Los campos electrificados de sodoma

Los campos electrificados de sodoma

Género, diversidad sexual y cambio social.
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Ideas para atacar a homosexualesLo diremos sin tapujos: apoyamos al pastor Charles L. Worley en su idea de encerrar a lesbianas y homosexuales con cercas electrificadas para que no puedan salir de ahí hasta el fin de sus días.

Aún más, tenemos algunas ideas que pueden mejorar el visionario proyecto para que se logre materializar y no se quede solo en palabras de iglesia.

Según nos cuenta el Huffington Post, la manifestación de Worley no es aislada y responde a una serie de alegatos hechos contra esa desagradable maraña de desviados que se hacen llamar bajo siglas y términos enredados imposibles de repetir en este limitado espacio.

Al parecer, ya otros dos reverendos reclamaban justicia inquisitorial para gays y lesbianas mientras que un tercero conminaba a los padres de familia a golpear a los hijos afeminados.

Sin embargo, la idea que más nos gusta es la del campo electrificado, porque nos recuerda a un chiquitín con un bigotico recortado que hizo unos hoteles parecidos, aunque en este momento no nos acordamos de su nombre porque es en alemán y no hablamos ese idioma.

Nuestros aportes se basan en un amplio conocimiento del mercado del turismo, del urbanismo y el equilibrio entre ser viviente (porque humano no se puede decir) y la naturaleza.

Worley dijo en el púlpito: “Construyan una gran cerca –de 150 o 100 millas de larga– y pongan a todas las lesbianas ahí… Hagan lo mismo con los queers y homosexuales y electrifiquen esa cerca para que no puedan salir… y ¿saben qué? En unos años morirán… ¿Saben por qué? Porque no podrán reproducirse.

Nos limitaremos a la parte urbanística del proyecto porque aún no hemos ido a la universidad y por lo tanto no hemos podido leer la sabia teoría de que uno se muere porque no puede reproducirse. Pobres los que no tienen hijos. Deben tener la muerte pisándoles los talones.

La idea del hotel nos gusta porque ofrece beneficios. Estar encerrados en un gran campo al aire libre, con cercas electrificadas, aumentará la seguridad de los godos ultraconservadores al no verse amenazados por desviados vestidos de arco iris, mientras administran prostíbulos, moteles y se mandan a hacer bolsillos anchos en los pantalones para que les quepan muchos billetes y contratos de licitaciones.

Por otra parte, nos imaginamos un campo recreacional lleno de atracciones, con casitas de colores vivos (como las de los cariñositos) y grandes tiendas de ropa y de juguetes sexuales porque, según nos han dicho, eso es lo único en lo que se gastan la plata estas personas sin principios.

Además de la cerca, que puede resultar un recurso un poco rústico para los tiempos que corren, proponemos rutas turísticas para que los orientales puedan pasar en sus buses de grandes ventanales para tomarles fotos a gays y lesbianas y a su extraño modo de vida.

En los lagos de la infamia donde lavarán su suciedad infinita pueden hacerse pisos de vidrio para que estos mismos viajeros puedan ver al estilo acuario de hotel del Caribe de qué color se ponen los genitales de las lesbianas cuando se bañan o qué tan peludas son las manos de los homosexuales por el exceso de actos impíos en solitario.

No obstante la elocuencia del pastor (nos conmovió su silencio al decir que le daba vómito imaginarse un beso entre dos hombres) hay una idea que quisiéramos reformular por lo poco práctica.

Su santidad Worley dice que para la alimentación se lanzaría comida desde el aire, en helicópteros, como aún hacen civilizadamente algunos países de los mundos llamados “tercero” y “cuarto”. Esta idea hemos querido procesarla pero es extraña. ¿Cómo harían el día de la hamburguesa?

No sabemos qué es más práctico. Que pase primero el helicóptero de los panes, después el de las salsas, después el de la lechuga y el tomate y finalmente el de la carne, para que así los invertidos tengan tiempo de ir armando su bocado con tiempo y puedan poner el pan en su sitio para que la carne no vaya a caer en un charco o por fuera del marco establecido.

Si decidieran lanzar la hamburguesa completa, habría que pensar en el problema de amarrar las partes para que no se suelten y no quede una lechuga tapando el hoyo de la chimenea o una tocineta pegada a la ropa interior extendida.

Suponemos que las bebidas se distribuirán con esas avionetas que se usan en algunos países para regar ágilmente las matas de amapola (¡eso sí se llama ahorrarles tiempo a los campesinos!). No sabemos… Esa parte hay que pensarla mejor.

Para no alargar el proyecto porque tenemos que ponernos a diseñar el render, consideramos definitivamente viable la propuesta del pastor, especialmente porque estos lugares pueden llevar el estilo propio de cada tradición folclórica del país que los alberga y pueden convertirse en secciones fijas de las guías de Lonely Planet.

Sólo nos asalta una duda más. Pastor, ¿qué pasa si a estas personas, tan ocupadas teniendo sexo todo el día, se les olvida pagar el recibo de la energía y la cortan?

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