Los actores y las ilusiones perdidas

Se critica de cómodos a los famosos cuando se demoran en “revelar” su orientación sexual. ¿Por qué se depositan esperanzas en ellos y su sexualidad, como si fueran modelos a seguir?
 

Jodie Foster en su discurso de la entrega de los Golden Globe Awards. Foto: guardian.co.uk

Hace algunos días Deb Baer, un usuario de la sección de blogs del Huffington Post-Gay Voices, publicó una nota titulada “Por qué estoy molesto con la salida del clóset de Jodie Foster”. Palabras más, palabras menos, el bloguero descargaba toda su ira contra la actriz, aduciendo que su “anuncio” en la entrega de los premios Golden Globe había sido un acto de profunda comodidad.

Su posición se fundamentaba en que él, 15 años antes de asumirse como un hombre trans, había salido del clóset ante su familia, amigos y, en definitiva, su sociedad, como una mujer lesbiana; este hecho, según cuenta, le trajo muchas ganancias pero también ausencias. Perdió algunos de sus amigos y trabajos, pero asumió su vida y siguió adelante.

El post de Deb Baer destapa un debate interesante sobre el papel que tienen las personas reconocidas en el mundo del show business. Sin duda Jodie Foster tiene de dónde escoger en este momento. Es millonaria, famosa, atractiva y gana premios que le permiten transmitir sus palabras en vivo y en directo a muchas regiones del Planeta. Aparece en revistas porque salió en piyama a comprar el pan y sale en tabloides porque se estaba rascando una nalga a la entrada del teatro. Ha hecho todas las películas que ha querido y puede anunciar tras un traje de noche de muchos miles de dólares que se retirará de las pantallas.

Mientras tanto, la prensa y las organizaciones colgarán un retrato más en el muro de las estrellas “raras”: el de la doctora en literatura inglesa y actriz de películas de suspenso, Jodi Foster, junto a Riki Martin, Chaz Bono, Ian McKellen (más conocido por su interpretación de Gandalf) y, por supuesto, la madre de las lesbianas afamadas, Ellen Degeneres.

¿Famosos comprometidos?

Este acto sin duda es motivo de inspiración y alegría para muchos. Es un hecho que le brinda ejemplo y fortaleza a aquellos que sienten que el mundo los odiará por su orientación sexual o identidad de género. Pero también es una razón para otros, como el bloguero Deb Baer, para cuestionar la larga espera y la “comodidad” de quienes “aguantan” hasta llegar a la cima y asegurar su fortuna, para sincerarse abiertamente con los medios y los espectadores.

Baer sostiene en su blog que Foster fue cobarde y que, contrario al caso de muchas otras personas “de a pie”, no fue capaz de sopesar y comprender su responsabilidad como personaje público para hablar sin temor de su homosexualidad. Su rabia es comprensible hasta cierto punto, pero también da pie para pensar en otra dimensión de la vida pública de las personas.

¿Por qué los consumidores de la industria del espectáculo esperan tanto de las estrellas de cine, como si por el hecho de ser famosas tuvieran que ser personas comprometidas con alguna causa social? A esta pregunta muchos dirán que en sus manos tienen la capacidad de mover influencias y seguidores, de crear modelos para las juventudes y de cambiar la forma como se comporta el mercado del show business en Estados Unidos, fábrica matriz de esta maquinaria.

Resulta curioso que Deb Baer, una persona que ha pasado por dos procesos de sinceramiento con sus familiares y amigos, primero como lesbiana y después como hombre trans, que conoce de las vicisitudes sociales a las que en muchos casos deben someterse las personas LGBTI, crea que Jodie Foster es un modelo a seguir.

Su misma experiencia le dirá que sus inspiraciones han sido personas más “reales”, menos fabricadas por los medios, y que la decisión de hablar públicamente de la orientación sexual o de la identidad de género propias es una decisión que, aunque constreñida por presiones externas, casi siempre es personal.

Tener “contactos”

¿Acaso las personas que no salen en televisión, que no llenan estadios para conciertos de una hora y que no firman cheques con muchos ceros a la derecha no tienen la capacidad y la responsabilidad de hacer un cambio? ¿Por qué tendemos a depositar en las personas más afamadas una suerte de ilusión de que, si no son ellos, no será nadie?

Es posible que los canales y productoras públicas e institucionales tengan mayor interés en producir series más formativas y que, quienes aparecen en su programación, se construyan de alguna manera como un modelo para ciertos sectores de la sociedad.

Sin embargo el cine y la televisión comercial pocas veces manifiestan ese interés. Por lo tanto, los actores que interpretan papeles hacen eso: actuar. Si a la película o la serie le va bien, ya es un fenómeno del mercado. No obstante esto no implica que quienes trabajan en ellas sean buenas o malas o regulares personas. Son individuos y la fama no los compromete a cambiar la sociedad.

Modelos a seguir hay en todas partes: en el campo, en las iglesias, en las escuelas, en el transporte público y en las obras de construcción. Todos ellos, a su manera, representan también un foco de poder (en el sentido más positivo y constructivo) para alguien más. Tiene contactos, recursos o medios para iniciar un cambio en su propio entorno. ¿La señora de la tienda no es un contacto? ¿El primo que es mensajero o el amigo que hace cómics para una revista universitaria tampoco lo son?

Sin embargo se suele esperar más de alguien que está frente a la lente de una cámara, como si esto aumentara su compromiso social o su interés por mejorar la sociedad. Pero no son la lente, el cheque o las llamadas lo que convierten al famoso en un modelo a seguir. Es su posición frente a la vida y su proyección como individuo y sujeto social.

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Comentarios

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  • Sergio

    Les recomiendo el análisis que hizo The Guardian al discurso de Jodie Foster. Eso sí es un artículo que analiza más allá de lo obvio.

    Sobre el comentario de Deb Baer, es un poco estrecho en la medida que se quedó sólo con un punto de vista, ¿por qué no pensar que es ese el mejor punto para revelar su orientación? Construyó una carrera, tiene amigos, tiene una familia, todos sus seres cercanos ya lo sabían, y aquí está exitosa, radiante, inteligente y estable.

    Y sobre las personas de a pie, ¿cuántos que ya salieron del closet con sus familias, aún les cuesta salir en el trabajo, o al revés? No todos los gays tienen que ser activistas, ni todas las salidas de closet son iguales. A veces se olvida que cada situación familiar es distinta y pues no todos salen ni a la misma edad, ni con el mismo éxito, ni con las mismas recompensas, o con el mismo valor.