Más allá de la “rumba gay”

Los bares y cafés para personas LGBT son espacios importantes para esta población. Sin embargo, vale la pena apostarle a otros lugares de socialización. Especial sobre “rumba gay”. Segunda parte. 

La propuesta de Mujeres al Borde es un buen ejemplo de otras alternativas de encuentro en torno a temas de diversidad. Foto: Mujeres al Borde.

Históricamente, bares, discotecas y cafés han sido espacios importantes de encuentros y desencuentros amorosos. Y con mayor razón, si se trata de aquellos concebidos para personas sexualmente diversas o LGBT, debido a que, en ocasiones, estos son sus principales – o incluso únicos – puntos de encuentro.

Allí, muchas parejas del mismo sexo se sienten tranquilas y sin miedo a ser señaladas a la hora de bailar o darse un beso.  Según la artista visual Andrea Barragán, en estos lugares hay rituales no heterosexuales muy válidos: “son espacios que, en esencia, tienen que ver con la hospitalidad, reconocer al otro y no verlo como un extraño”.

El “pero” con algunos, especialmente con los frecuentados por hombres homosexuales, radica en que han empezado a impartir una normatividad sobre cuál debe ser la manera de lucir y de comportarse de un hombre gay que quiera insertarse de manera exitosa en esa pequeña sociedad.

De esta manera se han generalizado ciertas estéticas y dinámicas de consumo que establecen lo que, supuestamente, debe ser o tener un hombre gay. “Se espera, por ejemplo, que acudan hombres vestidos con determinada ropa o con la apariencia física ‘deseable’”, señala César Sánchez-Avella, magister en estudios culturales. Y si una persona no clasifica dentro de esos patrones, corre el riesgo de ser señalada o discriminada.

El cuerpo del deseo

Según Andrea García Becerra, antropóloga, magister en estudios de género y docente de la Universidad Javeriana, la estética de los hombres gay está muy influenciada por la publicidad y los medios de comunicación. Muchas veces la imagen que las personas – y los bares – tienen del mundo, es producto de lo que han conocido por estos medios que tienden a presentar contenidos excluyentes y racistas.

Esas dinámicas de lo que “debe ser” un hombre homosexual contribuyen a crear nuevas formas de discriminación, incluso entre ellos mismos. “A la mayoría de bares y discotecas LGBT son bienvenidos quienes tengan cuerpos que respondan a las expectativas sociales y se vistan con ropa de marca. Sus asistentes terminan por ser ‘cosificados’”, agrega Wilson Castañeda, director de Caribe Afirmativo.

La idea, por supuesto, no es que estos bares y discotecas desaparezcan, sino que transformen su concepto, sean más incluyentes y eviten seguir contribuyendo a crear barreras entre ricos y pobres, gordos y acuerpados o “afeminados” y varoniles.

“Es entender que si se exige igualdad de derechos y respeto por parte de la sociedad, esto también debe existir dentro del colectivo LGBT”, señala Federiko Ruiz, director de comunicaciones y prensa de Santamaría Fundación (SF).

Para lograrlo, agrega, es importante que la gente se eduque en el tema porque si creció escuchando que todas las mujeres trans son agresivas termina por creerse el cuento. “Muchos de quienes dicen que ellas son violentas, nunca han hablado con una. Lo afirman por el imaginario que tienen”, completa Ruiz.

Según Daniel Sánchez, administrador de Village Café, también valdría la pena evitar hablar de “bares LGBT” porque esa es, de entrada, una forma de discriminar a los heterosexuales. “Así tengamos una bandera gay, acá las puertas están abiertas para todos”.

A diferencia de este establecimiento, en Cavú Bar no usan este tipo de banderas ni de símbolos porque no quieren que la gente piense que el ingreso está limitado a las personas LGBT. “Cavú está abierto a todo el público”, explica su propietario Jorge López Polo.

Bares para personas

“En la rumba de unos años no habrá barreras de orientación sexual o identidad de género. Serán simplemente bares o discotecas. Esos sitios exclusivos para personas gays tenderán a desaparecer”, dice Edison Ramírez, gestor y socio de Theatron.

Sin embargo, “el derecho de admisión” que por ahora determina quién puede entrar y quién no a estos espacios, debe aprovecharse para reflexionar en que, a pesar de ser lugares válidos, no deberían ser los únicos ámbitos para socializar.

“Es importante que no se conviertan en el lugar por excelencia para relacionarse con otros debido a que son sitios donde casi no hay diálogo sino exposición de cuerpos y estilos prefabricados”, dice Castañeda.

Para Jei Alanis Bello Ramírez, socióloga feminista, es necesario fomentar otras prácticas de socialización. “Inventar espacios distintos a esos lugares de consumo donde se cultiva la misoginia y la masculinidad hegemónica y donde no prolifera el pensamiento ni la acción política”. 

En su opinión, hay que crear nuevos lugares y dinámicas que vayan más allá de esos sitios pensados para ciertos hombres gays “donde a la loca la miran mal y, si es pobre, peor”, completa Alanis.

Lo LGBT debe ser más que ir a rumbear a un bar con una bandera de arco iris; es tener la posibilidad de ver una obra de teatro, salir a comer, reunirse en una casa o contemplar los ámbitos educativos y laborales como sitios de socialización”, afirma García Becerra.

Agrega que un buen número de mujeres trans nunca ha tenido la oportunidad de ir a teatro o a una universidad, así sea de visita, pero sí va con frecuencia a bares y discotecas.

En últimas, la propuesta es impulsar otras alternativas de encuentro que vayan más allá de la rumba y que incluyan eventos deportivos y académicos, la asistencia a bibliotecas, tertulias, actividades al aire libre, cine, teatro, conciertos, nuevos mundos y posibilidades de relacionarse.

Enlaces relacionados:

Derecho de admisión vs. discriminación en bares LGBT.

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  • Uriel

    Hola amigos de Sentiido, hace rato no escribía en el site. Creo que el análisis que se le da al artículo me genera dudas. Pensaría que utilizar el término “históricamente” hace referencia a la linealidad sincrónica que han dejado la existencia temporal de sitios para la comunidad LGBTI, pensaría que debe entender el tiempo en tanto no existencia, sino posibilidad de acción y movilización de actos de resistencia. Ahora bien, me parece algo extraño que se pretenda sustancializar el carácter de la existencia de estos sitios, las formas de perpetuar el poder (que para este caso es la discriminación) es obviamente haciendo un ejercicio de etiquetar, nominar, nombrar estos sitios como lugares comunes para una población, -bares, discotecas LGBTI-, eso marca las diferencias excluyentes de los otros, ahora bien, si se trata de generar un punto de vista frente a otras posibilidades de rumba, es importante aclarar que el concepto de género no se limita a masculino, femenino, también se habla desde el género de otras formas de ser, homosexuales, bisexuales, trans, etc. Por último es importante rescatar las fuentes de consulta involucradas en el artículo, pero creo que al momento de escribirlo hubo una perspectiva muy subjetiva, que sin descalificar, pensaría que hay que jugar un poco con la rigurosidad. Finalmente, considero que la discusión sobre los “lugares de rumba LGBTI” de algún modo responde a la trivialidad del consumo. Esta es una muy buena discusión que debería seguir a través de estos artículos. Gracias.