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Nace o se hace, ¿importa?

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.

El debate de si una persona nace o se hace homosexual aún sigue vigente. Por mi parte, quiero dejar atrás la idea de que esta es una orientación sexual que necesita justificación.

Por Ana Z.*

el homosexual nace o se hace
“No quiero volver a preguntarme si nací o me hice homosexual. Simplemente quiero ser feliz”.

Tengo un hermano, una tía y un compañero de oficina que son zurdos. Nunca les he oído preguntarse por qué escriben con la mano izquierda y no con la derecha, tal cual como lo hace la mayoría de gente. Tampoco les he escuchado decir con voz de lamento: “¡por qué a mí!” cuando se refieren a esta característica.

Mi otro hermano tiene un lunar en el centro de su mejilla izquierda. Alguna vez en la infancia me dijo a manera de pregunta: “¿por qué tendré este lunar si mi mamá ni mi papá lo tienen?”. A los pocos minutos el tema era historia.

Mi mamá y mi mejor amiga son heterosexuales. Las he visto pelear y discutir con sus parejas, pero jamás contemplar la posibilidad de salir, en plan romántico, con personas de su mismo sexo. Nunca las he visto cuestionarse, con cara de preocupación, acerca de por qué les “tocó” esa orientación sexual.

Mi caso fue distinto. Pasados los 20 años, cuando me reconocí como homosexual, me afané por buscar una explicación. Busqué ayuda psicológica, no tanto para aceptarme, sino para encontrar un por qué de la mano de un especialista.

Yo pensaba que si lograba identificar la causa de mi orientación sexual sería más fácil “tratarla” hasta que empezaran a atraerme las personas del sexo opuesto. Algo así como cuando uno sufre de constantes dolores de cabeza: con ayuda médica encuentra la causa, sigue un tratamiento y todo retorna a la “normalidad”.

Estaba convencida de esto porque crecí pensando que ser homosexual era producto de un desorden, de algo que estaba mal, que la sociedad me rechazaría, mi familia jamás me lo perdonaría y, lo más grave, me iría para el infierno por los siglos de los siglos amén.

En las consultas psicológicas les decía a los especialistas que no podía ser verdad que yo fuera lesbiana porque me salía del estereotipo físico más difundido de estas mujeres. Les contaba que no quería llevar el pelo corto ni permitir el sobrepeso, partiendo de la equívoca idea de que esta estética es incorrecta y que solamente existía una única forma “externa” de ser lesbiana.

En mi casa, pasaba tiempo indagando si una persona homosexual nace o se hace sin abandonar por un segundo mi propósito de descubrir la “falla”, corregirla y seguir adelante como una mujer heterosexual más en el mundo.

Había escuchado que la homosexualidad era producto de abusos sexuales en la infancia, de malas relaciones con el papá o la mamá o de factores aprendidos, como no saber relacionarse de manera espontánea con el sexo opuesto.

Cada caso es único

Con el tiempo conocí personas que fueron abusadas sexualmente en su infancia y que no son homosexuales y otras que también lo fueron y sí lo son. También he compartido con quienes tuvieron mala relación con su papá o su mamá y hoy son homosexuales y con otras con igual antecedente que no lo son.

Una de las psicólogas a las que consulté, alguna vez me dijo que ella había atendido pacientes muy distintos entre sí, con historias de vida ni medianamente parecidas, que lo único que tenían en común era la atracción por personas del mismo sexo.

En mi afán porque ella me diera una “causa”, recuerdo que un día le pregunté: “¿será que tengo un trauma con los hombres?” Después de mucho hablar, me dijo: “es posible que por alguna razón –o varias– hayas bloqueado a medio mundo (los hombres), para relacionarte afectivamente con el otro medio (las mujeres). Y de ese medio, algunas podrán seguirte ‘el cuento’ (las lesbianas a las que yo les gustara)”.

Después entendí que ese “bloqueo” del que hablaba la psicóloga no era solamente mío. Mi hermano, por ejemplo, como muchos otros hombres heterosexuales, también había bloqueado a medio mundo (en este caso, los hombres) para relacionarse afectivamente con el medio restante (las mujeres). De ahí, algunas le habían seguido ‘el cuento’ (las que se sentían atraídas por él).

Durante años me repetí a mí y a los demás que yo no había elegido ser homosexual y que si por mí fuera habría sido heterosexual. Trataba de comunicarme y comunicarles que si yo era eso tan “malo”, por los menos no era por decisión propia. Pero hoy pienso: ¿y qué tal que de manera consciente o inconsciente yo sí lo hubiera elegido?

Es decir, ¿qué pasa si una mujer que en su infancia fue abusada sexualmente elige de manera consciente o inconsciente, tener relaciones sexo-afectivas solamente con personas de su mismo sexo? o ¿Qué pasa si un hombre se siente más cómodo con los hombres y decide que solamente de ese medio mundo escogerá a sus parejas?

Me gustaría dejar atrás el debate de si la persona homosexual nace o se hace, de si elegí o no serlo, de si es genético o aprendido porque lo que está detrás de esta pregunta no es otra cosa que la idea de que la homosexualidad es una orientación sexual incorrecta que para poder existir necesita justificarse.

No me importa si me gustan las mujeres por un trauma, porque bloquee a medio mundo, porque fui elegida por el gen de la homosexualidad o porque libremente decidí que tendría relaciones con ellas y no con ellos. Eso quedó atrás. Desde hace algunos años tomé la decisión de ser feliz amando y siendo amada por quien yo quiera, sin importar nada más.

*Lectora y colaboradora ocasional de Sentiido.

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