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Por qué #MeGustanTrans

La opinión de los/las lectores/as y colaboradores/as es personal y no compromete necesariamente la opinión de Sentiido ni de institución alguna.

Esta campaña busca hacer público lo que nuestras parejas nos dicen a escondidas, soltar los nudos en la garganta y exigir el lugar que las personas trans nos merecemos. No es justo que el amor siga siendo un secreto o motivo de vergüenza.

Por: @matigonzalezgil

Por qué #MeGustanTrans
Queremos que la campaña #MeGustanTrans deje de ser de Sentiido o mía. Quien quiera unirse, en cualquier parte del mundo, que lo haga, sin pedir permiso.

#MeGustanTrans es una campaña que empezamos con Sentiido para iniciar una conversación que considerábamos ausente: No existen muchas parejas visibles de personas trans, ni referentes de estas relaciones en películas, series, farándula o política.

Esto hace que sintamos que nuestras relaciones son excepcionales o que no somos dignas ser amadas en público. (Ver: #MeGustanTrans 1: “Me enamoré de una mujer trans”).

El nombre surgió de una estrategia simple: comunicar un mensaje opuesto a un imaginario predominante. Por ejemplo, cuando los amigos del trabajo se dan cuenta de que un compañero salió o tuvo sexo con una persona trans, es frecuente escuchar chistes y comentarios burlones a manera de castigo.

“Hay quienes buscan crear culpa y vergüenza en nuestras parejas para no incentivar sus relaciones con nosotras”.

El mensaje detrás de estas sanciones sociales es que a la gente “no pueden gustarle las personas trans”. Que somos indeseables y que es ilegítimo que alguien se fije en nosotras. (Ver: Diferentes formas de ser transgénero). 

Los efectos de estas ideas son devastadores para las personas trans y para quienes quieren tener sexo o están en una relación con nosotras.

Decir que no podemos gustarle a nadie puede, incluso, estar relacionado con los ataques contra las personas trans, que han sido llamados de forma cínica en los escenarios legales “defensa por el pánico trans”.

Consiste en argumentar que los agresores no sabían que la persona con la que iban a tener sexo era trans. En muchos contextos, esto ha sido utilizado para reducir penas y hasta para dejar en libertad a presuntos agresores.

No creemos que las personas trans somos deseables y regias por el hecho de serlo, sino que cuando alguien se fija en nosotras lo hace “a pesar” de ser trans.

“Pensar que es increíble que alguien se fije en nosotras podría motivar y justificar ataques transfóbicos”.

No contar con un contramensaje de este prejuicio implica que muchas veces nuestras parejas se sientan aisladas con respecto a sus experiencias sexuales y afectivas. (Ver: Chao prejuicios).

Con frecuencia nos preguntan después de tener sexo si son las únicas en el mundo o se quejan de no tener con quien hablar sobre sus relaciones con nosotras. (Ver: #MeGustanTrans 2: Cómo tienen sexo y otras preguntas extrañas).

Existe una cultura del secretismo: “te amo con todo mi corazón, pero nadie puede saber de lo nuestro”. Se mantiene oculto algo que debería poder manifestarse.

“Queremos promover que el amor y el deseo se griten con orgullo y no se oculten con culpa y vergüenza”.

En una columna que escribí para Vice, cité las siguientes palabras de la activista trans Lohanna Berkins (1965 – 2016) que resumen la motivación de #MeGustanTrans: “Si acaso alguien me amara… Quisiera, con toda mi alma, que ese revolucionario fuera capaz de sentir y gritar a los cuatro vientos: ¡Amo a una travesti!“.

Esta campaña también es una forma de sacar mis relaciones del cuarto oscuro al que parecen estar condenadas. Una forma de sanación que no pone en mí toda la responsabilidad de mi dolor, sino que la comparte con quienes me han hecho daño, muchas veces de forma involuntaria.

Me mamé de que me escondan. Quiero que me tomen de la mano en público, ir al matrimonio de la hermana, al almuerzo familiar, al paseo con los amigos y al grado de la universidad. (Ver: #MeGustanTrans 3: Historias en voz alta).

“Quiero robarle un beso a mi novio en una fiesta sin temor de que con este gesto pueda hacerle daño”.

Quiero poner mis emociones y sentimientos en el centro de mis relaciones y dejar de poner las prioridades de mis parejas (como las posibles consecuencias sociales de tener una pareja trans) sobre las mías. Yo también importo.

Quiero escuchar menos palabras de amor y ver el amor en acciones. Quiero que me dejen de pintar pajaritos en el aire y que después me salgan con un chorro de babas. Si me quieren, que me lo demuestren.

Me ha hecho daño que mis parejas justifiquen mantenerme en la clandestinidad. He intentado entenderlos y muchas veces comprendo que para ellos es difícil. Pero me niego a creer que no hay una solución o que no hay forma de transformar mi realidad.

Recordé cuando me di cuenta de que a mí me gustaban los manes -en ese entonces me identificaba como un hombre gay- y me puse a pensar qué me ayudó a dejar de sentirme anormal, triste y sola.

Lo que más me sirvió fue encontrar otras personas como yo que no se avergonzaban de lo que sentían. Encontrar narrativas similares me despertó una sensación de identificación que me hacía sentir menos sola.

También me di cuenta de que no tenía por qué esconder mi forma de desear ni de amar. Ahí surgió uno de los objetivos de esta campaña: si incentivamos a las personas a hablar de su experiencia, tal vez podamos reducir el sentimiento de aislamiento de otros.

Pero esta iniciativa también proviene del amor. Si este incluye cuidar y respetar al otro, implica pensar en su bienestar con solidaridad. Esta campaña ha hecho que muchas personas digan #MeGustanTrans. Este era nuestro objetivo.

En realidad tomamos un riesgo. Yo no creía que fueran a llegar más de tres vídeos y dudé de que fueran a mandar columnas de opinión (a pesar de que se las pedí a diferentes personas).

Pero parece que nuestras parejas también se mamaron de amarnos en secreto y se rebelaron: Nos llegaron muchas más experiencias de las que esperábamos.

“Muchas personas antes de mandarnos sus vídeos decían que sentían nervios y después de enviarlos, que se sentían liberadas”.

Queremos que la campaña deje de ser de Sentiido y mía. Quien quiera unirse en cualquier parte del mundo (participaron personas y organizaciones de República Dominicana, Perú, Ecuador, Dinamarca y Brasil) que lo haga, sin pedir permiso.

También creemos que ya la campaña cumplió nuestras expectativas. Cada vez que alguien dice públicamente #MeGustanTrans hay un cambio en la forma en que discutimos sobre el amor y el sexo de las personas trans.

Esto para decir que aunque han sido muchos los mensajes, no los suficientes. Queremos seguir gritándole al mundo que está bien sentirse atraído por personas trans hasta que suene irrelevante. Aún no lo es.

Aún suena raro, fuera de lo común, valiente y revolucionario. Queremos que amar o sentirse atraído por las personas trans no sea noticia sino algo cotidiano.

Esta campaña se trata del poder de las palabras, de soltar los nudos en la garganta y de exigirle al mundo el lugar que las personas trans nos merecemos. Es injusto que el amor siga siendo un privilegio.

No queremos que la gente diga por qué le gustan trans. Queremos que digan #MeGustanTrans así, sin explicaciones.

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