Lluvia de sobres

Lluvia de sobres

Diseñadora de formación y tramposa por vocación, nunca aprendió las tablas de multiplicar. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|
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Renuncio a las listas de regalos, a las lluvias de sobres, a las invitaciones con número de cuenta bancaria y a los regalos sugeridos. Quiero regalar y que me regalen lo que quieran y dejar atrás la idea de que lo importante es lo que se lleve y no lo que se celebra.

por qué se pusieron de moda las lluvias de sobres
Organizar una fiesta para que la gente lleve regalos o, peor aún dinero, es como ponerles precio a la amistad o al afecto de las personas. Foto: Noelia Rivera.

Guillermo Forero Guerrero y Ana Lucía de Forero,
tienen el agrado de invitarle(s) a la celebración del grado de su hija
Lila Constanza Forero, diseñadora gráfica.
21 de diciembre. 9:00 p.m.
Calle 52 # 12 – 24
Confirmar asistencia. Tel.: 210 00 27
Lluvia de sobres.

Empiezo este post con las frases de la tarjeta de invitación a mi grado profesional, porque veo muy probable herir susceptibilidades y ganarme varias antipatías. Aclaro en mi defensa, que mi desacuerdo no parte de la tacañería, pues me encanta regalar y celebrar con los que quiero.

No obstante, en algún momento yo también creí que lo más práctico era evitar que los invitados a la reunión de mi grado, me llenaran de cadenitas y perfumes que no iba a usar. “Mejor que me regalen la plata”, pensaba. Dicho y hecho. Sin ningún remordimiento, llevé el texto a la imprenta para que me hicieran las invitaciones.

Al finalizar la noche de la fiesta, estaba encantada con todos mis sobres hasta que uno de mis mejores amigos se acercó a despedirse de mí. Andrés, tratando de disimular la vergüenza, me entregó un paquete envuelto en papel de regalo y me dijo: “Perdóname Lilita, yo te traje esto…”.

Eran dos pares de medias de rombos: unas verdes y otras vinotinto, que me cayeron muy bien, ya que andaba bastante mal de medias por aquel entonces. Sin embargo, él seguía pidiéndome que lo perdonara porque no había podido darme nada más. Su angustia me abrió los ojos y entendí que el invento de la “lluvia de sobres” era la condición más desconsiderada que uno podía imponerles a sus amigos.

¿De dónde habrá salido esa idea? A la larga, organizar una fiesta para que le regalen cosas a uno -o dinero, como lo hice yo- termina siendo lo mismo que ponerles precio a la amistad y al afecto de las personas.

Aquí en Buenos Aires, las invitaciones a las bodas suelen llegar con el número de la cuenta bancaria, para que los invitados consignen su “contribución”. Alguna vez, una amiga me explicó que el monto esperado es lo que se supone que vale el plato de comida en la recepción. Entonces, si uno cree que el plato vale tanto, pues consigna ese valor. Y si va con la pareja, el doble.

¿Hasta qué punto la “modernísima practicidad”, hace que se olvide el verdadero sentido de la celebración? ¿Dónde queda la idea de querer compartir un acontecimiento especial con la gente que uno quiere?

Te corresponde: juego de baberos

Los bebés ¡aún sin nacer! también invitan a que familiares, amigos, compañeros de trabajo y vecinos, les equipen la habitación para su arribo a este planeta. Llegan las invitaciones de María Paula, Camilo y Natalia, ilustradas con imágenes de biberones y ositos diciendo tiernamente: “Te invito a mi babyshower”.

Este concepto me parece peor que el de la lluvia de sobres. El evento, de por sí, suele ser tedioso, aunque por fortuna he podido escaparme de bastantes. Nada más absurdo que asistir a una reunión convocada con ese único fin.

Al menos las bodas y los cumpleaños son para celebrar acontecimientos que están trascurriendo ahí mismo. El babyshower, en cambio, es una reunión ideada exclusivamente para que los demás lleven regalos.

Cuando mi madrecita nos trajo al mundo, no existía esa costumbre. Lo usual era que quienes quisieran acudían a conocer al recién nacido llevando un detalle como demostración de cariño: una cobijita, un sonajero o lo que podían. Ahora, algunos bebés tienen el “descaro” de pedir puntualmente lo que quieren recibir.

Desde el vientre de su madre le asignan a cada participante un regalo, para que no les vayan a traer cosas repetidas, y en la invitación especifican: “Te corresponde: juego de baberos para la semana”. Como quien dice: “no te aparezcas con otra cosa”.

Reuniendo plata para el cumpleaños de Luisa

En mi oficina la costumbre de moda es el regalo colectivo: “la otra semana es el cumple de Luisa, entonces vamos a reunir plata para comprarle algo”. ¡Sí!, la misma Luisa con la que evito almorzar. Pero la presión social en una de sus más victoriosas conquistas, me obliga a dirigirme a mi delgada billetera y sacar, con una forzada sonrisa, varios billetes que extrañaré horas después en el supermercado.

Y ¡claro!, ni hablar del almuerzo el día del cumpleaños. Cuando llega la cuenta, ya la billetera “ladra” y se rehúsa a que le saquen el último billete que le queda, para homenajear a alguien a quien no quiero regalarle nada.

¿Qué pasaría si uno decidiera saltarse las “normas” y no llevar el sobre con dinero? ¿llegar a la boda sin el recibo de consignación? ¿Si en vez de ir al babyshower, va a conocer al bebé cuando quiere y lleva lo que puede? O ¿si en el próximo cumpleaños del trabajo, no pone un centavo?

¿Será que no es suficiente con poner a los amigos y a la familia a pasearse por toda la ciudad, buscando vestidos y zapatos para la “elegantísima fiesta”, para además pedir una  retribución “voluntaria”?

Desde hoy aviso: el día de mi boda, ni lluvia de sobres (nunca lo volveré a hacer, lo prometo públicamente), ni lista de regalos, ni cuenta bancaria. Quiero verlos a todos en mi fiesta, celebrando, vestidos como quieran, y con esas billeteras gordas y rozagantes.

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