“No soy una hembra, soy un animal”

Mykki Blanco es un artista que, en apariencia, es un excéntrico más del mundo de la música gringa. Ser rapero, sin embargo, y vestirse de mujer, es un acto contestatario.
 

Por: Esteban Bayona T.

Mykki Blanco en una instalación artística. joiamagazine.com

Björk define mi vida. Dicho esto, hace unas semanas publicó en su página tres videos de canciones que recomendaba a sus admiradores. Entre ellas estaba “Join my Militia”, de un tal Mykki Blanco. Tras el desconcierto inicial que produce un video en el que sale alguien con un pulpo en la cabeza (!), comencé a buscar más sobre Mykki Blanco y encontré otra canción: “Wavvy”.

Cuando vi que un hombre estaba cantando pensé que la chica del primer video era sencillamente una modelo o que tal vez “Mykki Blanco” representaba a dos personas, impresión que fue confirmada, no sin algo de duda, hacia la mitad del video cuando la chica vuelve a aparecer. En realidad no me preocupó demasiado.

En general me cuesta entender las letras del rap: es una experiencia de retazos. Busqué entonces la letra de la canción y el universo comenzó a cobrar sentido poco a poco:

I pimp slap you bitch niggas with my limp wrist, bro
What the fuck I gotta prove to a room full of dudes
Who ain’t listening to my words cuz they staring at my shoes.

(“Les doy una cachetada de proxeneta a estas perras con mi mano quebrada, hermano /
¿Qué putas tengo que probarle a un cuarto lleno de manes /
que no escuchan mis palabras por mirar mis zapatos?”)

La necesidad de retar a los demás y abrirse campo a las patadas parece a veces una condición básica para hacer hip-hop, y aquí tenía yo a Mykki Blanco en las mismas. Sin embargo la razón era diferente: el “limp wrist” es una expresión equivalente a la de “maniquebrado”, que hace referencia a la forma de flexionar la muñeca que se asocia estereotípicamente con los hombres homosexuales, y la parte de los zapatos es una metáfora de cómo su arte queda subordinado a su apariencia, esto es, al “drag”.

Estaba claro: la mujer con el pulpo en la cabeza y el hombre de “Wavvy” eran la misma persona: Mykki Blanco. “Me gustaría decir que me dio igual y poner cara de hombre posmoderno”: no me dio igual, me emocionó muchísimo. Puede parecer un prejuicio que, como todos los prejuicios (y esto es una mera obviedad), es producto de la ignorancia, pero pensar que una mujer trans estuviera incursionando en el mundo del hip-hop y el rap me pareció interesantísimo y, francamente, un acto de muchísima valentía.

Hip -Hop Gay

El mundo del hip-hop masculino es célebre por su sexismo y homofobia. Eminem, Jay-Z, Kanye West y 50 Cent, algunos de los grandes (o por lo menos de los más reconocidos), son famosos por letras que atentan de forma cáustica contra la dignidad de la comunidad LGBT.

Es más, y como dato curioso, el rapero Cam’ron fue uno de los primeros en utilizar y popularizar la frase “no homo” que se usa con cierta regularidad en Estados Unidos para aclarar que lo que se hace o dice no debe ser interpretado como homosexual (por ejemplo, cuando dos hombres heterosexuales se abrazan pueden decir, antes o después, “no homo” -hay que protegerse-). Pero lo importante es saber en qué clase de universo aparece una figura como Mykki Blanco.

Sin embargo es claro que el problema no son tanto los raperos en sí mismos, sino el público que crían. Aunque Mykki Blanco manifiesta en varias entrevistas que no le interesa enredarse de a mucho en el problema queer, y que, aunque rapea, no busca necesariamente apelar a la comunidad consumidora de hip-hop, hay un video sumamente interesante que encontré adjunto a una de estas entrevistas en el que confronta a un grupo de adolescentes con un par de rimas:

Además del atractivo hollywoodense de un video en el que el talento parece capaz de superar todos los obstáculos sociales, hay una gran cantidad de elementos que no dejan de ser interesantes. Por ejemplo, el hecho de que se trata de una artista que ha escalado con las uñas, que desprecia el universo mainstream y nos lo hace saber en todas las instancias de su escenificación, y que proviene y sigue perteneciendo a una clase social muy particular, esto es, la de los barrios bajos de Nueva York.

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