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Ninguna mujer tiene en su plan de vida abortar

Género, diversidad sexual y cambio social.

Ninguna mujer decide quedar embarazada para después abortar ni tampoco fija en su plan de vida interrumpir un embarazo. Sin embargo, muchas personas siguen calificando a quienes lo hacen como criminales o promiscuas. ¿Por qué?

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Nada exime a una mujer en edad fértil de la posibilidad de un embarazo no deseado. Ni siquiera haber hecho voto de castidad, que no le gusten los hombres o tener acceso a métodos de planificación modernos. Foto: Marius Boatca con Creative Commons.

El 28 de marzo de 2016, un día antes de terminar su periodo como fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre radicó en el Congreso de la República un proyecto de ley para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en Colombia, hasta los seis meses de gestación.

Esto significaría ir más allá de las tres causales que, en 2006, estipuló la Corte Constitucional para abortar legalmente. Según Montealegre, su proyecto es viable en la medida en que no hay ninguna disposición constitucional ni del derecho internacional de los derechos humanos, que obligue a penalizar esta práctica.

Esta propuesta que presentó en el Congreso, dijo el ex fiscal, no solamente evitaría más muertes de mujeres que abortan de manera insegura sino que haría énfasis en su derecho a la autonomía.

“Es mejor no hablar de aborto sino de interrupción voluntaria del embarazo: hace énfasis en una decisión autónoma”, Florence Thomas, feminista.

Llamó la atención que Montealegre presentara esa propuesta teniendo en cuenta que unos meses atrás, en septiembre 14 de 2015, la Fiscalía anunció -aunque finalmente no se concretó- la imputación de cargos contra la actriz Carolina Sabino por el delito de aborto.

No fueron pocas las personas que señalaron que se trataba de una cortina de humo para desviar el interés de los medios de comunicación en el escándalo de los millonarios contratos otorgados a dedo por el entonces fiscal a la columnista Natalia Springer.

Además del proyecto de ley, poco antes de dejar su cargo, Montealegre emitió la directiva 06, “por medio de la cual se adoptan directrices para la investigación y juzgamiento del delito de aborto tipificado en el artículo 122 del Código Penal”.

Entre otras cosas, el documento estipula la obligación de dar a las víctimas de violencia sexual la información completa sobre el protocolo de atención integral y el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE).

Por otra parte, Angélica Lozano, representante a la Cámara por Bogotá, trabaja en un proyecto de ley para no solamente despenalizar el aborto en el primer trimestre del embarazo sino para incluir una educación sexual de calidad que no esté sujeta a las creencias religiosas de las directivas de los colegios.

Su proyecto contempla el manejo de los casos de violencia sexual, acceso a métodos anticonceptivos modernos y seguros y a reproducción asistida para quienes quieren tener hijos y por alguna razón no puedan.

“También incluye cómo evitar que para adoptar a un menor sea necesario buscar primero a sus familiares hasta su sexto grado de consanguinidad“, señaló Lozano en un foro sobre aborto en Colombia organizado por la Fundación Buen Gobierno.

El 10 de mayo de 2016, la sentencia C-355 que despenalizó el aborto en Colombia en tres situaciones cumplió 10 años. Sin embargo, aún un buen número de mujeres encuentran barreras para ejercer este derecho.

Detrás de los obstáculos para hacerlo están las creencias que acompañan esta práctica. Finalmente, aunque hay avances legales, el cambio en la percepción es complejo. Y como los prejuicios se enfrentan con conocimiento, a continuación seis aclaraciones clave a seis afirmaciones encontradas en las redes sociales:

1.“El aborto es un crimen”:

Quienes se oponen a que las mujeres interrumpan de manera voluntaria su embarazo, suelen afirmar: “el ser que está en el vientre tiene tanta dignidad y derecho a la vida como su mamá”.

En este sentido, la Corte Constitucional ha dicho que no hay consenso desde los ámbitos genético ni médico sobre el momento exacto en el que empieza la vida humana. No hay un concepto unificado.

Por tanto, el Estado puede otorgarle protección jurídica al nasciturus (ser en formación aún no nacido) desde la concepción (independiente de si el derecho a la vida se adquiere a partir del nacimiento), pero no en el mismo grado e intensidad de la persona o la mujer que lo lleva en su vientre.

 “No se puede hablar de niño desde la concepción. Es un embrión o un feto. Se llama niño cuando nace. Y antes, hay una mujer”, Florence Thomas, feminista.

En muchas legislaciones es mayor la sanción para los homicidios que para el aborto porque no existe un deber de protección absoluto e incondicional de la vida en gestación.

Existe la necesidad de sopesar esa vida con otros derechos en conflicto de la mujer embarazada, reconocidos en la Constitución Política y en el derecho internacional, como la autonomía y el libre desarrollo de la personalidad.

“La igualdad y la equidad de género son derechos humanos. Y como tales, forman parte del derecho constitucional, soporte fundamental de los Estados democráticos”, estableció la Corte Constitucional.

Según Fidel Antonio Morales, médico de la organización Oriéntame, los profesionales de la salud saben que los embriones no son personas y que la mujer que tiene un embarazo no deseado no es una criminal, sino alguien que necesita una atención en salud. “Necesitamos que nos dejen –o nos obliguen– a cumplir con nuestra labor”, asegura.

2. “Eso les pasa por abrirle las piernas a cualquiera”:

Quienes están en contra de que las mujeres aborten, acostumbran responsabilizarlas de tener un embarazo no deseado con frases como: “quién las manda ser tan promiscuas y acostarse con mil tipos”.

Sin embargo, no mencionan que lo ideal sería que los hombres no abusaran sexualmente de ellas y que las mujeres tuvieran acceso, libre de presiones sociales y religiosas, a métodos modernos de planificación. “A los embarazadores nadie les dice irresponsables o promiscuos”, afirma Catalina Ruiz-Navarro, periodista y columnista.

Según Fidel Antonio Morales, todos los casos de aborto son dramáticos. La decisión de interrumpir un embarazo siempre es difícil y dolorosa. Ninguna mujer se enfrenta a esa decisión muerta de la risa. “No hay un solo caso que justifique aquellas apreciaciones de que como ya se aprobó ahora todas quieren abortar”.

Las mujeres, continúa Morales, solicitan un aborto después de que han superado muchos obstáculos. Primero, los internos: tomar la decisión porque no quiere estar en esa situación. Ninguna mujer se embaraza para después abortar. Ninguna pone en su plan de vida abortar o dice que no puede morirse sin haberlo hecho.

“Se trata de una situación dolorosa y traumática. Es absurdo juzgarlas o rechazarlas. Ninguna mujer aborta por gusto”, dice el padre Carlos Novoa, de la Universidad Javeriana.

3. “Las mujeres irresponsables usan el aborto como anticonceptivo”:

El médico Fidel Antonio Morales cuenta que una pregunta que con frecuencia le formulan es: “¿qué tipo de mujeres abortan?”. Y su respuesta siempre es: “cualquiera en edad fértil”. La mujer de menor edad que ha atendido es de 11 años y la de mayor edad de 53, aunque las cifras se concentran entre los 18 y los 25 años.

Sin embargo, nada exime a una mujer en edad fértil de la posibilidad de un embarazo no deseado: ni haber hecho voto de castidad, que no le gusten los hombres o tener acceso a métodos de planificación modernos y seguros porque hasta esos tienen un pequeño margen de error.

“Ni siquiera la exime ser opositora al aborto. La mujer que yo he visto más afectada por tener un embarazo no deseado solicitando la interrupción, fue una activista antiaborto. En ese momento pasó de ser una activista a ser una mujer con un embarazo no deseado”, señala Morales.

4. “¡Planifiquen!”:

Muchas personas parten de la base de que las mujeres son las únicas responsables de evitar un embarazo no deseado. De hecho, Catalina Ruiz-Navarro recuerda que cuando estaba en el colegio, la clase de educación sexual era solamente para las mujeres. Mientras ellas asistían, los niños salían a jugar.

Prácticas como esta llevan a pensar que, así se esté en pareja, la anticoncepción se asume como un asunto exclusivamente femenino. Y se da por hecho que todas las mujeres, independiente de la región y el contexto en el que viven, pueden acceder libremente y de manera informada a métodos anticonceptivos modernos.

El 40 por ciento de las mujeres, menos aún las más jóvenes, explica Martha Lucía Rubio, del Fondo de Población de Naciones Unidas, desconocen que las Empresas Promotoras de Salud (EPS) están obligadas a informarlas sobre anticoncepción.

Decir que las mujeres son unas irresponsables también desconoce la influencia de las religiones que insisten en lo “pecaminoso” de utilizar métodos anticonceptivos e ignora el machismo de algunos hombres que les impiden hacerlo.

“Lo irresponsable es tener un hijo que no podemos criar. La maternidad debe ser deseada y decidida. Más del 60 por ciento de los embarazos en Colombia son indeseados. Cómo sería de distinta la situación si la mayoría de colombianos hubiéramos sido planeados, si nuestros padres hubieran querido que viniéramos al mundo”, señala Ruiz-Navarro.

5. “Si la violan, ¡entregue el niño en adopción!”:

Buena parte de quienes se oponen al aborto suelen decir que, en caso de que el embarazo sea consecuencia de un abuso sexual, la mujer debe dar en adopción al bebé porque “es un ser inocente y hay miles de familias esperándolo”.

Las mujeres que así lo deciden, pueden hacerlo. Están en su derecho. Sin embargo, no deja de llamar la atención que muchas de las personas que sugieren esta posibilidad, en vez de rechazar la violencia sexual y que una mujer tenga que asumir un embarazo que no deseó ni planeó, terminen convirtiéndola en responsable de la situación.

Es un discurso que no rechaza el abuso sexual ni aplaude la autonomía de las mujeres, sino que las responsabiliza de un acto que no decidieron.

La periodista Jineth Bedoya relató que cuando la rescataron después de haber sido secuestrada y abusada sexualmente por tres hombres, la trasladaron a una clínica.

Temiendo que pudiera haber quedado embarazada le anunciaron que si estaba de acuerdo le pondrían en práctica un plan de emergencia abortivo. Sin embargo, antes de hacerlo, le llevaron a un sacerdote para que la “aconsejara”.

“Tomé la decisión de continuar con el plan de emergencia. A ninguna mujer le pueden poner por encima la moral o la religión para decirle qué puede hacer con su cuerpo y con su vida”, señala Bedoya.

6. “Esas abortistas, feminazis, quieren imponernos su estilo de vida”:

Quienes están a favor y en contra de la interrupción voluntaria del embarazo, comparten la idea de que ojalá ninguna mujer tuviera que abortar. En lo que no están de acuerdo es en la manera de llegar a ese objetivo.

La principal diferencia radica en que para las primeras, la despenalización del aborto debe existir y sumarse a los métodos de prevención de embarazos y a una educación sexual de calidad.

Lo cierto es que no se puede imponer una única visión de mundo. En un país democrático tiene que haber espacio y garantías tanto para las mujeres que quieren ser mamás, como para las que quieren interrumpir legalmente un embarazo no deseado.

La democracia implica darles garantías a las minorías y respetar las libertades individuales.

“Colombia solamente podrá transformarse cuando se entienda que no puede imponerse un solo estilo de vida a toda una población, cuando se eduque en el respeto a la diferencia y en el valor del pluralismo”, afirma Mónica Roa de la organización Women’s Link Worldwide.

El Grupo Médico por el Derecho a Decidir considera que legalizar la interrupción voluntaria del embarazo es el primer paso hacia la desaparición del aborto inseguro, sin generar un aumento en su práctica. Un claro ejemplo de esto es Canadá, en donde no existe ninguna restricción y su tasa de 11 abortos por cada 1.000 mujeres es la más baja del mundo.

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