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Miguel Rueda y su apuesta por el amor

Género, diversidad sexual y cambio social.

Pink Consultores, uno de los proyectos de vida del psicólogo Miguel Rueda, cumple cinco años ayudando a que más gente pueda ser quien es y a amar como quiera. Esta es la historia de un sueño que se hizo realidad un 28 de junio, día del orgullo LGBT.

Miguel Rueda Pink Consultores
Miguel Antonio Rueda Sáenz, bogotano, doctor en Psicología y fundador y director de Pink Consultores, empresa que en 2017 cumple cinco años.

Miedo al rechazo y a los señalamientos, es un sentimiento que todavía, año 2017, acompaña a muchas personas lesbianas, gais, bisexuales y trans (LGBT).

Algunas, incluso, sienten que deben pagar la “deuda social” de no ser como la mayoría: Tienen que ser los mejores hijos, los empleados que nunca reclaman frente a las injusticias y excelentes chefs, anfitriones, decoradores, bailarines… Para que a los demás se les olvide eso “tan malo” que tienen.

O ¿cuántas veces no se oye decir que Brigitte Baptiste, directora del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, “es tan inteligente que hasta a uno se le olvida que es trans”? No. No se puede olvidar porque su identidad de género es una parte fundamental de quien es. (Ver: “Desde que las niñas son rosadas y los niños azules, estamos jodidos”).

O ¿cuántas amigas no les han dicho a sus amigos que los quieren tanto que por momentos se les olvida que son gais? Tampoco se les puede olvidar.

Lo peor, aún hay “terapeutas” que les aseguran a las personas LGBT “de esta etapa salen”. ¿Será que a sus pacientes heterosexuales les dicen lo mismo? Como si la orientación sexual y la identidad de género fueran una elección y no un descubrimiento.

Hay quienes hacen creer que lo que está mal es ser LGBT y no la sociedad que señala y condena la diversidad.

Muchas veces la diferencia entre aceptarse como uno es o reafirmar miedos recae en la apertura y formación del profesional al que se acuda. Es casi un asunto de suerte.

Como aquella psicóloga que le dice a su paciente que está en proceso de aceptación de su orientación sexual: “sí, eso de ser lesbiana es complicado. Lo bueno es que hay mucha gente a la que no se le nota”. (No, pues, ¡gracias por tanta ayuda!). (Ver: A mí no se me nota).

Miguel Rueda Pink Consultores
En su tiempo libre le gusta cocinar, leer, compartir con su familia, invitar amigos a su casa y comprar objetos de diseño y decoración, así esto último sea visto como cliché.

Sin importar si suena o no arrogante -algo que, en general, poco le preocupa- Miguel Rueda dice que cuando él tenía 16 años le habría gustado mucho tener el apoyo de un psicólogo como él.

De ahí que Pink Consultores, empresa de la que es fundador y director, también sea resultado de sus necesidades no resueltas. En su adolescencia le habría encantado encontrar un espacio como este, donde predomina el rosado, un color que le gusta y le resulta retador de la masculinidad obligatoria.

“En Pink son bienvenidas las ovejas rosadas de todas las familias”.

En Pink afirmamos y apoyamos las expresiones de la sexualidad, entendiéndola como uno de los pilares fundamentales de la identidad. Fomentamos la expresión libre de la diversidad sexual y de género y propendemos por el bienestar de todas las personas”, dice su fanpage de Facebook.

El retroceso de 2016

No obstante, celebrar y afirmar lo que cada uno es se complica en años como el pasado, cuando inventos como la “ideología de género” llegan para asustar y confundir. (Ver: La tal ideología de género, ¿de dónde viene y para dónde va?).

En 2016 fue necesario volver a poner sobre la mesa prejuicios que se creían superados: que las personas homosexuales somos depravadas o que estamos enfermas. Nos tocó volver a explicar que no es así”.

Lo que pasó en 2016 afectó mucho a Miguel. “Me sentí como cuando yo salía a recreo y me chiflaban por ser marica. Yo solo esperaba el momento de irme para mi casa y encerrarme en mi cuarto”. (Ver: El bullying por homofobia debe salir del clóset).

“Independiente del retroceso de 2016, ser gay en 2017 es muy distinto a serlo en 1987, algo que no tiene marcha atrás”.

De ahí que recuerde los años de bachillerato con angustia y dolor. “Yo era un adolescente amanerado, sensible, que tocaba guitarra y cantaba en el coro del colegio”.

Estaba lejos de pertenecer a la banda de guerra del Gimnasio Moderno, puesto reservado para “los más machos”. Tampoco jugaba fútbol sino voleibol, “el deporte de las niñas”, según muchos de sus compañeros. (Ver: El bullying escolar no se detiene).

Miguel Rueda Pink Consultores
El Colegio Colombiano de Psicólogos nombró a Miguel como uno de los dos representantes por Colombia ante la Red Internacional de Psicología LGBT de la American Psychological Association (APA).

A quienes lo molestaban, poco les importaba que Miguel tuviera novias y que aún no se reconociera como gay. El “delito” ya estaba cometido: apartarse de la masculinidad obligatoria y de lo esperado por la sociedad para un hombre. El matoneo empezaba a las 7 de la mañana y terminaba a las 4 de la tarde. Sin parar. (Ver: A mí sí se me nota).

Todavía se acuerda de las llamadas “Mañanas de Talento” donde salía a cantar con su guitarra. Tenía que esperar a que pararan los chiflidos de medio colegio para poder hacer su presentación. “Se me dormían las manos de la angustia”.

La música y el coro fueron su tabla de salvación. Ese algo de donde aferrarse.

Más de una vez pensó en cambiarse de colegio. ¿Pero a dónde? Si el chisme había trascendido las murallas del Moderno. “Todo el mundo decía que Rueda era marica”.

Era el típico caso en que por la expresión de género o la manera de hablar y de comportarse, se da por hecho que alguien es gay. (Ver: Colegios: les llegó la hora de reconocer la diversidad sexual).

“¡Qué pena!”

Cuando en su vida adulta Miguel se ha encontrado con algunos de sus compañeros, les ha reclamado. Su respuesta suele ser “¡qué pena!”. “Ya la embarraron. Ya qué. Pero igual los perdono para que pueden morir tranquilos”, les dice.

No fue solamente por esta experiencia que Miguel decidió estudiar Psicología. Lo tuvo claro desde los 11 años. En parte por Catalina, su hermana, quien también es psicóloga.

Yo la veía estudiar con sus amigas y me encarretaba oyéndolas. Me acuerdo que la palabra ‘comportamiento’ me parecía la más elaborada y profunda del mundo”.

Tenía tan clara su vocación que en quinto bachillerato quiso darse otra oportunidad, como quien lleva años en una relación de pareja y busca vivir otra experiencia.

Pensó, entonces, en Comunicación Social. Pero la decisión ya estaba tomada. Hoy sabe que además de Psicología, habría podido estudiar Música, Danza, Medicina, Diseño, Antropología y Sociología, entre otras.

Claro que si tuviera que volver a escoger, optaría de nuevo por Psicología. De hecho, en octubre de 2016 se graduó de la Universidad de Los Andes de doctor en Psicología, que es como hacer la carrera tres veces más. Es tanto el desgaste y el esfuerzo que implica un PhD que el día que recibió el título botó la casa por la ventana.

Su pregrado lo hizo en la Universidad de La Sabana. Entró en 1991 con el propósito de graduarse rápido. Temía que en caso de salir del clóset, sus papás no le pagaran la carrera, algo que no habría pasado. Pero era su miedo. (Ver: Aceptar a los hijos LGBT).

En la misa diaria de la universidad comulgaba y cantaba con su guitarra. Eso ayudó a que durante años las directivas no lo cogieran entre ojos, teniendo en cuenta que La Sabana es una “obra del Opus Dei”, lo que incluye su rechazo hacia el “ejercicio de la homosexualidad”. (Ver: Políticas públicas al estilo de la Procuraduría y la Universidad de La Sabana).

En ese entonces, nadie se identificaba allá (abiertamente) como gay. De hecho, las diferentes orientaciones sexuales e identidades de género eran invisibles hasta en carreras como Psicología.

Pero en noveno semestre, las directivas empezaron a sospechar y al mejor estilo “cazahomosexuales”, trataron de indagar si algo estaba “mal” en él. (Ver: Nuevos “Aires” en la Universidad de La Sabana).

Finalmente Miguel logró graduarse, pero ante los “serios indicios”, le hicieron tres embarradas o “cagadas”, como él prefiere llamarlas: no le permitieron dar el discurso de grado, le quitaron una beca para irse a estudiar a España y el rector no le firmó el diploma.

Parte del desquite vino en 2016 cuando al graduarse de doctor en Psicología, la Universidad de Los Andes lo invitó a dar el discurso de la ceremonia.

No estaba solo

Otra de las muchas razones por las que Pink existe fue su salida del clóset, un proceso angustiante y doloroso. Le ayudó que para ese entonces, Eduardo, su hermano mayor, ya era abiertamente gay.

Al menos tenía un referente. El otro era la peluquería “Memo” en la Carrera Séptima con Calle 75 en Bogotá. “También me acuerdo cuando los medios empezaron a hablar de Roberta Close, una mujer trans brasilera, como la gran noticia. Ya más grande supe de George Michael y Miguel Bosé”.

De la mano, literalmente, de su hermano Eduardo conoció el primer bar gay, Safari, en la Avenida Caracas con Calle 74. “Entré muerto del susto pegado de mi hermano y de su novio”.

“En ese primer bar gay al que fui, una mujer trans se acercaba como parte del show y yo estaba aterrado de que me fuera a decir algo”.

Estaba en la etapa de “me niego a bailar con manes”: “Yo venía de bailar con mis amigas del Gimnasio Femenino. ¡Cómo iba a bailar con tipos en un bar de la Caracas!”. Desde entonces no ha parado de bailar con manes.

Más adelante se enteró de que su otro hermano, Felipe, también era gay. “Nosotros somos cinco hijos, dos mujeres, tres hombres. Y los tres somos homosexuales”. Un antecedente más por el que existe Pink.

Con el tiempo terminaron encontrándose Ruedita grande, Ruedita mediano y Ruedita chiquito rumbeando en los mismos bares, muchos de los cuales eran clandestinos.

Miguel Rueda Pink Consultores
Miguel sabe que un espacio como Pink Consultores puede salvarle la vida a una persona. Y no solamente de quitarse la vida, sino de un suicidio social.

Viéndolo en retrospectiva, para lo único que le ha servido a Miguel la discriminación es para no prestar completo el servicio militar obligatorio. Aunque ¿por qué pensar que un hombre abiertamente homosexual (porque en el clóset hay muchos) no pueda estar en el Ejército o en la Policía? (Ver: Comunidad del anillo, policía y vídeo).

Lo cierto fue que en 1990, por sorteo, fue seleccionado para prestarlo. Estaba dispuesto a todo para no irse. Así que acudió a donde unas psicólogas del Ejército para decirles que era gay. Ellas le respondieron que esa era una causal para darle la baja.

Finalmente terminó presentando un escrito, supuestamente privado, diciendo algo así como: Yo, Miguel Antonio Rueda Sáenz, identificado con el documento de identidad tal, confirmo que soy homosexual

Lo supo todo el batallón. Y lo peor, no le sirvió. Entró al Ejército. La única ventaja fue que no lo pusieron en filas sino en la tienda. “No me podía bañar, ni entrar al comedor, ni dormir en el alojamiento porque me daba miedo que me fueran a agredir o hacer algo”.

A los seis meses lo sacaron. De hecho, entró a La Sabana estando todavía en el proceso de la baja. Todos los sábados tenía que ir a las 7 de la mañana al batallón a renovar el permiso, hasta que le saliera la libreta militar. Era un suplicio. Jamás le rebajaron la chiflada.

La verdad

A sus hermanas les dijo la verdad: que lo habían sacado del Ejército por homosexual, a sus papás, que por problemas de migraña. Tiempo después supo que a su casa habían llamado a explicar por qué, pero sus papás jamás se lo contaron.

Es más, con su mamá nunca tuvo la conversación de: “tengo algo importante que decirte… Soy gay”. Simplemente empezó a presentarle a sus parejas. (Ver: “La vida y Dios me premiaron con un hijo gay”).

Con su papá, médico, el asunto fue distinto. “Un día, él pasó por la sala de la casa donde yo estaba con mi novio cogido de la mano”. Regañó a Miguel, le echó un discurso y le dijo que se fuera de la casa.

Aunque sus papás, quienes llevan 56 años de casados, no hablan del tema, la relación familiar fluye al punto que un día su papá arreglando los libros de la casa encontró uno llamado “La cuestión homosexual. Se lo dio a Miguel diciéndole “por si le interesa”.

Todo esto es parte de los cimientos de Pink Consultores, organización que en 2017 cumple cinco años y que empezó a gestarse cuando Miguel viajó a Londres, un año después de graduarse del pregrado (1997) para hacer un postgrado en psicoterapia.

Allá fue voluntario en PACE, un sitio especializado en personas lesbianas, gais, bisexuales (ni siquiera se hablaba de trans). Su estadía partió su vida en dos. De hecho, por primera vez salió públicamente del clóset. (Ver: Salir del clóset: justo y necesario).

Lo hizo en una clase cuando una profesora creó en el piso unas líneas imaginarias que dividían las diferentes orientaciones sexuales y les pidió ubicarse en la zona donde se identificaran.

La gente se quedó sentada hasta que un hombre se paró y se ubicó en el espacio homosexual. “Yo me paré detrás de él”. Entonces, al mejor estilo película gringa, muchos más se unieron. “De los nervios no podía ni hablar. Fue la primera vez en la vida que no sentí la necesidad de explicar quién era”.

En 2011, en Londres, se certificó en psicoterapia con diversidades sexuales y de género en el Pink Therapy Institute. De ahí, en parte, el nombre de Pink.

En agosto de 1999, cuando regresó a Bogotá, creó un grupo de apoyo junto a una expaciente suya y su pareja del momento. Se reunían todos los sábados en un salón comunal. Poco a poco fue sumándose más gente hasta llegar a tener 100 personas.

Miguel Rueda Pink Consultores
Miguel cree en Dios, pero no ese castigador que enseñan algunos curas, sino en una promesa de amor y trascendencia.

En 2006, cuando el primer Centro Comunitario LGBT de Bogotá (en Chapinero) abrió sus puertas, Miguel trabajó como psicólogo y después como director.

Pero fue hasta el tercer año del doctorado en Psicología que un día se despertó diciendo: “tengo que crear Pink”. Y no “un día de estos”. Tenía que ser ya. Y arrancó. (Ver: Centro comunitario LGBT de Chapinero: cuando Bogotá salió del clóset).

El 28 de junio de 2012, día internacional del orgullo LGBT, (hace cinco años) Miguel recibió el certificado de la Cámara de Comercio de Pink Consultores, acreditando así que su sueño era una realidad. La más feliz de las coincidencias.

“Puede que yo esté mal por cualquier motivo, pero Pink siempre está estable”.

Desde entonces, organizaciones y entidades como la Corte Constitucional de Colombia le han pedido conceptos técnicos en temas como el matrimonio y la adopción por parte de parejas del mismo sexo. (Ver: La Corte Constitucional de Colombia y los derechos de personas LGBT).

¿Activista yo?

Sin embargo, y así suene raro, Miguel no se considera activista. “Si trabajar por el bienestar y por los derechos de la gente me hace activista, lo soy, pero nunca estoy al lado de los grandes activistas diciendo yo también”. (Ver: Cómo y para qué apostarle al activismo).

Más bien, tiende a estar por los lados del movimiento LGBT. En primera instancia, porque muchas de las personas que atiende en Pink buscan privacidad y si él es muy público probablemente no van a sentirse tan cómodas. “Y yo quiero que la gente se sienta feliz y tranquila acá”.

Por otro lado, aunque en el activismo actual ve muy buenas intenciones, “es difícil luchar contra los egos de los activistas. Está la competencia de quién saca el mejor informe o quién sale más en televisión. Unamos fuerzas”. (Ver: Nace un nuevo movimiento).

En 1999, Miguel asistió por primera vez a una marcha LGBT en bogotá.

A esto se suma quién tiene más likes o a quien retuitean más. “En vez de impedir que el tal bus naranja avance, buenísima la idea de sacar otro con un letrero de amor e igualdad. Eso sí es de tú a tú”. (Ver: ¿Las niñas nacen femeninas y los niños masculinos?).

Miguel Rueda Pink Consultores
Aunque le parece que no hay nada más conservador que la idea del “matrimonio para toda la vida”, sabe que las parejas del mismo sexo necesitaban tener ese derecho para que las que quisieran pudieran renunciar a el.

En todo caso, reconoce que es difícil construir puentes con las orillas conservadoras que tanto han maltratado a las personas LGBT. “Por eso no participo en programas donde un líder religioso me va a atacar todo el tiempo”. (Ver: “A muchos medios les interesa lo LGBT cuando hay enfrentamiento”).

También tiene muy claro que detrás de la tal “ideología de género” hay una pelea política por votos. Eso es lo que está en disputa. “Lo bueno es que los aliados -amigos, compañeros de trabajo y familiares de personas LGBT- son más que los opositores”.

“Todo el mundo tiene derecho al prejuicio, el deber es desbaratarlo”.

Sabe que nadie va a convencer al exprocurador Alejandro Ordóñez, a la senadora Viviane Morales ni al expresidente Álvaro Uribe de que el camino es la igualdad, pero sí que hay otros tantos líderes con quienes es posible avanzar. “Hay que rodearse de amigos”. (Ver: 9 razones por las que el referendo de Viviane Morales sí discrimina).

“El problema es que los gais se victimizan”, dicen algunos. No. El problema es que algunas orientaciones sexuales e identidades de género siguen siendo motivo de peleas familiares, de no contratar a una persona para un trabajo o de sacarla de un establecimiento público. (Ver: ¿Victimismo gay? 8 voces opinan).

A Miguel, por ejemplo, lo han despedido de empleos por ser gay. Y justamente uno de los objetivos de Pink es hacer visible y evitar este tipo de situaciones.

“La homofobia sigue en los espacios laborales. Y mucha gente no tiene ni los argumentos ni la capacidad para defenderse”.

No tiene duda de que en un escenario ideal o donde la diversidad sea parte del día a día -y no motivo de rechazo y señalamientos- organizaciones como Pink no tendrían cabida. Y de no existir, posiblemente tendría una floristería (¿qué tal Pink Flowers?).

Tengo mucha fe en las nuevas generaciones. No tienen el menor rollo con la diversidad sexual y de género porque su tío, su mejor amigo, su papá o mamá son LGBT”.

Ese cambio generacional, dice, nos salvará. Mientras tanto, hay mucho por hacer y Miguel tiene toda la fuerza, la energía y la experiencia para seguir. Además, lo sabe: algún día el mundo será Pink. Ojalá.

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