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Por sus obras les conoceréis

Abogada, experta en Derechos Sexuales y Reproductivos. Activista feminista por la no violencia contra las mujeres y por la igualdad de derechos LGBT. |La opinión de los colaboradores es personal y no compromete a Sentiido ni a institución alguna|

No es sensato confiar ciegamente en el Vaticano. Decir que los homosexuales tienen dones y cualidades es tan trascendental e intrascendente a la vez, como decir que nadie es quién para juzgarlos.

que dice el papa sobre ser gay
Recién empezaba su papado, Francisco pronunció una frase que fue replicada con entusiasmo: “¿Quién soy yo para juzgar a los homosexuales?”. Foto: Ronaldo Correa.

El papa Francisco sigue dando de qué hablar en el camino que parece haberse fijado de acercar a la iglesia católica al siglo XXI. Está haciendo una tarea interesante y como católica no puedo dejar de sentir una cierta esperanza. Pero es una esperanza en actitud crítica, o más bien escéptica.

No es sensato confiar ciegamente y menos con semejante mezcla de intereses políticos y económicos que se mueven en el Vaticano; ese estado independiente, de 44 hectáreas de extensión y menos de 1.000 ciudadanos registrados (solo un 20% mujeres), que tiene voz en todas las instancias internacionales, incluidas las de Derechos Humanos.

A esas instancias ha llegado el Vaticano con gran diligencia, a oponerse a los derechos de gais y lesbianas y a bloquear sistemáticamente las iniciativas que tienen que ver con el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.

Para sostener esa agenda no ha tenido el menor pudor en votar en línea con países que contemplan en sus leyes la pena de muerte para los homosexuales, como ocurrió con la Declaración de la ONU sobre orientación sexual e identidad de género en 2008.

Recién empezaba su papado, Francisco lanzó una frase que fue replicada con entusiasmo: “¿Quién soy yo para juzgar a los homosexuales?” Y ahora que se conoce uno de los primeros documentos preparatorios del Sínodo sobre la Familia, vuelven los delirantes entusiasmos porque este dice una completa obviedad: “Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana”.

No hay que negar que son hechos importantes, más en una institución como el Vaticano que, por poner un ejemplo, tardó 400 años en pedir perdón por haber quemado en la hoguera a Giordano Bruno (acusado de defender los postulados de Copérnico que decía que la tierra no era el centro del universo).

Así que podríamos decir que estos eventos, llevados a cabo o facilitados por Francisco, son avances importantes para haberlos hecho un solo papa en tan corto tiempo. Pero no es sano llamarse a engaño.

El documento, al tiempo que hace esas declaraciones, se cuida de enfatizar en un claro rechazo a la ideología de género: esa peligrosa posición política que pretende que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres y que reivindica la maternidad como opción y no como destino ineludible.

Rechaza también el matrimonio como un evento que pueda ocurrir entre dos seres distintos a un hombre y una mujer. Mientras tanto, calla convenientemente la obligación de que los católicos se acojan a las leyes de los países que reconocen el matrimonio igualitario como un derecho civil y no como un sacramento. En estos puntos no hay, ni habrá sorpresas.

Decir que los homosexuales tenemos dones y cualidades es tan trascendental y a la vez tan intrascendente, como decir que nadie es quién para juzgarnos. Es trascendental porque recupera el mensaje de Jesús, pero es intrascendente si no va acompañado de hechos reales y contundentes.

Las declaraciones y los documentos no tendrán ningún valor y no van a tener ningún sentido si no están acompañadas de cambios reales. El Vaticano tendrá que dar señales claras, cambiar por ejemplo el impresentable argumento de su defensa ante los casos de pederastia, que sostiene que esos hechos ocurren en clara relación con la homosexualidad de los agresores.

Deberá cambiar sus discursos para oponerse a la adopción por parte de homosexuales, discursos que han llegado al exceso de aducir que queremos adoptar para abusar sexualmente de los niños y niñas bajo nuestro cuidado. Un argumento que evidencia lo perdida que está esa iglesia de la realidad y que como dice el refrán: “el que las hace, se las imagina”.

Tanto dolor causado por siglos de rechazo, tanta miseria causada desde los púlpitos, alimentada con diligencia por fanáticos de todos los pelambres, debe ser rechazada desde la misma curia vaticana. Ese es el  verdadero reto de Francisco.

Solo si el Vaticano rechaza y desautoriza, de manera clara y enérgica, la gran cantidad de declaraciones que escuchamos en contra de la dignidad y los derechos de gais y lesbianas, podremos creer que realmente hay voluntad de cambio. Mientras eso no ocurra serán solo declaraciones para la tribuna.

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  • Mar Candela Castilla

    El papa despues de 2000 años descubrió que los homosexuales tienen dones y atributos para ofrecer a la comunidad cristiana e invita a que catolicos ” sean “capaces” Mejor dicho el reto de la vida , óigase bien ,CAPACES de darle a “esta gente” la “oportunidad ” de participar en sus comunidades se necesitan oportunidades socio politicas las religiosas no me angustian tantos, yo le digo a la iglesia catolica que “esta gente” no necesita la bienvenida en sus comunidades ,solo el respeto autentico a sus derechos, solo que desaparezcan sus discursos de odio y rechazo a los homosexuales, solo que reconozcan los millones de homosexuales y lesbianas que se esconden detrás de sus hábitos, y que acepten los crímenes de odio en sus comunidades que son de gran bagaje: desde la pederastia manifestada en violaciones de niños y niñas pasando por la discriminación de homosexuales y opresión a mujeres y todo tipo de manipulacion de la fe

    • Elizabeth Castillo

      Muchas deudas sin duda. No saldarán esos pendientes a punta de palabras. Se necesitan hechos.