Liga Sida: 25 años

Liga Sida: 25 años

Abogada, experta en Derechos Sexuales y Reproductivos. Activista feminista por la no violencia contra las mujeres y por la igualdad de derechos LGBT. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|
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La Liga Colombiana de Lucha contra el Sida, fundada por el médico Henry Ardila, cumplió 25 años de un trabajo que ha contribuido a enfrentar los prejuicios alrededor de esta enfermedad.

Liga Colombiana contra el Sida
La Liga Colombiana de Lucha contra el Sida fue fundada por Henry Ardila, un médico epidemiólogo y activista, que se resistió a quedarse con los brazos cruzados. Foto: Archivo particular.

A finales de los años 80 empezaron a reportarse los primeros casos de Sida en el país. Una abrumadora ignorancia juzgó que por ser una enfermedad que –en ese momento– se creía solo se transmitía por vía sexual, debía ser una especie de castigo bíblico.

En consecuencia, quienes la tuvieran eran personas poco respetables que estaban recibiendo sanción por sus “actos desviados”.

Cientos de personas diagnosticadas fallecieron en situaciones muy complejas, abandonadas por sus familias que les habían rechazado, primero por ser homosexuales, y luego por tener una enfermedad que era leída como un castigo.

Murieron ante la ausencia de respuesta efectiva del sistema de salud que las trataba como a parias y, en la mayoría de los casos, afrontando la desesperanza de un diagnóstico que era interpretado como una pena de muerte.

En ese contexto surgió la Liga Colombiana de Lucha contra el Sida que acaba de cumplir 25 años de un trabajo serio y comprometido.

La Liga ha sido un referente nacional y regional acerca de las estrategias de respuesta a la pandemia. Su trabajo técnico ha permitido fijar un nivel alto de respuesta a los mensajes violentos y discriminadores de quienes anuncian apocalipsis o usan el VIH como una excusa para discriminar y rechazar, un pretexto perfecto que se alimenta de su ignorancia.

La Liga fue fundada por Henry Ardila, un médico epidemiólogo y activista que se resistió a quedarse de brazos cruzados ante la situación y creó este sueño que ha ayudado a salvar miles de vidas.

Ardila fue un pionero. Se negó a aceptar que la respuesta a la enfermedad fuera el miedo, la condena o el rechazo y se empeñó en mostrar la verdadera cara de la situación.

Él aportó elementos centrales de salud pública y demostró que el rechazo hacia las personas diagnosticadas tenía que ver más con la ignorancia que con los riesgos reales de la enfermedad.

Mucho se ha avanzado desde los primeros tratamientos. De más de 25 pastillas al día, hemos pasado a tratamientos menos invasivos y más concentrados. Siempre y cuando se garantice su continuidad, son efectivos para manejar la infección como una enfermedad crónica que requiere cuidados, pero que ya no representa una impronta de muerte sino en los raros casos en los que la infección llega a etapas muy avanzadas.

Cualquier persona

La epidemia ha pasado de ser considerada una enfermedad de homosexuales a ser reconocida cada vez más como una situación que puede afrontar cualquier persona. Con mayor frecuencia, hay reportes de nuevos casos de mujeres heterosexuales y monógamas que presuntamente han sido infectadas por sus esposos o compañeros.

También, son cada vez más frecuentes los casos de personas adultas mayores que no son consideradas un grupo de atención para la prevención por la creencia de que no tienen relaciones sexuales.

Otro factor que influye es la falta de comprensión de que el condón no solamente es útil para prevenir embarazos sino también y, principalmente, para evitar la transmisión de infecciones.

La Liga contra el Sida ha sido un baluarte muy importante en el fortalecimiento del movimiento LGBT.

Hace 20 años, cuando no existían tantas organizaciones tan organizadas como hoy, el apoyo de la Liga que contaba con sede propia, fue fundamental para el fortalecimiento de los grupos de mujeres.

Mujeres al Borde, Triángulo Negro y el Grupo de Mamás lesbianas, siempre encontraron allí una respuesta positiva a los requerimientos de espacios o de apoyo para acciones de toda índole.

Por eso, vale la pena celebrar los 25 años de existencia de la Liga. Sin su trabajo y esfuerzo las personas con VIH en el país no tendrían un aliado fuerte que les asesore en la búsqueda de su derecho a la salud plena.

Sin la Liga, el país no habría avanzado en la capacidad de respuesta en el plano del sistema de salud y en la reducción del estigma y la discriminación hacia las personas diagnosticadas. El movimiento LGBT no sería lo que hoy es hoy sin los aportes de la Liga.

A veces solo hace falta que una persona tenga un sueño para transformar la vida de miles. Henry Ardila murió joven, pero alcanzó a crear su sueño.

Y un equipo de gente comprometida lo ha mantenido vivo por 25 años y lo ha convertido en un ejemplo de cómo trabajar desde la sociedad civil para ayudar a entender el VIH/Sida como lo que es: una enfermedad crónica, no mortal, que exige una respuesta efectiva por parte del Estado y que no puede ser considerada como un castigo divino que excuse la discriminación.

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