque, en el fondo, existe una cierta aprobación o justificación a este tipo de agresiones. El problema es que no hay cifras que demuestren que esta violencia escolar es una realidad. Por esto, Sentiido los invita a que difundan esta encuesta para llegue a todos los estudiantes LGBT de los colegios de ‪‎Colombia. ¡Compártela! ‪#‎MiVozCuenta http://mivozcuenta.co

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