¿Otro caso de discriminación en Bogotá?

¿Otro caso de discriminación en Bogotá?

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Periodismo, opinión y análisis LGBT.
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Galería de la Biblioteca. biblored.edu.co

El jueves 16 de Febrero de 2012 Laura y su novia, estudiantes universitarias, se encontraban en la sala de lectura del segundo piso de la Biblioteca Pública El Tintal en Bogotá. Eran alrededor de las 4 y 30 de la tarde y esperaban a que iniciara un taller de apreciación artística al que acostumbran asistir cada jueves.

La pareja se sorprendió y la novia de Laura le respondió al supervisor que no se retirarían pues sabían que no estaban haciendo nada malo; al fin y al cabo sus manifestaciones de afecto eran las mismas de cualquier pareja. Frente a la negativa de las jóvenes, el supervisor afirmó que tenía unos videos en los cuales estaba registrado su “mal comportamiento”.

A pesar de que Laura le solicitó que les mostrara dichos videos, el supervisor no lo hizo y cerró la conversación con una oración sugerente: “Por eso es que les pasa los que les pasa a personas como ustedes”. Y a la contrapregunta de que “cómo eran ellas”, el supervisor dio la espalda y se retiró.

Laura insiste en que no ven nada de malo en su comportamiento, pues sus manifestaciones de cariño eran tomarse de las manos y darse un beso de vez en cuando. Tampoco entiende de dónde surgieron las quejas de los usuarios, puesto que la sala se encontraba con muy pocas personas y nadie reaccionó en contra de ellas cuando se presentó la situación.

A pesar de que Laura y su novia buscaron la forma de hablar con un directivo de la biblioteca, no lo lograron y solo pudieron conocer el nombre del supervisor porque personal de seguridad la biblioteca lo mencionó por radioteléfono.

Ante la pregunta sobre si Laura y su novia consideran que este es un caso de discriminación, ellas afirman convencidas de que es una muestra clara “por la manera en que el supervisor Evangelista Portilla se comportó, por no permitirnos hablar con nadie más, por la evasión del tema que nos mostraron los coordinadores de esa sala, por la amenaza de los supuestos videos y por el comentario ofensivo del supervisor”.

La pareja decidió, ante la dificultad de transmitir su inconformidad directamente con personal administrativo de la biblioteca, enviar un derecho de petición a la directora, Soledad Prieto de Franco, solicitando que se reconociera la falta en la que había incurrido el supervisor de seguridad, que se les ofrecieran disculpas y, entre otras, que se capacitara al personal adscrito a la institución para que no se repitieran casos como estos.

Lo que dice la directora de El Tintal

Casi un mes después, el 12 de marzo de 2012, la pareja recibió una carta firmada por Soledad Prieto, directora de la biblioteca, en la que se hace vaga referencia al hecho. El documento no responde a las solicitudes hechas por las jóvenes y más bien hace uso de citaciones de manuales y documentos oficiales en los cuales se habla del derecho a acceder a materiales educativos y a ser respetado por su orientación sexual según lo dictamina la Constitución.

Más adelante se lee en la carta:

“Teniendo claridad en lo anterior, es claro que la Biblioteca como entidad pública, no tiene la potestad de excluirlas de los espacios, ni de las actividades propias de la Biblioteca, simplemente como espacio de carácter educativo y cultural se espera que se mantenga un conocimiento acorde y pertinente con las normas básicas de convivencia y respeto por el otro”.

Sala de lectura de la Biblioteca. bibliotintal.blogspot.com

En una entrevista hecha por Sentido Contrario a la directora de la biblioteca, ella afirma que no existe un reglamento disciplinario que determine cuándo a uno o más usuarios del servicio se les puede/debe solicitar que se retiren por comportamiento inadecuado en las instalaciones. De hecho el criterio, según Prieto, es que cuando unas personas incurren en “expresiones muy afectuosas, se les solicita que se retiren del lugar”, por lo tanto cuando hay “algo más que un beso, caricias y ese tipo de cosas. Y añade que “lo que me manifiesta el supervisor es que estaban acariciándose demasiado y eso fue lo que molestó a los usuarios”.

Al hablar del tema de los videos, sucede que en el curso de las últimas semanas el sistema de grabación fue cambiado porque las cámaras registraban los movimientos en las instalaciones de la biblioteca, pero “las cintas no los reproducían”. Lo que significa que el supervisor, además de utilizar un argumento al mejor estilo Gran Hermano, se apoyó en un recurso que no era una fuente real, pues la grabación no existe y la directora de la biblioteca no pudo constatar en ningún video cuál fue el supuesto mal comportamiento de las usuarias.

Finalmente, con respecto al hecho de admitir que se incurrió en una falla o de pedir disculpas, aún queda tela por cortar. La directora afirma que no hubo discriminación por parte de la institución, sino “tal vez un malentendido de la misma persona de seguridad en ese momento (…) y se hizo la retroalimentación con esta persona para evitar este tipo de situaciones”. Añade que el supervisor actuó bajo “su propio criterio”, además de que él no es un empleado de la biblioteca sino de la empresa contratista Securitas Colombia S.A, hecho que supuestamente no involucraría directamente a la biblioteca como agente de discriminación en este caso.

Tanta importancia se le dio al hecho, que la directora esperaba que el supervisor se disculpara “si las niñas pasaban [por la biblioteca] si no, pues no, porque él no puede ir hasta la residencia [de ellas] a disculparse”.

Sin embargo, al plantearle el caso “hipotético” de que si un contratista que opere en la biblioteca incurriera en una falla que afectara directamente a usuarios de la misma, la biblioteca se responsabilizaría frente al hecho, la directora afirma que “nosotros [la biblioteca] pedimos unas acciones y la empresa [los contratistas] las toman”. Y posteriormente añadió que la biblioteca “ya le solicitó (…) hace quince días” a la empresa de seguridad que tome medidas para enmendar el hecho y que “ya se están tomando las acciones”.

Ahora que se conocen dos visiones de lo sucedido aquel día de febrero en la biblioteca El Tintal, queda la pregunta de quién tiene la razón y si un “malentendido” puede considerarse una acción ingenua sin entrar a considerar que se están vulnerando los derechos de las personas involucradas. Así mismo, la actitud del personal de la biblioteca parece permisivo en tanto que no manifiesta haberse preguntado si hubo irrespeto hacia dos ciudadanas y usuarias del servicio, ni tampoco si hay que formular políticas más claras sobre el “mal comportamiento” dentro de las instalaciones de la Biblioteca. ¿Cuál será, entonces, el paso a seguir?

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