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Orgullosamente feministas

Género, diversidad sexual y cambio social.

Rosario Sin Bragas

Colectivo feminista de la Universidad del Rosario, en Bogotá, que empezó en 2012 ante la ausencia de espacios no académicos para discutir sobre género.

Fotos: @andresgofoto de @goteam.media

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María Camila Jiménez, Mónica Parada y Natalia Pinilla, tres de las integrante de Rosario Sin Bragas.

“Hemos logrado que las universidades entiendan que tienen un papel fundamental en la lucha contra la violencia de género”

Uno de los ejes de trabajo de este colectivo feminista, creado por estudiantes de la escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, es combatir todas las formas de violencia contra las mujeres, especialmente jóvenes, por el contexto en el que opera.

Rosario Sin Bragas está conformado por cerca de 20 personas de diferentes carreras y universidades. Sentiido habló con tres de sus integrantes: Mónica Parada, abogada y socióloga; Natalia Pinilla, estudiante de sociología; y María Camila Jiménez, socióloga.

1. ¿Por qué hay tanta resistencia a identificarse como “feminista”?

La palabra está estigmatizada. Hay muchas personas que no saben qué es feminismo, que se imaginan lo que no es o que tienen dudas o ideas confusas que nunca aclaran.

Además, el feminismo incomoda. Cuando se cuestionan estructuras machistas como el matrimonio o la sexualidad, a mucha gente no le gusta porque se pretende cambiar el estatus quo. De ahí los estigmas.

“Formar parte de Rosario Sin Bragas nos empodera a identificarnos como feministas sin miedo ni pena”.

El feminismo buscar ir más allá de pensar el género como un asunto de “hombres” y “mujeres” sino como un espectro de posibilidades atravesado por conceptos como identidad de género. Todo esto le incomoda a mucha gente. (Ver: Diversidad sexual y de género para dummies).

Uno de los estigmas es que las feministas odiamos a los hombres como si ellos no tuvieran un papel clave en lograr la igualdad. Finalmente los hombres también forman parte de unas estructuras que, por un lado, les dan ciertos privilegios pero, por otro, los perjudica.

2. ¿Cómo responden a los comentarios “son feminazis”?

Hace poco en un perfomance que hicimos nos gritaban “feminazis” pero casi nunca nos hacen estos comentarios de frente sino a través de redes sociales. Sentimos rabia, pero este es un sentimiento que empodera y, ante las situaciones de injusticia, reaccionamos.

Hay circunstancias que dejamos pasar, no porque no sean refutables, sino porque no vale la pena discutir con quienes hacen comentarios malintencionados. Allí no va a pasar nada.

Por lo general, argumentamos con cifras, con contexto y con teorías para enriquecer los debates e invitar a revaluar posturas y miradas. Siempre estamos tratando de abrir espacios para que quien quiera se acerque.

También nos apoyamos entre nosotras, si alguien está pasando por una situación complicada de, por ejemplo, violencia de pareja, lo comentamos, porque Rosario Sin Bragas es un espacio seguro.

“No hay un solo feminismo y cada uno tiene unas demandas particulares”.

Hace un tiempo creamos una plataforma llamada Alerta Violeta donde, por un lado, recibimos testimonios para hacerlos visibles. Sabemos que cuando las personas comparten sus experiencias esto anima a otras a denunciar.

Por otra parte, Alerta Violeta muestra rutas de atención. Tenemos información para quienes han sido víctimas de violencia. Rosario Sin Bragas trabaja en red con varias organizaciones y lo que hacemos es remitirlas a la más pertinente.

Alerta Violeta también lleva a cabo talleres sobre los diferentes tipos de violencia y cómo reaccionar. Tenemos un semillero donde estudiamos las violencias sexuales en la universidad.

3. ¿Desde qué orilla contribuye Rosario Sin Bragas a la equidad de género?

Quienes conformamos el grupo venimos de contextos muy distintos pero compartimos el ideal de luchar contra las desigualdades por género. Uno de nuestros aportes es promover que el movimiento feminista no es homogéneo y que las personas feministas somos distintas entre sí.

“Siempre invitamos a vernos como lo que somos: personas diversas”.

Otro de nuestros aportes es cuestionar nuestros privilegios e invitar a que otras personas lo hagan. Es saber que tuvimos la oportunidad de estudiar en una universidad privada y que podemos tener más apoyo institucional que en otras partes.

También desmitificar la creencia de que las mujeres no podemos trabajar juntas porque somos envidiosas entre sí. Nos reconocemos como pares, como aliadas.

“Rosario sin Bragas es muy cercana al grupo Griis, de diversidad sexual, de la Universidad del Rosario”.

Hemos denunciado las violencias que han ocurrido en el espacio universitario y hemos logrado que nos abran las puertas para hablar de un tema que la universidad no reconocía. Muchas de las actividades que planeamos y que ni siquiera concebimos como transgresoras pueden ser vistas de esta manera.

4. ¿Cómo responden a la idea “el feminismo coarta la libertad de expresión porque ya no se puede decir nada”?

A la gente le molesta que le digan de frente que es homofóbica, da por hecho que no es así y le resulta incómodo que le cuestionen sus creencias. Sin embargo, hay mucha gente que cree que va avanzando por el camino correcto desconociendo que buena parte de sus prácticas o comentarios son machistas.

Un chiste sexista legitima formas de violencia. Los chistes nunca tienen en su mira a los hombres blancos o heterosexuales porque eso no se percibe chistoso, pero las mujeres sí.

Todavía tenemos que enfrentarnos a comentarios como “a los hombres también los matan“, cuando se denuncia violencia contra las mujeres, desconociendo que a ellos no los matan por el hecho de ser hombres.

“Hay mujeres a las que matan por ser mujeres, hay un acto de poder de lo masculino sobre lo femenino que termina en muerte”.

Ese tipo de comentarios buscan cuestionar la indignación y decir “todo les molesta”, pero ¿cómo negar, por ejemplo, el acoso callejero cotidiano contra las mujeres?

Y muchas veces cuando reaccionamos, la gente prefiere decir “para qué se visten así“, “usted estaba tomada” o “salió sola por la noche“. Es decir, no siente empatía por la víctima sino por el acosador.

mujeres Orgullosamente feministas5. ¿Cuáles son los retos del feminismo en Colombia?

Hemos logrado que nos escuchen y que las universidades entiendan que tienen un papel fundamental en la lucha contra la violencia de género.

El reto ahora es que todas las personas entiendan que de una u otra forma pueden ser responsables por no reaccionar, por calificarla de “normal” o por decir “ellos las matan porque son celosos”, es decir, por justificar la agresión.

Otro reto es convencer a la gente de la importancia de hablar de estos temas abiertamente y de involucrar a las instituciones.

Estos no son temas del “ámbito privado” porque muchas chicas son abusadas por otras personas de la universidad. ¿Cómo las directivas no van a intervenir cuando la víctima tiene que verse todos los días con el agresor?

“Es importante reconocer la violencia cuando está marcada por la jerarquía, de profesor a estudiante por ejemplo”.

Para nosotras es muy grave que un profesor de Sociología agarre a golpes a su pareja en su casa. Cuando esto pasó, presionamos para que el profesor fuera despedido. Y así fue.

6. ¿Cómo responden a la idea de “el feminismo ya no es necesario porque ya existe igualdad”?

Por el hecho de que uno no vea las cadenas que oprimen a muchas mujeres, no significa que no existan. Si uno no se da cuenta de las violencias y las desigualdades que otras viven, no significa que no existan.

El reto acá es aprender a escuchar esas otras voces, puede que a mí nunca me haya pasado una violencia de género y ¡qué bueno! Pero a muchas sí. Y ¿cómo podemos hablar de que ya existe una igualdad si yo me siento bien, pero muchas mujeres no? Yo no puedo llamarme libre si mi compañera no lo está.

“Puede que muchas mujeres no sientan las desigualdades pero no significa que otras tantas no las sufran a diario”.

Que las mujeres podamos votar no significa nada. Muchas tienen que pasar por miles de obstáculos para poder interrumpir su embarazo y tienen derecho al voto. (Ver: Aborto en Colombia: lo que se dice vs. Lo que es).

Se dice que la brecha salarial entre hombres y mujeres se ha ido cerrando, pero existe el techo de cristal lo que significa que muchas de ellas pueden ascender hasta ciertos cargos y después se estancan. No llegan a los puestos directivos.

Las mujeres son quienes principalmente siguen asumiendo las tareas de crianza y del hogar y cuántas carreras profesionales o laborales no se ven estancadas por esto.

7. ¿Cómo han contribuido las nuevas tecnologías al feminismo?

Una de nuestras formas de comunicación más efectiva son las redes sociales. Nos permiten aumentar nuestro alcance, conocer distintas experiencias, otras posturas y las apuestas feministas de muchas partes del mundo.

Contar con Internet, redes sociales y la posibilidad de comunicarse con miles de personas nos facilita no solamente expresar ideas sino abrir espacios de discusión. (Ver: No. La culpa no es de las redes).

También tenemos un grupo de WhatsApp con representantes de organizaciones de mujeres de todo el país que nos permite reaccionar de manera inmediata. Alguien pregunta y rápidamente obtiene el dato que solicita.

8. ¿Creen que los hombres pueden ser feministas?

Sí, pero no voceros de grupos ni de organizaciones de mujeres. Es una invitación a que en su cotidianidad sean feministas pero no para que se tomen nuestras voces.

El objetivo es que reconozcan los privilegios que tienen por ser hombres y que llamarse “feminista” no sea una manera de buscar ser vistos como “progresistas” si en la práctica siguen siendo machistas.

“Son asuntos tan sencillos como que, en el transporte público, los hombres no se sienten con las piernas tan abiertas”.

Recientemente en una entrevista, a un hombre le preguntaron qué opinaba de la reforma tributaria y a su novia, qué opinaba de la moda para el verano. Él dijo que intercambiaran las preguntas: él respondería la que le hicieron a ella y viceversa. Es justamente eso, cuestionar sus privilegios.

La equidad va más allá de que las mujeres hablen primero cuando son ellos los que toman las decisiones y quienes están en los espacios de poder.

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