Por qué el matrimonio entre personas del mismo sexo

12 países han aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Qué dirán los senadores colombianos cuando, próximamente, discutan el proyecto de ley sobre el tema?

El matrimonio igualitario no atenta contra el heterosexual. Se trata, simplemente, de garantizarles sus derechos a una población.

“¿Por qué molestan tanto los homosexuales?” Es una pregunta frecuente. Quienes acostumbran formularla, generalmente también la responden de la siguiente manera: si desde 2007 la Corte Constitucional de Colombia estipuló la “unión marital de hecho” -lo que les garantiza a las parejas del mismo sexo prácticamente los mismos derechos que los de las heterosexuales que conviven- ¿por qué insisten tanto con el tema del matrimonio?

Mediante diversas sentencias, la Corte ha señalado que, al igual que las personas heterosexuales, las homosexuales tienen derecho a afiliar a su pareja a salud y cuentan con el beneficio de la pensión. Entonces, agregan unos más: “¿por qué quieren más?”.

Otros se preocupan de que, en pleno año pre-electoral, los homosexuales incomoden a los congresistas con un proyecto de ley de matrimonio entre parejas del mismo sexo que, claramente, le disgusta a la mayoría de colombianos.

Para el senador Armando Benedetti, autor y ponente del proyecto sobre el tema actualmente en trámite en el Congreso, es un hecho que decidir sobre asuntos tan sensibles y polémicos les implica riesgos políticos y electorales a senadores y representantes a la cámara.

“Si la Corte Constitucional les ha otorgado protección y reconocimiento, ¿por qué algunas lesbianas y homosexuales luchan tanto por la palabra ‘matrimonio’? ¿Por qué no ceden en eso? ¿Por qué no conformarse con la “unión marital de hecho”? Finalmente, ya está estipulado que el matrimonio es una institución exclusiva para parejas conformadas por un hombre y una mujer”, dicen algunos más.

Al respecto, Angélica Lozano, concejal de Bogotá, responde: “al mismo amor, los mismos derechos y con el mismo nombre. No da igual si se deja o se quita la palabra ‘matrimonio’. En cualquier lugar del mundo, cuando una persona le dice a otra que está casada, el significado es inequívoco”.

Para David Razú, alcalde de una localidad en Ciudad de México y uno de los gestores del matrimonio igualitario (como también se le conoce a este proyecto de ley) en el D.F., no solamente es importante sino esencial luchar por la palabra ‘matrimonio’.

“No está mal hablar de ‘unión marital de hecho’, el ‘pero’ radica en destinar una institución para unos y otra para otros, teniendo en cuenta solamente algunas de sus características particulares como la orientación sexual”, completa Razú.

Los mismos impuestos

Las personas homosexuales no tienen una tarifa preferencial a la hora de pagar sus impuestos. En este tema, como en tantos otros, no se tiene en cuenta si se sienten atraídos por hombres o por mujeres. Entonces, “¿por qué tendrían que tener un régimen diferente para casarse?”,  pregunta Razú.

Tampoco puede esperarse que el matrimonio para parejas del mismo sexo sea aprobado hasta que la mayoría de colombianos esté de acuerdo con el tema. “No es lógico preguntarle a la gente qué opina de que un hombre se case con un hombre o una mujer con una mujer: la sociedad no tiene porqué decidir sobre asuntos de la esfera íntima que no afectan a terceros”, afirma Razú.

Aunque algunos conservadores y grupos religiosos insistan en que el matrimonio entre parejas del mismo sexo debe ser un asunto decidido por las mayorías, es obligación de la democracia impedir que las minorías (en este caso homosexuales y lesbianas) sean pisoteadas.

Así como no se esperó a que las mayorías dijeran: “vamos a abolir la esclavitud o a darle el voto a la mujer”, tampoco se puede hacer lo mismo frente a este tema.

Los argumentos que 200 años atrás se escucharon en contra de la libertad de los afrodescendientes, son los mismos que actualmente utilizan algunos congresistas para oponerse al matrimonio entre personas del mismo sexo: “Dios así lo manda” o “no es lo natural”, entre otros.

Según el senador Benedetti, la misma Iglesia Católica que años atrás condenó al que dijo que la Tierra era redonda o a quien afirmó que giraba alrededor del Sol, es la que actualmente se opone a este proyecto de ley en un país laico.

Adicionalmente, el Artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, señala que todas las personas tienen derecho a casarse. Así que en este proyecto de ley, más allá de discutir si las personas homosexuales pueden o no casarse, lo que está en juego es el concepto de igualdad y de dignidad humana.

De lo que se está hablando es de democracia, algo que les compete a todos los colombianos, independiente de su orientación sexual. “Detrás de este tema, no está el sector LGBT sino toda la sociedad, porque se trata de conocer cómo ve el Estado a su ciudadanía y cuál es su concepto de igualdad”, señala Razú.

¿Estado homofóbico?

Si las características de una persona limitan sus derechos, sería un Estado discriminador. En últimas, el proyecto de ley no se refiere a homosexuales sino a personas. “Habla de la principal aspiración de cualquier Estado democrático: garantizarles los mismos derechos a todos sus ciudadanos”, afirma Razú.

Mantener el matrimonio como una “piedra preciosa” que solo pueden tocar los heterosexuales, envía el mensaje de que eso es lo correcto y de que todo lo que sea distinto requiere de un régimen especial. “¿Y cómo puede un Estado invitar a sus ciudadanos a no discriminar cuando sus instituciones lo hacen?”, dice Razú.

La sentencia C – 577 de 2011 proferida por la Corte Constitucional establece que las parejas del mismo sexo son familia. De hecho, recientemente ésta así se lo reiteró a Alejandro Ordóñez, procurador general de la nación. También reconoce que necesitan mayor protección. Y las uniones de hecho nos les otorgan la que requieren.

El país ha contado con la suerte de tener, en algún momento de su historia, una Corte Constitucional conformada por personas de talante liberal y progresista. Sin embargo, en el último período han sido elegidos integrantes conservadores.

Para la concejal Angélica Lozano, esta “nueva” Corte tiene procesos detenidos sin razón alguna. Está, por ejemplo, el caso de las mamás lesbianas de Medellín (en el que la pareja de la mamá biológica de dos niños quiere adoptarlos). “Es evidente que están haciendo tiempo para que llegue un magistrado conservador que asegure las mayorías para hundir las posibilidades de reconocimiento de derechos”, afirma Lozano.

A finales del año pasado, la Comisión Primera del Senado aprobó en primer debate el proyecto de ley de matrimonio entre parejas del mismo sexo presentado por el senador Benedetii. “Esto fue así porque, a pesar de que la sentencia C- 577 señala que el Artículo 42 de la Constitución no excluye del concepto de familia a las conformadas por parejas del mismo sexo, le sugirió al Congreso, en un acto de cobardía, legislar sobre el tema antes del 20 de junio de 2013”, afirma el senador.

Y de no hacerlo, las parejas homosexuales van a quedarse con lo que ya tienen: “unión marital de hecho”, no con matrimonio.

El problema con el hecho de que el Congreso tenga que legislar sobre el tema es que, históricamente, esta corporación le ha dado la espalda al tema. En 2007, por ejemplo, una ley que otorgaba igualdad patrimonial y seguridad social a las parejas del mismo sexo se hundió en el trámite de conciliación en las dos cámaras. “En un  paso  administrativo, en una formalidad”, afirma Lozano.

“Yo no me casaré”

No obstante, en otra orilla de la discusión, están algunos activistas y personas LGBTI que consideran que no vale la pena pelear por el matrimonio porque esta es una institución anacrónica, mandada a recoger y discriminadora por excelencia.

“No solamente las personas homosexuales han sido excluidas sino que, en su momento, los esclavos no podían casarse porque no eran libres ni blancos”, explica Pedro Zerolo, concejal del ayuntamiento de Madrid (España) y miembro de la junta directiva del Partido Socialista Obrero de España.

Sin embargo, mientras exista, el matrimonio debe ser una institución abierta a todo aquel que quiera contraerlo, independiente de su orientación sexual. “La lucha de los sectores LGBTI no ha sido principalmente por casarse, sino por la igualdad y por ver reconocida su dignidad. Una vez el proyecto sea aprobado, cada quien verá si se casa o no”, dice Zerolo.

Además, una manera de enfrentar la discriminación es garantizando los mismos derechos. “Todavía hay quienes piensan que si hay personas que no tienen los mismos que otros, por algo será. Y esto desencadena odio”, asegura Zerolo.

En Latinoamérica se suele decir que difícilmente proyectos de ley como este son aprobados porque “son sociedades muy conservadoras”. Y según Zerolo, esta creencia es fruto de la baja autoestima de algunos países. “Se piensa que los grandes avances y luchas son propias de otros pueblos y sociedades y nunca nuestras. Sin embargo, Argentina y Uruguay fueron de los primeros países del mundo en regular la ley de divorcio y la interrupción voluntaria del embarazo”.

Muchas veces se dijo que el matrimonio igualitario jamás tendría lugar en España. “Y allí no solamente se aprobó sino que también se dio paso a una ley de identidad de género que reconoce la dignidad de las personas transexuales. Además, se reformó la ley de técnicas de reproducción asistida para facilitar la maternidad de mujeres lesbianas o bisexuales”, agrega Zerolo.

También se hizo un reconocimiento moral y económico a las personas que durante la dictadura franquista (1939 – 1975), ingresaron a prisión por ser homosexuales o transexuales. “Vengo de un país donde por ser homosexual una persona era llevada a prisión e intentada rehabilitar”, afirma.

Después de España, se sumaron al reconocimiento de derechos Portugal, Ciudad de México, Argentina y Uruguay, entre otros. En Brasil ya se presentó el proyecto de ley y, en Francia e Inglaterra, está a punto de aprobarse. En ocho países el tema está en discusión. De los 193 miembros de la Organización de las Naciones Unidas, 12 estados ya conceden a las parejas homosexuales los mismos derechos que las heterosexuales.

Sigue Colombia

Ahora es el turno de Colombia. Para lograrlo, se puede apelar a las diferentes herramientas que la constitución ofrece. Están, entre otros, el Artículo 1 que habla de la dignidad humana, el Artículo 15 que se refiere a la no discriminación, el 13 establece que todas las personas nacen libres e iguales ante la ley y, el 16, se refiere al derecho al libre desarrollo de la personalidad, la base para no discriminar por conductas personales.

Es ahora cuando el país requiere de todo el apoyo de los diferentes movimientos de la sociedad civil. “Los de liberación racial, obreros y feministas, son los que han cambiado el mundo al reconocer la dignidad de las personas y al modificar la relación entre Estado y ciudadanía”, completa Razú.

¿O no existen ahora sociedades más justas con el hecho de que las mujeres tengan derecho a votar? Y el movimiento fue generado por mujeres a quienes se les fueron sumando aliados de todos los sectores.

Si el siglo XIX fue el de la lucha contra la esclavitud y el XX el de la revolución de las mujeres -con procesos aún en curso- este siglo, propone la concejal Lozano, debe ser el de las personas diversas sexualmente. “Esto no se consigue con una ley, pero es un paso indispensable”.

Ojalá en pocos años, agrega, sea posible mirar hacia atrás y decir “absurdo que hace un tiempo las parejas del mismo sexo no pudieran casarse”, tal cual como hoy se dice: “increíble que hace 100 años las mujeres no pudieran ir a la universidad, votar o ser titulares de bienes”.

Hace tres años se llevaron a cabo en México los primeros matrimonios del mismo sexo. “Y la gente se sigue reproduciendo y la especie no está en riesgo de desaparición. Es más, está creciendo a un ritmo preocupante. Tampoco se empezaron a casar los animales entre sí, ni humanos con animales. El único cambio que tuvo lugar es que la sociedad es hoy más sólida que antes y mucho más respetuosa de la diferencia”, enfatiza Razú.

El pronóstico del proyecto de ley que busca aprobar el matrimonio entre parejas del mismo sexo en Colombia es reservado. Las presiones de los sectores conservadores y grupos religiosos son las responsables de esto. Sin embargo, así como el mundo avanza hacia el reconocimiento total de los derechos de las personas homosexuales, más temprano que tarde, será el turno de Colombia.

Finalmente, las familias conformadas por parejas del mismo sexo están y estarán, cada vez más visibles, por todas partes.

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