Los retos de la población transgénero

Los retos de la población transgénero

Género, diversidad sexual y cambio social.
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Aunque ha ganado terreno, la población trans aún es víctima de abusos y discriminación. Además de romper con los imaginarios de que son personas violentas o enfermas ¿qué otros retos enfrentan?

Para Diana Navarro, activista trans, las mujeres trans solamente se sienten seguras en sus propios espacios.

El primer desafío que enfrenta la población transgénero de Colombia es existir. La Constitución política reconoce a hombres y mujeres pero no a los trans. Para algunas personas, esto no es grave en la medida en que, supuestamente, son una minoría casi imperceptible. La realidad, sin embargo, es muy distinta. Se trata de una población real y numerosa pero que históricamente ha sido tan vulnerada y excluida que, buena parte, se refugia en ciertas zonas de las ciudades.

Parte de la violencia que padecen tiene su origen en el hecho de que en Colombia solamente “tienen permiso de existir” los cuerpos completamente masculinos o femeninos. Y los trans, por no cumplir con este “requisito”, se volvieron legítimos para la agresión. “Así que un gran reto es cuestionar el modelo binario de ser solamente hombre o mujer”, señala Lillith Natasha Border Line, directora de TranScity, Comunidad Transgenerista de Medellín.

Las mujeres trans, además, sufren de abuso policial, retenciones arbitrarias, golpes y violencia sexual. Según algunos testimonios, funcionarios de instituciones como la Fiscalía General o el Cuerpo Técnico de Inteligencia (CTI) justifican las agresiones contra ellas por sus propios prejuicios como asociarlas con delincuencia.Lo más grave es que en ocasiones, las investigaciones por los crímenes de odio cometidos contra esta población se cierran como “pasionales” o “líos de travestis”, sin ahondar más en el tema. “Muchas veces la policía las responsabiliza por el simple hecho de trabajar en prostitución”, señala María Elvia Domínguez, psicóloga, máster en estudios de género y docente de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Colombia.

Vulneración, el plato del día

Según cifras de la Dirección de Diversidad Sexual de la Secretaría Distrital de Planeación, el 98 por ciento de las personas transgénero de Bogotá ha sido discriminada o ha visto vulnerados sus derechos. Así, por ejemplo, al 44 por ciento se le ha negado el servicio de salud, el 76 por ciento ha tenido problemas para alquilar un apartamento o una casa y, el 62 por ciento, conflictos con los vecinos.El 83 por ciento ha sido discriminada en el ámbito educativo, lo que en muchos casos lleva a su retiro. Para evitar ser vulneradas, muchas personas trans ocultan su identidad de género hasta obtener el título. Sin embargo, otras tantas no están dispuestas a ocultar su verdadero yo durante tanto tiempo. Por más de 30 años Lilith Natasha se presentó como un hombre gay. “Me suprimí como trans porque quería estudiar”.

La primera mujer trans que ingresó a una universidad colombiana (a la de Antioquia a estudiar Derecho) fue la activista Diana Navarro. Lo hizo en 1993 definiéndose como travesti. “No fue un proceso fácil pero tuvo sus satisfacciones”. Desde 2001 es la directora de la Corporación opción por el derecho a ser y el deber de hacer.

El hecho de que buena parte de esta población no pueda terminar sus estudios se convierte en la primera limitante para acceder a un puesto de trabajo. Adicionalmente, el 79 por ciento ha sido discriminada en el espacio laboral, solamente el 5.3 por ciento ha firmado un contrato de trabajo y el 40 por ciento se ve obligada a vestir y actuar de una manera en la oficina y de otra por fuera.Parte del rezago laboral que vive, radica en que la peluquería y la prostitución son los dos únicos espacios laborales que la sociedad les ha “permitido”. Solamente allí están autorizadas para existir. “¿Cuántas han tenido oportunidad de estudiar sin ser maltratadas? o ¿en qué espacios laborales las reciben?” dice Lorena Duarte, activista trans.

Según Lilith Natasha, las mujeres trans son prostitutas por culpa del Estado. “Al ser expulsadas del entorno familiar y marginadas por la sociedad, la primera opción que encuentran es la peluquería, pero para trabajar en esto se requiere haber estudiado belleza y eso cuesta”. Así que la única alternativa que les queda es la prostitución. Y lo malo no es ser estilista o prostituta sino que estas dos sean sus únicas opciones.

No es por gustoSegún Bernardo Useche, psicólogo, Doctor en Salud pública e investigador en sexualidad y salud sexual, son mujeres que, muchas veces, se resisten algún tiempo a ejercer la prostitución pero que llega el día en que se ven obligadas a hacerlo.

Otro de los obstáculos que enfrentan son los documentos de identidad. “Así legalmente cambien de nombre, les sigue apareciendo el sexo anterior. ¿Y de qué le sirve a alguien llamarse Natalia si allí figura ‘sexo masculino’?”, se pregunta Lilith Natasha.

La directora de TranScity, sin embargo, no tiene problema con eso porque lo percibe como una manera de cuestionar el modelo “hombre – mujer” impuesto por la sociedad. Además, le encanta la idea de que la gente se desestabilice al ver una mujer con un documento que diga “sexo: masculino”. No obstante, sabe que muchas de quienes han transformado su cuerpo quieren ser reconocidas como mujeres y de ahí la importancia de poder cambiar el sexo en estos documentos.

Entre los retos que también enfrentan está superar la presión de tener que ser lo más femeninas posible: abandonar la idea de que entre menos se les noten los rasgos masculinos y pasen más como mujeres biológicas, mejor. “Y si además son bonitas, más puertas se les abren, porque se ajustan más a los patrones impuestos”, agrega Lorena Duarte.

Para Lina Montero, mujer trans, la discriminación de la que son víctimas es evidente en el transporte y baños públicos donde es frecuente que la gente se secretee y codee apenas pasan. Otra de las barreras que a diario encuentran son los vigilantes y porteros que creen que parte de su labor es impedir su entrada por considerarlas “un factor de riesgo”.

El paso a seguir para que la gente entienda que el transgenerismo no es una enfermedad sino una realidad que debe abordarse lejos de mitos, moralismos y prejuicios, es lograr que este tema no esté vetado en los pensum de educación sexual de los colegios.

Agresión = Transformación

Una de las premisas de las integrantes de TranScity de Medellín es “nada sobre nosotras sin nosotras”. Saben que parte de su labor es educar a la gente sobre el tema. “Se busca formar y transformar a la ciudadanía con nuestro discurso y experiencia de vida”, explica Lilith Natasha.

Otra de sus premisas es “por cada acción de discriminación una pedagógica”. “Yo invito a las chicas trans a contar hasta 10 y a respirar profundo cada vez que las maltratan para traducir ese sentimiento en una acción de transformación y evitar seguir reproduciendo el modelo de violencia”, completa. La idea es demostrarle a la gente que está esperando que las mujeres trans saquen el puñal o respondan con un insulto, que pueden hacer de esa discriminación una situación pedagógica.

Álvaro Franco, director de la Especialización en Psiquiatría infantil y del adolescente de la Universidad del Bosque, revela que recientemente recibió una consulta de la Corte Constitucional para conocer si él considera que puede existir un género diferente al masculino y femenino. “La respuesta es sí. Y de llegar a reconocerlo, el paso a seguir sería modificar la Constitución”, explica.

La tarea, sin embargo, no puede quedarse solamente en el papel. Los medios de comunicación, por ejemplo, deben hacer más visible esta realidad, dar a conocer que también existen los tránsitos de mujer a hombre e ir más allá de la foto en primera plana al día siguiente de la marcha del orgullo gay.

Enfrentar los retos que la población trans padece implica ignorar la influencia religiosa en este tema, prevenir el matoneo y liderar campañas pedagógicas dirigidas a toda la sociedad. “Se requiere abordar las dimensiones legal, política, familiar y social”, agrega Franco.

Yo elijo

Sin embargo, el gran desafío es lograr que Colombia apruebe una ley de identidad de género que permita que el género que cada persona elija sea reconocido jurídicamente.

El otro es eliminar la discriminación que padecen en los espacios LGBT: “la única discriminación que he vivido desde que hice mi tránsito de hombre a mujer ha sido en los bares gays”, dice Lina Montero. A las mujeres trans muchas veces les resulta más fácil entrar a un bar heterosexual que a uno LGBT. “Los prejuicios y estigmas que existen no han permitido unificar procesos dentro de la misma población LGBT”, señala Navarro.

Además de esperar que el Senado no reelija a un Procurador que no protege la diferencia, de seguir presionando para mejorar los protocolos de salud y de avanzar en políticas públicas, otros grandes desafíos de la población trans son: reivindicar aún más el derecho a ser diferente y enseñarle al mundo que tener aspectos de masculinidad y feminidad a la vez no debe ser motivo de exclusión sino de orgullo.

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