Los cuentos que contamos

Los cuentos que contamos

Coordinadora de proyectos en Sentiido. Doctora en Lenguas y Literaturas Romances (Universidad de California, Berkeley). Profesora de Género y Sexualidad y Literatura Latinoamericana en American University (Washington DC).
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Se piensa que los niños no entienden de afectividad y sexualidad. Sin embargo, los cuentos infantiles están llenos de personajes que hacen alusión a modelos tradicionales de pareja o familia.

cómo hablarles a los niños de sexualidad
Portada del cuento “Una historia con mucho corazón”, escrito por Cecilia Ramírez.

El pasado 21 de mayo el colectivo Mujeres Al Borde publicó el libro La mujer más bella del mundo, el sexto título de su colección “Cuentos para una niñez al borde”.

Esta colección, iniciada en el 2009, realiza una importante tarea casi nunca menciona en los debates públicos y a la que muy pocos se le miden: la necesidad de educar a los niños, desde pequeños, en temas de diversidad.

El tema es espinoso por varias razones. Muchos creen que hablar con los niños sobre personas o parejas homosexuales o de identidades de género diversas es inapropiado pues expone al niño a una realidad que pertenece sólo al mundo de los adultos.

Estas personas se confunden en dos aspectos fundamentales: por un lado, asumen que hablar de parejas del mismo es hablar de sexo; por el otro, creen que los niños no están ya en contacto con estas realidades de una u otra forma.

A nadie le parece descabellado o pervertido que en un cuento haya un papá y una mamá o que una (siempre joven y hermosa) princesa ande por ahí cantando y peinándose mientras llega el (siempre galante, valiente y apuesto) príncipe que ha de salvarla (aunque no siempre se sepa muy bien exactamente de qué).

Pero si resulta que hay un papá y otro papá o si la princesa añora encontrar otra princesa, inmediatamente se habla de “sexualización de la infancia”, de “temas de adultos”, de corrupción de menores.

¿Por qué, si un cuento de hadas termina con el esperado beso entre el príncipe y la princesa, eso no nos parece una escena con contenido inapropiado para niños, pero si ese mismo beso ocurre entre personas del mismo sexo nos parece inaceptable?

Afectividad y sexualidad

Para estas personas hay una clara diferencia entre la afectividad y la sexualidad heterosexual. Un beso es prueba de amor verdadero, no un preámbulo sexual.

Pero cuando se trata de personas del mismo sexo, son incapaces de hacer esta misma distinción. A cualquier muestra de afecto, por inocente que sea, se le da una connotación sexual y en consecuencia es considerada “inapropiada” para niños.

Las mismas mamás que le compran minifaldas a sus niñas de 10 años y los papás que le preguntan a sus hijos de 8 que “cuántas novias tienen en el colegio”, se escandalizan ante la idea de decir a un niño que es posible que un hombre se quiera casar con otro.

En la literatura infantil dicha tensión se hace particularmente evidente pues esta—al igual que los juegos para niños—está lejos de ser un espacio inocente de fantasías “naturales” propias de la edad. La infancia es el espacio de entrenamiento para la edad adulta. Es allí donde aprendemos lo que se espera de nosotros, qué cosas son consideradas buenas y cuáles son inaceptables.

Los cuentos y los juegos infantiles refuerzan este paradigma. Allí los niños aprenden y practican sus roles e internalizan comportamientos e incluso deseos: qué es ilícito o ilícito querer.

Cuentos al Borde

Mujeres Al Borde, un colectivo de “mujeres, hombres, personas trans e intersex, [conectados], afectiva y vitalmente, para imaginar y crear junt*s un mundo libre y feliz” es conciente de esto y hace un notable esfuerzo para cambiar algunos de los más arraigados y destructivos estereotipos de nuestra sociedad.

A través del teatro, los documentales y otros eventos que visibilizan las familias diversas como el “Transcocho Family Fest” (convocado por TransFamilias y Entre-Tránsitos), se promueve una cultura no sólo de tolerancia, sino de respeto genuino y valoración sincera de la diversidad.

En este marco surge “Cuentos para una niñez al borde”, un proyecto dedicado “a todas aquellas familias, niñas, niños y niñxs que sueñan con un mundo donde todxs podamos ser felices”.

Consiste en la publicación de cuentos infantiles que cuenten “historias sobre niñxs que viven su identidad de género con libertad y aman sin prejuicios, que crecen en familias diversas donde son queridxs, cuidadxs y respetadxs”.

Aunque esta idea es innovadora y trasgresora en Colombia, el proyecto cuenta con importantes antecedentes internacionales. Estados Unidos es quizás el mejor ejemplo.

En este país la literatura infantil especializada en diversidad de todo tipo es una industria en expansión y uno de los pocos sectores del mercado que no se ha visto afectado por la crisis económica.

Clásicos como And Tango Makes Three (“Tres con Tango”), Heather has two mommies (“Heather tiene dos mamás”), Mommy, Mama and Me o Daddy, Papa and Me (“Mamá, mami y yo” y “Papá, papi y yo”), The Different Dragon (“El dragón diferente”), y One Dad, Two Dads, Brown Dad, Blue Dads (“Un papá, dos papás, papás cafés, papás azules”) han asumido el reto de darle a los niños imágenes positivas de todas las familias desde la más tierna infancia, y son cada vez más populares, llegando incluso a hacer parte de las listas de lectura de muchos jardines infantiles y colegios públicos y privados.

Desde su inicio en el 2009, “Cuentos para una niñez al aborde” tiene ya 6 títulos que pueden ser leídos y descargados gratuitamente.

El primero de ellos, “La clase de baile” inicia con un contundente: “Juliana es rara”. A continuación, el cuento nos lleva a través de la historia de una niña que aunque está en clase de ballet como todas las demás “tiene una forma particular de caminar, es como… como que no es delicada, siempre lleva el pelo recogido torpemente en una pequeña cola y nunca jamás se pone una hebilla o aretes”.

Poco a poco vemos cómo Juliana finalmente encuentra su identidad y su felicidad al vestirse de hombre y continuar bailando así; y cómo sus compañeras pasan de la crítica al aplauso al verla tan contenta y segura de sí misma.

Por su parte, “Una historia con mucho corazón” empieza de manera clásica: una hermosa princesa en un lejano reino cumple 15 años y su padre invita a todos los jóvenes príncipes para que ella elija su marido.

La joven, sin embargo, se niega pues su corazón no se emociona con ninguno de los candidatos. Finalmente uno de los príncipes llega acompañado de su hermana y las dos princesas se enamoran inmediatamente.

“El misterioso clóset de la abuela” cuenta la historia de una abuela que “no se parece en nada a las abuelas de mis amigas ni tampoco a las abuelas de los cuentos, es grande, fuerte, gorda, siempre se está riendo” y después de que su nieta encuentra una foto de ella con otra mujer enmarcada en un corazón le explica que “las mujeres que aman a otras mujeres y son felices estando juntas” se llaman lesbianas.

Por último, “La mujer más bella del mundo” trata de un niño a quien en el colegio le piden escribir una historia sobre la persona que más admira en el mundo. Después de pensarlo mucho el niño elige escribir sobre la mujer más hermosa del mundo: su padre.

A pesar de que está un poco preocupado por la reacción de sus compañeros, el pequeño se para delante de toda la clase y lee: “Había una vez una mujer hermosísima que había sido hechizada desde muy pequeña con el maleficio de que las demás personas al mirarla la vieran como un hombre. Esta es su historia…”.

No es solo un tema de adultos

Así, estos cuentos no sólo les permiten a los niños que están creciendo en familias diversas identificarse con los personajes y tener representaciones positivas de las personas que más quieren.

Además, nos enseñan a todos que la diversidad no es un tema “de adultos”, que los niños aprenden desde pequeños a respetar o a juzgar a las personas, a aceptar o rechazar, a expresar o a reprimir, y que a veces un cambio en el lenguaje, en las historias que nos contamos a nosotros mismos y les repetimos a nuestros niños, pueden generar un cambio social profundo.

Pese a su aparente su sencillez, estos cuentos realizan una compleja tarea: cambiar el paradigma que los niños tienen sobre la relaciones afectivas entre adultos, ampliar las formas en las que pueden expresar su identidad y afectividad, y promover el respeto y la valoración de la diversidad.

Aunque todavía queda camino por recorrer y a estos cuentos pueda criticárseles el hecho de que refuercen estereotipos como el amor a primera vista, que insistan en la noción de parejas monógamas como núcleo social, y que continúen promoviendo la idea de belleza femenina como esencial—aunque lo hagan cayendo en la trampa Dove: no es que la belleza no importe, es que eres más bella de lo que crees— su aporte es sin duda fundamental.

Con su lenguaje asequible y sus sencillas historias, los cuentos “Para una niñez Al Borde” dejan moralejas mucho más pertinentes para nuestra sociedad que las manidas historias de princesas besando sapos en su eterna búsqueda del príncipe azul.

Pues nos enseñan que la diversidad sexual y de identidad de género no tiene nada de malo ni vergonzoso, que las familias vienen en formas muy distintas y que todas merecen el mismo respeto.

Quizás si nos repetimos esta lección cada noche antes de irnos a dormir nuestra sociedad deje de pregonar el rechazo y la violencia contra lo que considera diferentes y se parezca más a la casa de la pequeña del “Misterioso clóset de la abuela”, en la que “ya no hay ningún secreto […] porque en mi casa, como debería ser en todas las casas del mundo, el closet es para guardar la ropa y no los momentos felices de las personas”. Así tal vez sí sea posible que todos vivamos felices para siempre.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado…

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