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Orgullosamente feministas

Género, diversidad sexual y cambio social.

María Adelaida “Mía” Perdomo

30 años, cofundadora y gerente de Aequales en Colombia, psicóloga, con estudios en Derechos Humanos y liderazgo y con experiencia en educación.

Fotos: @andresgofoto de @goteam.media

mujeres Orgullosamente feministas
Uno de los retos de Mía Perdomo es lograr que más mujeres sean presidentas de compañías, formen parte de las juntas directivas y de los espacios de toma de decisiones de las empresas.

“Todas mis relaciones están atravesadas por el feminismo”

Desde que era adolescente Mía Perdomo experimentaba un sentimiento de injusticia. De hecho, hace poco revisó los diarios que ha escrito desde que tiene siete años y encontró que a los 14 años escribió: “soy feminista“.

Le gustó encontrarse con ese recuerdo porque confirmó que desde muy temprano tuvo conciencia de las injusticias de género y desde muy joven quiso formar parte de un movimiento político y social.

En ese entonces, no podía decir que había algo que la afectara, pero sí percibía la injusticia. En su adolescencia sintió la desigualdad porque consideraba que los hombres solo la veían como un potencial -o no- objeto sexual y ella clasificaba en el “no”.

Eso le causaba malestar aunque no quería sentirse mal por eso. Tenía un conflicto entre “quiero ser aceptada”, pero no como objeto sexual.

Hace tres años Mía es cofundadora y gerente de Aequales una empresa especializada en consultoría en equidad de género.

1. ¿Por qué cree que a tanta gente le cuesta identificarse como “feminista”?

Es un término estigmatizado que pone a la gente en un lugar radical y de protesta social. Y en nuestra sociedad ninguno de estos dos conceptos, así como la izquierda ni la controversia, están bien vistos.

Por otro lado, en muchas ocasiones el privilegio viene acompañado de ser conservador. Con menor razón las personas van a querer denominarse “feministas”.

ahora que el feminismo está más de moda y es más pop, es más chévere ser feminista”.

Seguramente para una mujer campesina será difícil llamarse “feminista”, no por un tema de privilegio, sino porque iría en contra de sus costumbres. En general, las personas no se autodenominan de esta manera porque las pone en un lugar de conflicto con la sociedad.

Ser feminista tiempo completo resulta difícil y trae sufrimiento. Sin embargo, es algo que asumí porque lo personal es político, pero no es fácil ser coherente todo el tiempo.

2. ¿Cómo ha afectado su vida el hecho de ser feminista?

Todas mis relaciones y mi trabajo están atravesados por el feminismo. Lo que hacemos en Aequales es propender por el cierre de la brecha de género en las empresas y fomentar que las mujeres lleguen a posiciones de liderazgo.

La gente que me rodea sabe que lo que yo digo, pienso y pasa en mi entorno tiene que ver con el hecho de que soy feminista y eso para muchas personas implica un peso.

“AMO SER FEMINISTA Y TODO EL EQUIPO DE AEQUALES, SIETE PERSONAS, TAMBIÉN LO ES”.

Hay muchos amigos que dicen: “no diga eso porque Mía está acá” y yo pienso “ojalá dijeran no diga eso porque es machista“, pero no es así. El tema acá no es que yo me ponga brava sino que está mal.

También me dicen: “no hables de eso para evitar discusiones“. Pero no puede ser que yo tenga que callarme frente a un comentario discriminatorio.

Creo en el feminismo al 100%, todos los hombres con los que he salido en los últimos seis años tienen prácticas feministas así no se identifiquen de esta manera. Ser feministas nos pone en el lado correcto de la historia.

3. ¿Cómo responde a la creencia de que el feminismo promueve la guerra de sexos?

Antes me daba rabia y reaccionaba de manera agresiva. Me costaba pensar que algunas personas creyeran que el feminismo era el equivalente al machismo pero en mujeres.

Sin embargo, he aprendido a darle tiempo a la gente para que pueda entender qué es realmente el feminismo. Ya no me pongo brava, intento explicar. Tampoco quiero que la gente diga “con Mía no se puede hablar“.

Necesitamos la teoría para argumentar. Se puede ser feminista de manera intuitiva al ver las situaciones injustas pero a la hora de sostener esa posición frente a otros se necesita formación. Por ejemplo, la conversación sobre la importancia del lenguaje incluyente la tengo todos los días. (Ver: Feminismo: lo que se dice vs. Lo que es).

Vivo con perspectiva de género todo el tiempo, pero ahora entiendo que no necesariamente tengo que replicar todos los comentarios machistas que oigo.

Antes sentía que si dejaba pasar uno era cómplice, lo que por supuesto no es así. Hay algunas cosas que en mi cotidianidad dejo pasar porque estoy tratando de escoger mis batallas. Tengo que ser estratégica para avanzar.

4. ¿Desde que orilla contribuye a la equidad de género?

Nuestro aporte es hacer el único diagnóstico que existe en las empresas con respecto a equidad de género, tanto en Colombia como en Perú, y proveer de herramientas al ambiente corporativo para avanzar en equidad de género.

Esto implica hablarles a las empresas de feminismo sin mencionar la palabra. Nosotras hacemos un ranking anual de las organizaciones más equitativas en género.

Este año tenemos 300 organizaciones inscritas. De manera voluntaria quieren saber cómo están y cómo pueden mejorar. Cada vez más empresas se quieren medir en equidad de género. Este es el aporte más grande que le hace Aequales a Latinoamérica.

“En Latinoamérica, el 20 % de las mujeres están en posiciones de liderazgo. En Colombia, el 35 %”.

Como feminista siempre pensé que iba a trabajar con mujeres de sectores vulnerables, pero en 2014 mi socia y yo nos ganamos una beca para hacer un curso de liderazgo en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos) y la idea era salir con un proyecto de desarrollo rentable. En esos tres meses construimos Aequales.

Como tenía que ser competitivo y abordar Latinoamérica no podía ser una ONG más de mujeres y tampoco queríamos replicar el trabajo que otras están haciendo muy bien.

Pensamos, entonces, en romper los techos de cristal: queremos más mujeres presidentas de compañías, en juntas directivas y tomando decisiones. Y una posibilidad para lograrlo es que las empresas les ofrezcan más posibilidades a las mujeres de llegar a estas posiciones. En Colombia, solo el 4% de ellas son CEO de compañías.

5. ¿Cómo responde a la creencia de que el feminismo atenta contra la libertad de expresión porque “ya no se puede decir nada”?

Yo no acepto los chistes machistas porque un comentario de esta naturaleza puede terminar en un caso como el de Yuliana Samboní. No es algo directo, pero de los machismos cotidianos que se vuelven “normales” se pasa a calificativos de “perra” y “zorra”, de ahí a las agresiones físicas y así hasta terminar en feminicidios.

“Yo no puedo reírme de comentarios violentos que atentan contra la mitad de la población”.

Puede que nos volvamos cansonas, pero no vamos a lograr cambios estructurales si no reparamos en los pequeños comentarios.

mujeres Orgullosamente feministas6. ¿Cuáles son los retos del feminismo en Colombia?

Desmontar la idea de que es un tema de “gueto” y lograr que más personas se acerquen a este movimiento. Difícilmente vamos a lograr cambios estructurales si todavía mucha gente cree que las feministas están tratando de dañar a los niños.

Tenemos que tener una conversación con esas personas. Para mí, hasta que el feminismo en Colombia no dialogue con las religiones, no vamos a avanzar mucho más.

“Un reto importante es que las mujeres jóvenes sientan que el feminismo también es con ellas y se apropien de la causa”.

¿Cuántas mujeres no viven acoso en las universidades o en los trabajos? O ¿cuántas no sufren violencia por parte de sus parejas? El feminismo tiene que ser más popular en el sentido de ser un movimiento con el que más personas se identifiquen. El hecho de que implique cambios hace que sea percibido como una amenaza.

Por último, los distintos tipos de feminismo que hay en Colombia: campesino, académico, laboral, entre otros, deberíamos unir esfuerzos, no estar tan separados.

7. ¿Qué opina de la frase “ya tenemos igualdad, el feminismo ya no es necesario”?

Si no fuera porque décadas atrás un grupo de feministas salió a las calles a protestar, arriesgando sus vidas, hoy muchas mujeres no estarían sentadas en una oficina, no irían a la universidad y no podrían votar ni tener propiedades.

Por un lado, debemos agradecerles a esas mujeres y reconocer la historia. Y por otro, todavía nos quedan muchas batallas. En Colombia, la violencia contra las mujeres es aterradora, tampoco estamos llegando a las posiciones de liderazgo ni de toma de decisiones. (Ver: Decir “no”: un privilegio de los hombres).

Muchas mujeres creen que el cambio ya se dio porque estamos en el mercado laboral. Es cierto, estamos ahí, pero no aumenta el número de mujeres en espacios de liderazgo ni de toma de decisiones. Se quedó en 24% a nivel mundial.

Asimismo, hasta que la interrupción voluntaria del embarazo no esté completamente legalizada en Colombia y deje de ser un tema religioso y los anticonceptivos sean gratuitos, no habremos ganado la batalla de los derechos sexuales y reproductivos. (Ver: 4 retos del aborto legal en Colombia).

Muchas mujeres dan los derechos por sentado, pero podemos perderlos. Así como la senadora Viviane Morales puso en riesgo el derecho de las personas solteras, viudas o separadas de postularse a procesos de adopción, ¿quién nos garantiza que en unos años se nos prohíba abortar en los tres casos aprobados por la Corte y hasta divorciarnos o tener propiedades? Es peligroso acomodarnos. (Ver: 9 razones por las que el referendo de Viviane Morales sí discrimina).

8. ¿Cómo aumentar el impacto del feminismo?

Yo soy empresaria y cobro porque las empresas inmersas en un orden capitalista avancen en equidad de género. Algunas feministas podrían considerar esto como una traición a los principios del movimiento porque el capitalismo es un sistema patriarcal y porque recibo dinero de empresas que todavía les pagan menos a las mujeres.

Mi postura como feminista y emprendedora tiene que ver con la importancia de pelear desde adentro. Yo estoy convencida de que el feminismo tiene que incursionar en el capitalismo para tener más fuerza.

Si me paro en la puerta de una multinacional a protestar, no va a pasar mucho, pero si llego a esta misma empresa con un discurso de rentabilidad y competitividad como parte de apostarle a la equidad de género, las cosas empezarán a cambiar.

“Yo hablo el lenguaje de las empresas y al mismo tiempo tengo prácticas feministas”.

Esto no es exactamente lo que habíamos pensado que debía hacer el feminismo, pero hay que ser estratégicos y no permito que se me cuestione mi feminismo por el hecho de que trabajo en un sistema capitalista. ¿De qué nos sirve que las empresas no nos escuchen? Nos sirve que la gente sepa quién es uno y que podemos hablar de género.

En el ranking del año pasado, las empresas ganadoras fueron las más grandes de este país. ¿Cuándo más va a poder uno sentar a todos sus directivos para que nos escuchen hablar de equidad de género?

El feminismo tiene que incursionar en otros espacios y hablar otros lenguajes, tiene que ser más abierto y trabajar con lo que hay, teniendo en cuenta que muchos colombianos son religiosos y que el mundo es capitalista. A mí también me costó aceptarlo.

9. ¿Cómo han contribuido las nuevas tecnologías al feminismo?

Aequales es en redes sociales un referente en género y, al mismo tiempo, una empresa. En redes sociales somos activistas. De manera permanente estamos publicando contenidos relacionados con empresa y género y eso ha contribuido a que nuestra organización se mantenga como una propuesta activista feminista.

“Las redes nos han permitido ser lo que queremos: una empresa social, feminista y activista”.

Este año hicimos la campaña #SomosPares y muchas personas publicaron una nota diciendo porqué hombres y mujeres somos pares. Fuimos tendencia. Es muy satisfactorio saber que podemos seguir siendo activistas apoyadas en las nuevas tecnologías.

También pienso que, en general, las redes sociales son muy útiles para las mujeres, porque muchas de ellas hablan ahí por primera vez de lo que les sucede. Ahí pueden encontrar referentes. El feminismo es un camino que tiene muchas voces.

10. ¿Pueden los hombres identificarse como feministas?

El feminismo es un tema de hombres y mujeres. La equidad de género no se logra sin ellos. Las mujeres pueden estar todo lo empoderadas que quieran y dar talleres de liderazgo, pero también hay que trabajar en masculinidades alternativas.

Ellos también deben poder expresar emociones, abrazar a otros hombres y usar camisetas rosadas sin presiones sociales. Nosotras también queremos trabajar con los hombres para que ellos se liberen y entiendan que la equidad de género les conviene tanto a ellos como a nosotras.

“La equidad de género no es un tema de mujeres sino un asunto donde hombres y mujeres somos equipo”.

Muchos hombres nos dicen: “increíble tu empresa, te voy a contactar con (nombre de mujer) para que trabajen“, como si fuera “un asunto de mujeres”. Es entonces cuando les decimos: “no estás entendiendo: contrátame tú y hacemos un taller contigo“.

Entiendo que hace unos años no dejaran entrar hombres a los congresos feministas porque la voz de uno solo podía convertirse en la más fuerte del recinto. Pero en eso hemos avanzado. El camino es con los hombres porque a unos y a otras nos conviene.

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