Políticas públicas al estilo de la Procuraduría y la Universidad de La...

Políticas públicas al estilo de la Procuraduría y la Universidad de La Sabana

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La persona que decide estudiar en la Universidad de La Sabana, generalmente sabe que los contenidos que allí aprenderá estarán permeados por la filosofía del Opus Dei. Pero de ahí a que estas creencias se conviertan en política pública hay un largo camino.

Filosofía de la Universidad de La Sabana Colombia
¿Cómo sería una política pública sobre educación sexual en Colombia, liderada por la Procuraduría y la Universidad de La Sabana?

Estudié Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de La Sabana, en Chía (Cundinamarca) entre 1994 y el año 2000. En agosto de 1993, cuando cursaba el último grado de bachillerato, presenté los documentos requeridos para ingresar a esta institución.

Recuerdo que a los pocos días de hacerlo, me llamaron para asistir a una entrevista, seguramente para corroborar que sí era una persona “idónea” para estudiar allá. Una de las primeras preguntas que me formuló Patricia, la encargada del encuentro, fue: “¿conoce la más reciente encíclica del Papa Juan Pablo II?”

No recuerdo muy bien qué respondí, pero supongo que fue algo así como: “Por supuesto. Nos aporta un mensaje muy importante para la vida y me parece fundamental ponerla en práctica”. Solamente me faltó cerrar con: “y represento a Bogotááá”.

Patricia fue profesora de alguna materia cuando yo estaba en tercer semestre. Tiempo después fue nombrada directora del ICFES. Me quedó la duda de si en esta entidad cambiaría el temario de las entrevistas a la hora, por ejemplo, de contratar funcionarios.

Aunque ni yo lo pregunté, ni nadie me lo dijo, siempre supe que entraría a estudiar a una universidad del Opus Dei. Sin embargo, ni en ese entonces -ni ahora- he tenido muy claro qué hace, exactamente y en la vida real (no en la teoría), esa organización.

Solamente sabía que había unos docentes que eran “miembros de número”, los más amargados, y otros que, al mejor estilo headhunters, vivían en permanente cacería de posibles estudiantes para vincular a “la obra”.

Por supuesto, siempre hubo rumores de que unos se flagelaban en las residencias donde vivían y que otros tantos eran homosexuales de clóset.

Para los dos primeros semestres, el currículo contemplaba, entre las materias a estudiar, Teología I y II. En la de segundo semestre, el tema central eran “los 10 mandamientos de la ley de Dios”, pero con especial énfasis en el sexto: “no cometerás actos impuros”.

El padre Mario nos hablaba, una y otra vez, de la importancia de no “autosatisfacerse” ni de tener “contactos impuros” antes del matrimonio. Pero ya era tarde.

En tercer semestre, el programa incluía una materia llamada ética, no profesional sino “general”. Una de las clases que nos dio Inés, a quien seguramente el tema le parecía bastante pertinente para esta materia, fue sobre la importancia de planificar con “el método del ritmo”.

Allí nos dijo que lo “correcto” era tener relaciones sexuales, bajo la figura de matrimonio católico y solamente los días en que la mujer tuviera certeza de que no estaba ovulando. Supongo que si a pesar de esto, la “ética” fallaba, para eso estaba la posibilidad de becar a los hijos en el Gimnasio Iragua o Los Cerros y en la Universidad de La Sabana en Bogotá.

Cuando estaba en quinto semestre, una vez iba caminando con Ximena, una amiga a la que siempre le ha gustado resaltar sus atributos físicos. Nos dirigíamos a una de las cafeterías, mientras que, en sentido contrario, venía avanzando una docente de la facultad de Medicina. Nunca supe qué materia dictaba, solo me acuerdo que usaba gafas, llevaba el pelo recogido y lucía muy seria.

Pesos pesados del ayer

La profesora nos detuvo. Con su dedo índice derecho señaló el escote de Ximena y le pidió que se lo cerrara. Quizás, ahora lo pienso, diría que lo que no era para ella no era para nadie. Molesta, Ximena se ajustó el botón y la docente desapareció. Posiblemente se dirigía a compartir su hora de almuerzo con Ilva Myriam Hoyos y Pablo Victoria, dos pesos pesados que por ese entonces también eran profesores de la Universidad.

En quinto semestre vimos una materia llamada “historia de la ideas”. En más de una ocasión, el español que la dictaba, se centró en demostrar las “profundas fallas teóricas” de lo que él llamaba “nuevos movimientos religiosos” y que incluía en mayúsculas: “Nueva Era”, “Hare Krishna” y “Testigos de Jehová”. Jamás cuestionó preceptos de otras religiones.

En enero de 1999, me vinculé a una casa editorial para hacer mi práctica profesional en una revista. Un día, la jefe de redacción me comentó que la habían llamado de la facultad de Comunicación social de La Sabana para dictar la clase de crónica a los estudiantes de quinto semestre.

A pesar de que ella aceptó encantada la propuesta, solamente pudo estar un semestre. En la Universidad le dijeron que no era conveniente que continuara debido a que su estado civil “divorciada” no era un buen ejemplo para sus alumnos y porque ocasionalmente asistía a clase acompañada de un “hombre”. Posiblemente, no tuvieron en cuenta que se trataba de un destacado cronista que también aportaba a la clase.

Por estos días me he enterado de que representantes de la Universidad de La Sabana, junto con funcionarios de la Procuraduría General de la Nación, planean presentar el próximo 15 de mayo -el día de las familias- un estudio sobre “las necesidades de los jóvenes colombianos en cuanto a educación sexual”.

Voceros de la Universidad han manifestado que esperan que sus aportes se conviertan en lineamientos base para una política pública sobre el tema. El informe que presentarán incluye apartes como este: “Si el joven le da importancia a la religión y si los padres supervisan sus actividades, disminuye el chance de tener relaciones sexuales”.

¿Tendrá credibilidad un estudio patrocinado por la Procuraduría, entidad cuya máxima directiva ha demostrado ir en contra de los derechos sexuales y reproductivos y que ha intentado imponer, camuflándola en jurisprudencia, su visión de mundo?

¿Podrá tenerse en cuenta un documento presentado por una Universidad que, en contra de muchas realidades, aún insiste en que la estructura familiar “adecuada” solamente es la que consta de papá y mamá y que señala que los jóvenes deben tener vida sexual después de la bendición de un sacerdote?

Nadie discute que quien ingresa a la Universidad de La Sabana sabe a qué atenerse, pero de ahí a que intenten hacer de su “filosofía de vida” una política pública hay un largo camino.

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