Los hermanos Lanz: dos caras nuevas del activismo LGBTI

Los hermanos Lanz: dos caras nuevas del activismo LGBTI

Género, diversidad sexual y cambio social.
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Alejandro y Sebastián Lanz llegaron al activismo por herencia de Marcela, su mamá. Descartan que exista una “comunidad LGBTI” y están convencidos de la importancia de renovar las caras y estrategias del activismo en Colombia.

Fotos: Pilar Mejía. (Instagram: @pilarmejia8).

Los hermanos Lanz: dos caras nuevas del activismo LGBTI
A Alejandro y Sebastián les han criticado su juventud por la responsabilidad de los proyectos que lideran, pero ellos ven el hecho de ser menores de 30 años como una oportunidad para inyectarle nuevas ideas al activismo.

Abogados. Menores de 30 años. Feministas. No heterosexuales. Hermanos. Dos de las nuevas caras del activismo LGBTI de Colombia. Su objetivo: contribuir a inyectarle nueva energía al movimiento, a renovar las estrategias y a propender por un activismo que mezcle humor, arte y transformación. (Ver: Cómo y para qué apostarle al activismo).

Para Alejandro, de 29 años, quien además de abogado tiene estudios en Lenguajes y Estudios Socioculturales, hay poco diálogo entre las letras LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales). “La agenda de gais y lesbianas ha sido la prioridad. No solamente falta más presencia y participación de las bisexuales, trans e intersexuales sino de nuevos líderes”.

Su hermano Sebastián, de 22 años, quien también es antropólogo, enfatiza en que es necesario renovar las caras del activismo. “No estoy diciendo que los líderes con quienes trabajamos y establecemos alianzas tengan que irse, pero sí que es necesario abrirles y darles espacio a nuevas voces y propuestas”.

 Alejandro y Sebastián han sido hermanos del alma y políticamente siempre han estado del mismo lado.

A Sebastián le parece que hablar de “comunidad LGBTI” es hipócrita porque cada letra y específicamente cada quien, tiene su propia agenda. “Nos hacemos llamar ‘comunidad LGBTI’, pero los hombres gais siempre estamos en primera fila, lesbianas y bisexuales más atrás y mucho más lejos las personas trans e intersexuales”. (Ver: Nace un nuevo movimiento).

Además, dice, muchos hombres gais –entre ellos activistas– no tienen problema en frecuentar bares como Theatron, que se venden como incluyentes, pero donde sin una explicación satisfactoria les niegan el ingreso a muchas mujeres trans.

“Otros de los cinismos que existen en el movimiento es la discriminación hacia hombres gais y mujeres lesbianas que no cumplen con cierta estética y hacia buena parte de las mujeres trans”, añade Sebastián. (Ver: “Busco hombre acuerpado y cero plumas”).

Los hermanos Lanz: dos caras nuevas del activismo LGBTI
Sebastián Lanz Sánchez, 22 años, abogado, antropólogo y director del Centro de formación de Parces ONG.

Según Alejandro, se tiende a creer que los líderes LGBTI de Colombia son los cuatro o cinco que aparecen en medios de comunicación, pero en realidad son muchos los que no son visibles. “Está el afán de protagonismo de algunos y las rivalidades entre organizaciones”.

A pesar de esto, los dos coinciden en que el movimiento LGBT de Colombia ha logrado cambios importantes como el matrimonio y la adopción para parejas del mismo sexo. (Ver: Matrimonio Igualitario en Colombia, paso a paso).

“Pero, nuevamente, son esfuerzos enfocados en la igualdad de derechos de gais y lesbianas. No vemos muchas personas homosexuales peleando por el acceso a la salud de las personas trans”, agrega Sebastián.

Todo empezó…

Los hermanos Lanz llegaron al activismo por herencia de Marcela Sánchez Lara, su mamá. Ella es feminista y activista por los derechos de las mujeres, la prevención de violencias de género y los derechos sexuales y reproductivos. “Desde muy jóvenes le ayudábamos en campañas”, señala Alejandro.

Sebastián, por su parte, recuerda que las comidas en su casa siempre fueron eventos muy políticos. “Eran espacios de participación en los que me fui formando en discutir con argumentos, en proponer, en saber cómo responder y en la defensa y promoción de los derechos humanos”.

Años atrás, cuando vivían en un apartamento ubicado en la Calle 72, en Bogotá, veían con frecuencia que la Policía sacaba de ahí a los vendedores ambulantes. “Cuando eso pasaba, nosotros bajábamos y les dejábamos la puerta abierta para que entraran sus mercancías. Nos parecía muy violenta la manera como la Policía los trataba y nos impactó descubrir cómo el Estado era perpetuador de muchos actos de violencia”, dice Alejandro.

“Crecimos con un chip de búsqueda de la igualdad y de respeto por los derechos humanos”, Sebastián Lanz.

En ese contexto de equidad en el que crecieron, la salida del clóset de los dos fue un asunto cero traumático. Sebastián, quien se identifica como gay, recuerda que nunca se ha creído el cuento de que “a uno lo tienen que aceptar”. (Ver: ¿Cómo salir del clóset?).

De hecho, estando en Londres, un día vía Skype tuvo la siguiente conversación con su mamá:
– ¿Y por qué estás vestido así?– preguntó ella.
Porque voy a salir con Pedro– respondió él.
– ¿Y quién es él?– dijo su mamá.
Mi novio. ¿No te había dicho que tengo novio desde hace dos meses?– señaló Sebastián.
No sabía. Bueno, qué te vaya bien– respondió ella.

Uno gay, otro bisexual ¿y?

“Estoy en contra de hacer de la salida del clóset una especie de solicitud de aceptación o un evento dramático. Esto no puede verse como confesar un delito sino como contar algo cotidiano”, dice Sebastián. (Ver: Salir del clóset: justo y necesario).

Alejandro, quien se define como bisexual, tuvo dos novias. Con cada una duró dos años, pero un día simplemente le dijo a su mamá que estaba saliendo con un chico. “No fue un tema de ‘confesar’ algo, sino de comunicar lo que pasa”.

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Alejandro Lanz Sánchez, 29 años, abogado y director de Parces ONG.

“¿Por qué dos hijos no heterosexuales?”, es una pregunta que les resulta familiar. Incluso su mamá también se la hizo. La respuesta de Sebastián fue: “¿te preguntarías lo mismo si tuvieras dos hijos heterosexuales? ¿Por qué asumir que ‘lo normal’ es ser heterosexual?”.

Desde que Alejandro era estudiante de Derecho en la Universidad de Los Andes, empezó a participar en las movilizaciones a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo. Después se vinculó a Paiis (Programa de Acción por la Igualdad y la Inclusión Social de la Universidad de Los Andes) y más adelante a la ONG Colombia Diversa.

La llegada de Sebastián al activismo vino después de su regreso de Londres. Contrario a lo que sucedía en esta ciudad, se dio cuenta de que en Colombia las violencias hacia las personas LGBT eran frecuentes en muchos espacios. (Ver: Violencia contra las personas LGBT, ¿hasta cuándo?).

“Me identifico como gay, pero con una masculinidad distinta, lejos del patrón tradicional”, Sebastián Lanz.

Y aunque pensó en enfocar sus energías en garantizarse sus derechos como homosexual, conoció el movimiento de mujeres trans del barrio Santa Fe, al que Alejandro ya era cercano, y se enamoró de su resiliencia.

En ese entonces, Sebastián se ofendía por los chistes sobre mujeres trans, mientras que Daniela Maldonado y Andrea Correa, de la Red Comunitaria Trans, le decían que hacía mucho tiempo ellas se habían apropiado de las ofensas.

Apropiarse de los insultos

Aprendió tanto de la capacidad de ellas para darle la vuelta a los insultos que hace poco se tatuó en su brazo el triángulo rosado que les hacían a las personas homosexuales judías en los campos de concentración. “La idea es reivindicar el triángulo, apropiarse de este como símbolo de resistencia”, aclara Sebastián. (Ver: Queer para dummies).

“Ya que algunos sectores se inventaron la expresión ‘ideología de género’, ¿qué tal si nos la apropiamos y le damos un nuevo significado?”, Sebastián Lanz.

Sebastián cada vez es más consciente de que las personas homosexuales han avanzado mucho en igualdad, mientras que las trans han quedado rezagadas. “Por esto decidí que mis acciones como activista estarían orientadas a priorizar sus necesidades. Muchas mujeres trans no han tenido acceso a educación y viven de lo que producen a diario”.

El espacio en el que tanto Alejandro como Sebastián ponen en práctica el activismo con el que se identifican se llama Parces ONG (Pares en Acción-Reacción Contra la Exclusión Social).

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Para Sebastián (en la foto) y Alejandro, la llamada “ideología de género” demostró que todavía mucha gente tiene ideas de discriminación hacia las personas LGBT.

Parces nació en 2013, por iniciativa de Amy Ritterbusch, profesora de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Los Andes, un grupo de estudiantes de esta universidad (entre ellos Alejandro) y una trabajadora sexual. Su objetivo: actuar contra la discriminación, la exclusión y la violación de derechos a personas vulneradas.

Y aunque la organización tiene un componente LGBTI, esa línea de acción está especialmente dirigida a las personas trans. Sebastián, quien dirige el centro de formación, y Alejandro, el director, han sido gestores de ideas como “arrunchis con el procurador”.

Esta campaña se hizo en octubre de 2015 cuando varias personas, en pijama, protestaron contra Alejandro Ordóñez en frente de la Procuraduría, por haber demandado el decreto 1227 que les permite a las personas trans cambiar el sexo en sus documentos de identidad. (Ver: El detrás de cámaras del decreto del cambio de sexo en Colombia).

“Como el exprocurador decidió no solamente meterse a nuestras casas sino también a nuestras camas, en vez de pelear con él, le propusimos un ‘arrunchis’ para explicarle con calma nuestros derechos”, señala Alejandro.

“A mí me gusta que Parces sea el resultado de muchas voces”, Sebastián Lanz.

Aunque la movilización social es una de las líneas de acción de Parces, no es la única. También documentan casos de violaciones de derechos humanos, acompañan la denuncia y el litigio y, de ser necesario, hacen públicos los casos en medios de comunicación.

Más logros

Hace poco Parces celebró al frente de la Corte Constitucional la sentencia T-594 de 2016, la cual determinó que la política de recuperación del espacio público de la alcaldía de Bogotá no puede limitar el derecho a la libre circulación de las trabajadoras sexuales.

Este año también presentaron el primer informe de derechos humanos y trabajo sexual en Colombia, que incluye casos de violencia, abuso policial e impunidad.

Otras de las propuestas de Sebastián y Alejandro son más espontáneas. Recientemente, preocupados por los discursos homofóbicos que tanto terreno han ganado este año, compartieron en sus redes sociales la idea de organizar unas “tomatas de tinto” con quienes a diario viven la discriminación, con el propósito de unir esfuerzos.

Romper con la dinámica de que los llamados “expertos” sean quienes lideren las investigaciones de comunidades vulnerables, ha sido un factor determinante en el rápido crecimiento de Parces.

“Rechazamos la idea de obtener conocimiento a través de las comunidades y después olvidarse de ellas. Muchas veces las personas les extraen información para producir unos resultados, después les dicen que los recursos se acabaron y se van”, añade Sebastián.

“No podríamos decir que logramos cambios si las comunidades afectadas no participan de esas transformaciones”, Alejandro Lanz.

Alejandro explica que en Parces crean estrategias para que las comunidades afectadas participen de manera activa durante todo el proceso de investigación. “Reconocemos su experiencia y conocimientos igual de válidos a los académicos”.

Los hermanos Lanz: dos caras nuevas del activismo LGBTI
A través de Parces ONG, Alejandro (en la foto) y Sebastián buscan darles voz a quienes no la han tenido para ser más consecuentes con un movimiento llamado “LGBTI”.

“Nuestra relación con las comunidades pasa por la amistad, las alianzas y la confianza”, dice Sebastián. Buscan que estas sean dueñas de las investigaciones sobre sus vidas y evitar que estudiantes o académicos hablen por ellas.

No son salvadores de nadie

De esta manera, buscan que las comunidades no se sientan beneficiarias de la organización sino actores claves de los procesos. Su propósito es empoderarlas para evitar que dependan de ellos. “No queremos ser imprescindibles para nadie porque terminaríamos convirtiéndonos en un puente burocrático entre las comunidades y el Estado”, añade Sebastián.

 “No queremos que Parces sea vista como la organización salvadora. Todo lo hacemos en equipo con las comunidades”, Sebastián Lanz.

Además de ser reconocidos por su trabajo, los hermanos Lanz salieron a la luz pública en septiembre de 2015, cuando Sebastián denunció las amenazas que estaba recibiendo a través de Grindr, aplicación dirigida a hombres homosexuales.

“Loca, drogadicta, afeminada”, fueron algunos de los insultos que le llegaron. En otros donde le decían que le iban a echar ácido en la cara mencionaron a Alejandro, lo que significa que la amenaza era para los dos.

La Fiscalía investigó y encontró otras 30 víctimas de esa misma persona: hombres homosexuales y, en su mayoría, de la Universidad de Los Andes. Sebastián y Alejandro accedieron a un principio de oportunidad donde el agresor no iría a la cárcel siempre y cuando reconozca lo que hizo, pida perdón, se comprometa a no repetirlo y entre en un período de prueba.

Los hermanos Lanz también fueron visibles en mayo de este año cuando promovieron la campaña por los baños neutros, es decir, espacios a los que pueda entrar cualquier persona independiente de cómo se identifique.

“Queremos ir más allá de los baños mixtos como los de la Universidad Externado de Colombia porque estos siguen reproduciendo la idea de binario: hombre y mujer. Nuestra meta es que el género no influya a la hora de entrar a estos espacios”, explica Sebastián.

“Conozco personas trans que antes de entrar al baño miran si viene alguien detrás. Les da miedo ser agredidas allí”, Sebastián Lanz.

Hablar de baños neutros es hablar de espacios libres de violencia para las personas trans “que se les nota” y para quienes se salen del modelo masculino o femenino tradicional. Finalmente, es en los baños donde sufren buena parte de las agresiones cotidianas.

Más allá de una ley de identidad de género

Una de las peticiones de muchas personas trans es la aprobación de una ley de identidad de género que, entre otras cosas, les permita que el sistema de salud cubra las cirugías y tratamientos médicos necesarios para que su apariencia se ajuste a su identidad. (Ver: Discutamos cómo debe ser la ley de identidad de género en Colombia).

Sin embargo, ni Sebastián ni Alejandro creen que esta ley sea la única manera de alcanzar la igualdad de derechos de las personas trans. “Simbólicamente funcionaría, pero tenemos dudas de si realmente contribuiría a transformar su cotidianidad”.

Además, les parece arriesgado que una ley de estas se discuta en el actual Congreso de la República. “No creemos que sea el momento ni el escenario para esto. Más bien, podemos avanzar a través de reglamentaciones. El decreto 1227 es un buen ejemplo de esto”. (Ver: El decreto para el cambio de sexo: un paso más para las personas trans).

En cuanto a qué hacen dos personas que no son trans hablando de personas trans, los dos afirman que en los equipos de Parces participan todas las poblaciones con las que trabajan. “Puede que yo no tenga una experiencia de vida trans, pero es un tema que he estudiado y trabajado en la calle y en la academia”, agrega Sebastián.

Alejandro, por su parte, se define como un aliado más que como un vocero de las personas trans: la voz siempre la tienen quienes viven esa realidad.

Y aunque hay quienes consideran que los hombres no pueden ser feministas sino solamente solidarios, los dos se declaran feministas. “Los hombres podemos y debemos rechazar el machismo y todas las formas de violencia hacia las mujeres. Tenemos el derecho de legitimar los discursos feministas que, en últimas, propenden por la igualdad”. (Ver: Hombres ¿feministas?).

“Mucha gente tiene miedo de nombrarse feminista. ¿Qué será lo que tanto les molesta de que la palabra haga alusión a lo femenino?”, Sebastián Lanz.

También coinciden en que llegó el momento de superar la depresión que causó este año la salida de la homofobia del clóset: “vamos a seguir siendo visibles, no vamos a renunciar a darnos un beso en la calle o a que una persona asuma la identidad de género con la que se identifica”.

Fotos de los hermanos Lanz en diferentes momentos:

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