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Los verdaderos filósofos y las mujeres

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Para celebrar los 70 años de la carrera de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia, el departamento organizó un panel con diez invitados. Ninguna mujer fue convocada. ¿Qué hay detrás de esto?

Por: Irene Vélez Torres* y  Marcela Tovar Thomas**

ejemplos de machismo en Colombia
La celebración de los 70 años de la carrera de Filosofía incluía un panel con diez invitados hombres. Ninguna mujer fue convocada.

Como parte de la celebración de los 70 años de la carrera de Filosofía de la Universidad Nacional, de la que somos orgullosamente egresadas, el departamento decidió llevar a cabo un panel sobre filósofos que no ejercieran en escuelas de filosofía.

En el cartel de invitados, compartido en Facebook, no hubo ninguna mujer entre los diez panelistas. Antes que sorpresa, nos invadió una profunda tristeza al corroborar que esta forma de exclusión en el departamento no ha cambiado.

Frente a lo sucedido, varias reaccionamos en las redes sociales al comprobar que, al parecer, en esos 70 años el departamento no había formado ninguna mujer que, ejerciendo por fuera de la filosofía, valiera la pena.

Aunque la discusión en las redes sociales fue apasionada, a excepción de un caso puntual, no hubo entre los comentarios ningún tipo de descalificación ni grosería. Por el contrario, mujeres empoderadas e inteligentes denunciaron lo que han vivido desde hace años, planteando este suceso como un síntoma de una enfermedad más grave.

Compañeros filósofos, incluso entre los invitados al panel, se pronunciaron en contra de esta segregación de las egresadas mujeres.

También se habló de llevar a cabo una discusión sobre ésta y otras exclusiones. Dicha situación resulta particularmente importante, no sólo porque refleja una forma de desigualdad arraigada en nuestra sociedad, sino porque implica que en un espacio académico donde estas estructuras deberían criticarse y transformarse, por el contrario se reproducen.

Y, aunque el evento está cancelado hasta que vuelva a plantearse un nuevo cartel, lo cierto es que la serie de sucesos en torno a la celebración de los 70 años del departamento de filosofía ilustran las formas en que las desigualdades se vuelven parte de la estructura de nuestras relaciones sociales, emociones e imaginación.

Primero, uno de los profesores que organizaba el evento nos escribió sugiriendo preguntar antes que reaccionar, esperar antes que criticar. Según nos dijo, habría un evento alternativo que se organizaría sólo para las mujeres.

Al parecer, a los ojos del departamento hay tres tipos de filósofos: los hombres y mujeres que se dedican a la filosofía en espacios formales y académicos de la disciplina, los hombres que ejercen por fuera del campo académico y son exitosos asesores políticos, periodistas o cineastas, y las mujeres que estudiaron filosofía y nunca conocieron una programación de evento alguno que mereciera su participación.

Bueno, pueden participar

Supimos que, como una acción que percibimos como desesperada, ante las crecientes críticas en Facebook, a última hora los profesores del departamento llamaron a algunas egresadas para invitarlas al panel y remediar el error.

Pero ya para entonces estábamos organizadas, pasando información y pensando cómo debíamos seguir para evitar que esta exclusión, nada circunstancial, se pasara por alto. Frente a la creciente polémica, estas compañeras decidieron no aceptar la invitación.

El intento fallido por encubrir el error en la organización del evento lo tomamos como un acto de burla frente a nuestras críticas.

Y no contentos con ello y para cerrar con broche de oro, el director del departamento sacó un comunicado que decía que habían publicado una programación provisional que se daría a conocer cuando fuera definitiva y que eran deplorables las descalificaciones al departamento.

Atacar a quienes critican, una acción bastante popular entre los políticos colombianos, lo tomamos como un acto ofensivo frente a nosotras, las mujeres egresadas, que con justa causa habíamos reclamado una participación equitativa, fundada en un reconocimiento genuino de nuestros quehaceres dentro y fuera de la disciplina filosófica.

La reacción en las redes fue significativa. Y frente a toda la crítica, el profesor que organizaba, el mismo que nos escribió y que llamó a otras mujeres a último momento, terminó por sacar un comunicado a su nombre pidiendo excusas y cancelando el evento.

Simultáneamente, el director del departamento sacó un comunicado donde ratificaba la cancelación del evento y prometía una reprogramación. Unos cuantos párrafos para contar toda una novela, cuyo final es feliz en la medida en que hubo excusas públicas y el departamento prometió una nueva agenda más inclusiva.

Pero, aparte de lo anecdótico del suceso, de los comentarios y de las excusas, hubo dos ideas gruesas entre los egresados que merecen una reflexión más pausada y profunda.

Otras exclusiones

La primera es que no es el género la única forma de marginación que tiene lugar en el departamento. También la clase social y las diferencias disciplinares son motivo de exclusión.

Varias historias se compartieron sobre cómo los profesores privilegian de manera simbólica a los estudiantes que viven en ciertos barrios o cómo descalifican abiertamente otras disciplinas de las ciencias sociales y humanas.

Pese a que muchos de quienes recordamos estas prácticas fuimos privilegiados de las mismas, es gracias a la experiencia profesional que hemos logrado comprender que no es deseable un mundo que se divide entre quienes pertenecen al Club de Tobi y la gran mayoría que está por fuera de él.

La segunda idea es que la división entre: los verdaderos filósofos, los hombres exitosos fuera de la filosofía y las mujeres, no sólo crea arbitrariamente cuatro categorías de egresados (en la cuarta estarían aquellos que no merecen ser incluidos en ninguna de las anteriores), sino que implica unas fronteras en la disciplina que no necesariamente corresponden al ejercicio profesional de la filosofía.

Vale la pena preguntarse si ha dejado de ser filósofo aquel que ejerce como asesor político o si no tiene nada que aportarle a la filosofía quien hace cine.

De hecho, en el actual contexto político y social que atraviesa Colombia, donde la paz es un desafío de todas las personas, y más aún de las cabezas pensantes de este país, nos preguntamos si la filosofía no debería precisamente ser pionera en romper las fronteras disciplinares para aportar a la necesaria transición hacia la paz desde la epistemología, la fenomenología, la hermenéutica, la filosofía política y demás áreas.

Lastimosamente, antes de pensar en esos desafíos que tenemos como filósofos y ciudadanos, parece que el arraigo profundo del machismo y otras formas de exclusión en este espacio académico no se han visto ni por un segundo sacudidas.

De hecho, un compañero filósofo escribió a una de las autoras de esta nota para decirle que, a pesar de estar de acuerdo en la reivindicación de incluir mujeres en la agenda, todo este debate era una “pataleta” que se había excedido en descalificación.

Pero ¿no es “descalificar” el hecho de desechar mujeres idóneas por ser mujeres? O ¿qué tiene de descalificación señalar que el departamento de filosofía sea machista?

Un imaginario generalizado

La opinión de este compañero filósofo refleja un imaginario generalizado según el cual las mujeres hablamos desde el útero, las hormonas y nuestra sensibilidad. Y esto no estaría mal si a la vez esta hipersensibilización no se percibiera en contraste y desventaja frente a la hiperracionalización masculina, fuente primaria del conocimiento y de la verdad.

Pero pedirnos dejar la pataleta y “proponer”, como lo han hecho algunos compañeros, es pedirnos olvidar lo que se nos ha enseñado: que la pregunta y el problema son el inicio y que mostrar y señalar la dificultad es desde donde nace la verdadera construcción filosófica.

¿Somos histéricas por señalar la dificultad en este caso? ¿O somos histéricas por hacerlo a propósito de nuestra casa académica? Sí, fuimos privilegiadas por el departamento, monitoras durante todos los semestres posibles, tesis meritorias incluso dedicadas a estos profesores que hoy criticamos.

Por ello mismo es importante alzar la voz, señalar el problema y mostrarles a estos excelentes profesores que nos hemos formado de una manera tan capaz que incluso podemos cuestionar el sistema mismo que nos dio las herramientas para hacerlo.

Esto hacemos ahora: conciencia de cómo necesita nuestra casa académica y nuestro propio sistema de pensamiento -construido en ese departamento- una seria reflexión, una pregunta, la visibilidad de un problema, la exaltación de una dificultad.

A raíz de este suceso, que sólo ejemplifica una dinámica arraigada en el departamento, se creó un grupo de mujeres que estamos construyendo, preguntando, hablando.

Bienvenido el momento en que se reventó la pita que amarraba tanta exclusión. Ojalá estemos a la altura, todos y todas, del reto que esta situación nos pone en las manos como estudiantes, profesores y egresados.

Ojalá aprendamos de este suceso, no sólo para remediar el machismo en el departamento, sino para avanzar hacia reflexiones más profundas sobre ésta y otras formas de desigualdad que la sociedad colombiana necesita hoy más que nunca superar.

* Irene Vélez Torres, doctora en Geografía política de la Universidad de Copenhague, profesora de EIDENAR, Facultad de Ingeniería de la Universidad del Valle.

** Marcela Tovar Thomas, magister en Educación y Formación – Formulación proyectos de la Universidad Paris V y consultora para políticas de consumo de drogas, seguridad y de juventud.

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