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“¿Por qué no me había dicho que Diana era su pareja?”

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.

La amistad está construida con lo que se habla y con lo que se calla. Me niego a creer que este vínculo se fundamente en la cantidad de información que se comparta.

Por: Ana Z*

como salir del closet con los amigos
Así suene cliché, estoy convencida de que uno quiere a sus amigos como son, con sus silencios incluidos. Ilustración: Alterna.

“¿Usted por qué no me había dicho que Diana era su pareja?”, me preguntó Martha, una excompañera de universidad a quien conozco desde hace algunos años.

Me lo dijo hace unos días, en medio de la oscuridad y del silencio, cuando me llevaba de regreso a mi casa después de pasar una tarde con otras amigas. Según me explicó, una persona le había confirmado lo que mucha gente califica de “chisme bomba”.

Me sorprendió tanto su pregunta que solo atiné a responderle frases sueltas e inconexas entre sí. Recuerdo haber pronunciado: “personalidad”, “forma de ser”, “no se me ocurrió”… No tenía un discurso preparado, pero apenas me bajé de su carro me recriminé por no haber dicho tal cosa o tal otra.

Me habría gustado responderle que si no se lo había dicho, a pesar de que nos hablamos y vemos con cierta frecuencia, era motivo suficiente para que no me lo preguntara. Por alguna razón, la que fuera, no quería decírselo. O, al menos, por ahora.

Para mí, la amistad está construida con lo que se habla y con lo que se calla. Los silencios también comunican. Yo había decidido no revelarle esa información a ella y no por eso me siento mejor o peor amiga.

No sé si Martha me ha contado todos los detalles de su vida. Lo que sí sé es que me siento bien con lo que ella ha decidido confiarme y estoy dispuesta a escucharla en lo que considere conveniente. También respeto lo que, por la razón que sea, prefiera no compartir conmigo o hacerlo solamente con otras personas.

Uno de sus reclamos era que si supuestamente somos amigas, yo debería confiarle información de ese “calibre”. Yo me pregunto por qué. “Porque es una muestra de confianza, honestidad y amistad”, me dirán ella y otras tantas personas.

Yo tengo un amigo que desde que lo conozco, hace muchos años, la gente me ha dicho que es gay. Sin embargo, él no me lo ha confirmado, nunca me ha hablado de novios ni de novias. Y está en su derecho. Él decidirá qué información quiere compartirme y cuál no y yo lo sigo apreciando de igual manera.

El derecho a la intimidad en la amistad

Para mí el derecho a la intimidad no se altera por el título de “amigos”. No creo que una amistad se fundamente en el número de confidencias que se haga o en la cantidad de información que se comparta. No creo que sea menos amiga de Martha porque no le haya dicho que tengo una pareja del mismo sexo.

En cambio, cuando ella me presionó para que se lo confirmara, me sentí obligada a abordar un tema que no quería tratar con ella. O al menos no por ahora.

Entiendo que ella lo haya hecho por cariño o porque no quería quedarse con eso guardado, pero lo que más molesta de todo esto es el aura de “confesión” que acompaña episodios como este. En este caso fue la noche, el silencio de su carro y la frase con la que inició la conversación: “¿puedo preguntarle algo?”

Si Martha se hubiera enterado por otra persona que estoy saliendo con un chico, seguramente en cualquier encuentro me habría dicho sin tanto misterio: “ututuy, me contaron que anda saliendo con Jorge” .

Algo me dice que mucha gente cree que cuando la orientación sexual no es heterosexual se tiene la obligación de “revelarlo” en medio de una conversación que empiece así: “tengo que confesarles algo”, acompañada de una cara de tristeza o tragedia.

Si Martha tenía la certeza -alguien se lo confirmó- de que tengo una relación con Diana, habría podido empezar a preguntarme más por ella o a invitarnos juntas a planes, pero ¿por qué la obligación de contárselo? ¿Por qué la idea de que si a uno le atraen las personas del mismo sexo, debe “confesarlo”?

¿Por qué si evidentemente es un tema que, por la razón que sea, no quería abordar con ella, o al menos no a manera de “confesión”, Martha considera que he debido hacerlo? Y como no opté por esto, entonces me presionó para que lo hiciera.

Me niego a creer que la respuesta sea “porque somos amigas”. Si en realidad lo somos, así suene cliché, uno quiere a sus amigos como son, con sus silencios incluidos.

*Lectora y colaboradora ocasional de Sentiido.

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